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El Juicio

“En el Juicio Final Jesucristo no nos va a juzgar; sino que será nuestro abogado”, seguía repitiendo Urogario Barjuda a todo atolondrado que lo quisiera escuchar.

A pesar que por 2 mil años, en el credo, se ha sentenciado que; “Cristo ha de venir “a juzgar a vivos y a muertos”.

El Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió. […] En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, resucitarán para ser condenados. (Jn 5, 22.25-29)

El Catecismo Romano nos recuerda que todos los hombres habremos de comparecer dos veces delante del Señor para dar cuenta de todos y cada uno de nuestros pensamientos, palabras y acciones, y para escuchar su sentencia de Juez. […] la primera es el juicio particular. El segundo será el juicio universal. En un mismo día y en un mismo lugar compareceremos todos ante el tribunal divino, y todos y cada uno, en presencia de los hombres de todos los siglos, conoceremos nuestra propia y eterna sentencia. Y no será ésta la menor de las penas y tormentos para los impíos y malvados. Sino el infierno.

Los justos, en cambio, recibirán entonces gran premio y alegría, porque entonces aparecerá lo que fue cada uno en esta vida. […] Porque, si bien es cierto que la potestad de juzgar es común a las tres Personas de la Santísima Trinidad. El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo vendrá en la gloria para juzgar a vivos y muertos y llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal que, como el trigo y la cizaña, habrán crecido juntos en el curso de la historia. (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 681)

San Agustín de Hipona enseñaba; Pues bien, hermanos, porque tengamos un período de misericordia, no nos abandonemos, no seamos unos aprovechados, y nos digamos: “Dios siempre perdona. Hice ayer esto, y me perdonó; mañana lo haré y también me perdonará”.

Sabe que Dios te perdona para que te corrijas, no para que permanezcas en la iniquidad. No quieras atesorar ira para el día de la ira, y de la manifestación del justo juicio de Dios. Comentario al Salmo 100.

El que murió por nosotros se mostrará para juzgar a toda la humana naturaleza. Porque: “Abolido ya el pecado, se manifestará por segunda vez para glorificación de los que aguardan su advenimiento y condenación de los detractores. San Juan Crisóstomo. Homilía 39

Congregación para el Clero sentencia que; “No es lícito disminuir la grave responsabilidad de cada uno con respecto a su suerte futura. La catequesis no puede callar ni el juicio particular después de la muerte, ni las penas expiatorias del purgatorio, ni la triste y luctuosa realidad de la muerte eterna, ni el juicio final. Ni la realidad del infierno.

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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