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Anticristos: Sartre

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Jean-Paul Sartre, «quiso negar que era “hijo”» Al igual que el hombre moderno, que «quiere ser “sin padre y sin madre”» su filosofía elimina toda idea de dependencia.
La libertad, como autonomía absoluta, creadora, es la negación de la otredad, de la naturaleza, de Dios, niega la existencia de Dios y considera al hombre como dueño absoluto del bien y del mal; de la verdad y de la mentira concluyendo que la existencia se identifica con la libertad.
La teoría del espejo, dice que todo lo que nos duele, o nos molesta, nos señala las heridas que tenemos en el inconsciente. Al quedarse huérfano en su infancia, entró en su casa un padrastro, el nuevo marido de su madre.

«El infierno son los otros.»

Según Sartre la existencia precede a la esencia, lo que significa que, primeramente existe el ser humano (ej.: aparece en escena) y solo después se define a sí mismo y muerto el idealismo moderno, ni dictamina ni determina a priori al hombre.
Esa es la libertad de Sartre.
El sistema sartriano es una rebelión contra Dios. Para él, Dios no es más que una idea insoportable, atormentadora contra la que hay que rebelarse si no queremos esclavizarnos. Lo considera como a un rival. Su orgullo no tiene igual.
Enfermo por su consumo de alcohol (que le habia dejado ciego), tabaco y otras drogas (coridrina, mezcalina, etc.), murió en un hospital, con problemas de circulación de la sangre, con dolores atroces en las piernas y edema pulmonar, podía vérsele llevar, cuando se paraba a caminar, una bolsa de plástico llena de orina que colgaba de su entrepierna. Sartre orinaba, pero no eliminaba la urea. La falta de circulación sanguínea hizo que la gangrena le invadiera el cuerpo y que las escaras o costras lo cubriera todo y le dieran un aspecto repugnante, que al mismo tiempo lo hacía sufrir a causa de las constantes curaciones a que era sometido.Al orgulloso Sarte durante su ultimo año de vida babeaba y se le chorreaba la comida de la boca.

Se cuenta que los médicos tuvieron que mentirle a Simone de Beauvoir que no aceptaba la muerte, para que lo soltara.
Jean Paul Sartre siempre vivió como un consentido y ególatra, por una especie de complejo de inferioridad, buscó refugio en las mujeres y lo encontró en Simone de Beauvoir,este par vivió su relación como paradigma de libertad y modelo de ruptura con las formas de vida tradicionales. Se trataron de usted durante más de 50 años, nunca vivieron juntos, se negaron a contraer matrimonio y tener hijos, es conocida la liberalidad con la que ambos aceptaban que el otro miembro de la pareja mantuviera relaciones con terceras personas,practicaron la poligamia, es decir, mantuvieron relaciones sexuales con varias parejas mientras estaban juntos.

Un ejemplo sacado del segundo tomo de Les chemins de la liberté, mostrará cómo representa Sartre las relaciones entre el hombre y Dios:
Daniel es un «seguidor» de Corydon; y lo sabe. En lugar de asumir libremente lo que es, prefiere no encararse consigo mismo; encuentra más cómodo exonerarse de su responsabilidad. Entonces se vuelve hacia Dios; se imagina «una mirada que le mira» (pensemos en «la mirada medusea»). Dios es «un ojo que le mira»; bajo la fijeza de esta mirada, Daniel se siente devenir «una cosa», un «en-sí», un objeto; bajo esta mirada se ve enteramente identificado con su vicio, pues Dios dice que Daniel «ES» un descarriado. En el mismo momento, explica Sartre, Daniel se ve liberado y exonerado de la responsabilidad de su vicio: convertido en «cosa» bajo la mirada del «otro» (Dios), deja de ser responsable de ser un extraviado, como tampoco la mesa es responsable de ser una mesa bajo la mirada del hombre. Liberado de sí mismo, Daniel escribe a Mathieu para comunicarle su «conversión».

Inútil negar que muy frecuentemente tal es la manera que tenemos de comportarnos: cuando decimos a un amigo: «Qué quieres que haga; soy así, hay que tomarme como soy», lo que hacemos es tratar de reducir nuestras debilidades a una fatalidad que no seríamos nosotros, que nos sería como algo externo. He ahí un ejemplo de mala fe, y por desgracia, muy frecuente. Pero si tal comportamiento es posible y hasta frecuente en la comedia humana, ¿a quién se le hará creer que la actitud de Daniel en presencia de Dios no es otra cosa más que una caricatura abominable del arrepentimiento cristiano?

Cuando el hombre se vuelve hacia Dios desde el seno de su pecado, la mirada que encuentra no es esa «mirada medusea» que le petrifica y le libera vergonzosamente de su responsabilidad. Sartre blasfema cuando da a entender que Daniel va a convertirse a la fe cristiana. Ningún cristiano admitirá que el arrepentirse de una falta, bajo la mirada de Dios, equivale a tratar de descargarse del peso de esta falta diciendo a Dios: «Ya ves, soy así; no soy responsable.» Podemos intentar engañar así a los otros hombres; pero hasta el creyente más tibio sabe bien que la «mirada de Dios» es una mirada de amor; lejos de dejarnos clavados, petrificados, es una llamada, un lancetazo, que penetra hasta la juntura del alma y del espíritu, para devolvernos el sentimiento de nuestra responsabilidad, para despertar en nosotros una libertad muerta en el pecado.

http://www.mercaba.org/Filosofia/Teologia/ateismo_de_jean_paul_sartre.htm

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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