La antropología naturalista; es la concepción de un Dios lejano que no interviene en el mundo del hombre. O no existe.
Antropología (significa conocimiento) exalta lo “natural” en el hombre, excluyendo de dicha naturaleza la religión. Ahora bien, el que se queda en esa interpretación de la naturaleza humana no sólo desconoce a Dios, sino también la moral, porque ésta es el desarrollo de la naturaleza. Como la moral es la condición de posibilidad de la cultura, hoy en día el naturalismo se opone también a lo cultural.
El término naturalismo, del latín naturalis, es usado para denominar las corrientes filosóficas que consideran a la naturaleza como el principio humanitario y excluye cualquier otra explicación ajena a agentes meramente “fantasmagóricos”. Propone la renovación de la teología y de la Iglesia. Objetivo: abandono de la teología y sustitución por la antropología.
Lo que está en pugna con la teología católica y las enseñanzas auténticas de la Iglesia.
Se ha buscado una teología que justifique la adaptación de la Iglesia al mundo, de lo sobrenatural a lo natural, que ha abierto los caminos a los pecados contra la fe, a la herejía y a la apostasía, que propone una “renovación de la vida religiosa” que conduce al abandono de la vida religiosa.
Los pecados contra la fe no son todos iguales, pero todos se agrupan dentro de lo que se denomina infidelidad, que son la herejía y la apostasía; la blasfemia contra el acto externo de confesión de la fe.
La herejía quiere otra iglesia; la apostasía no quiere ninguna. Por eso muchos sacerdotes han dejado la iglesia arrastrados por progresismo católico, la exégesis y la teología “adaptadas al mundo de hoy” explicadas por la antropología naturista, llevan a la herejía, es la interpretación privada de la Escritura o la negación de ella.
Las tentativas de reducir la teología a una antropología, el relativismo teológico o la confusión de lo natural y sobrenatural son la herejía.
La iniciación a la apostasía, es la apología de la “libertad” como el valor absoluto del hombre.
“El conocimiento falso de Dios, no acerca sino que aleja más al hombre de Él; y no podemos decir que conoce algo de Dios el que tiene de Él una opinión falsa, porque eso que él piensa no es Dios. En consecuencia consta claro que el pecado de infidelidad es el mayor de cuantos pervierten la vida moral” (Summa teológica II-II, 10,3)
“El más grande pecado es la incredulidad organizada, el establecer programas ateos y el sostenimiento del sistema ateo, por los medios administrativos y los dineros públicos” Cardenal Wyszynski

