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Iglesia y Democracia

La palabra democracia deriva de dos raíces griegas: demos, es decir pueblo, y kratein, que significa gobernar, el gobierno del pueblo, en Atenas, las bases fundamentales de la democracia fueron sentadas, según Clístenes, por el uso de la palabra igualdad.

Socrates fue condenado a la cicuta, por advertir del peligro de la democracia, que se convierte en el gobierno del populista o demagogo, el mentiroso y el ladrón. Critias el más ladrón y violento, y Alcibíades, el más disoluto e insolente, querían que todo se hiciera por mediación de ellos y llegar a ser más famosos que nadie. Esto destruyó a Grecia.

La Iglesia de Dios tiene un combate histórico con los principios de la democracia, hija de la revolución francesa, que habla de Libertad, Fraternidad e Igualdad y describe los ideales de una identidad nueva: la ciudadanía. El individuo pasa de ser parroquiano a ciudadano, ya no se es cristiano, se es camarada.

El liberalismo, primero protestante nació en Inglaterra y se desarrolló como un sistema político o una tendencia que se oponía a la centralización y la verdad natural de los mandamientos. El libre examen.

Su principio fundamental era la libertad absoluta e irrestricta de pensamiento, religión, conciencia, opinión, palabra, prensa y política. Los pastores que lo impulsaron se disfrazaron de filósofos.

Ya no solo es libre interpretación de la palabra, sino de la Ley de Dios.

La iglesia en respuesta imprimió el Index, de libros herejes, que advertía a los fieles sobre los errores que circulaban por el mundo.

La iglesia advirtió que el liberalismo es pecado, excomulgó a los comunistas y prohibió el modernismo, la madre de todas las herejías y la teología de la liberación, de corte, ya no liberal, sino comunista…

El papa Leon XIII, denuncio que la democracia aspiraba el control de los gobiernos civiles, sobre los individuos y la familia, lo que contradice las virtudes del gobierno democrático. Según sus palabras, «la pretensión, de que el gobierno pueda penetrar, según su albedrío, en la familia y el hogar y ejercer un control sobre su intimidad es un error grave y pernicioso”.

Que se materializó con el control natal, y luego el aborto, el divorcio, la eutanasia y ahora el transhumanismo.

Es decir que el estado controla la familia y no Dios y tergiversa la verdad, de que matar es un crimen.

De la misma manera, León XIII subrayó que el derecho a la propiedad es un derecho natural inalienable del individuo y la familia. Mientras el estado le expropia lentamente mediante impuestos confiscatorios.

Contra las propuestas del socialismo, León XIII afirma que la autoridad paternal no puede ser abolida ni absorbida por el Estado. A lo que el liberalismo contestó con el marxismo cultural, arrancando los hijos de sus familias con el lema del sexo libre y allí se acabó la familia.

Al arrebatarle a los padres el derecho de modelar el futuro y el destino de sus hijos según sus sueños.

El abuso de la libertad, transforma el libre mercado en una dictadura económica y lleva a la codicia del poder, echando al olvido a los pobres.

Pío XI nos recuerda que la concentración de poder, que es el signo característico de la vida económica contemporánea, es el fruto de la libertad ilimitada de luchar entre competidores. Creando pobres como nunca habían existido. La acumulación de poder en los ciudadanos o en los gobernantes del Estado. provoca tres clases de conflictos.

Primero, la lucha por la supremacía económica;

segundo, un conflicto tenaz por apoderarse del Estado, y

tercero, conflictos entre los estados. A veces propiciados por multinacionales que son mas ricas que los mismos estados.

Juan XXIII escribió que el individuo tiene derecho a la libertad, de investigar la verdad, en los límites del orden moral y el bien común y la libertad de escoger. A lo que el liberalismo contestó con la agnotología, la posverdad y la desinformación, las famosas fake news, que son mentiras pagadas. Para hacerse una idea, veamos la leyenda negra, pagada por Inglaterra contra España, la campaña publicitaria permanente más larga y antigua del mundo.

Juan Pablo II recuerda que la Iglesia debe dedicarse a la labor de educar y sostener a los laicos que se dediquen a legislar, gobernar y administrar la justicia, para que todas las legislaciones, deliberaciones y juicios reflejen siempre los principios y los valores morales del bien común.

A lo que el mundo responde con la sinodalidad, la democratización de la iglesia, para que se integre al mundo y se tomen decisiones democráticamente, respecto a las leyes de Dios.

  1. La Iglesia no desea el poder político en el sistema democrático, ni apoyar en él su acción pastoral y, por consiguiente, no entra en el juego de los partidos políticos.

Más aún, la Iglesia, se debe mantener en una actitud de independencia respecto a los distintos partidos políticos. A Dios lo que es de Dios y al cesar lo que es del Cesar.

¿Cuál es entonces la misión de la Iglesia en la vida política?

Dios desde el antiguo testamento lo advirtió, el pueblo debe ser regido por Jueces, no por Reyes o presidentes elegidos por cortos periodos. La Iglesia no se liga, en virtud de su misión y su naturaleza, a ninguna forma particular de cultura humana, a ningún sistema económico, político o social.

La iglesia es el deposito de la Fe y de los mandamientos, así, que ella dicta lo que es verdad y a partir de allí, son los sistemas los que deberían legislar para el bien común, pero ahora se han inventado que legislan en contra de la ley de Dios.

Asi que la Iglesia debe dar su juicio moral, sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de las personas, y corregir los desvíos de los gobernantes.

No somos libres solamente para salvarnos, sino también para condenarnos.

La iglesia, no puede operar como hacen los marxistas desplazando los valores absolutos de la conciencia individual. Por valores relativos o positivos, en los que se diluye la responsabilidad en el colectivo.

La Iglesia debe recordarles, a los mandatarios, los 10 mandamientos y el ejemplo de Jesús, que no vino a salvar el mundo, sino a salvarnos del mundo.

A transformarlo, como efectivamente lo hizo y sobre esta enseñanza se construyó occidente, que hoy se derrumba por olvidar su raíz.

Es decir, el mundo del que cristo nos viene a Salvar, quiere imponer su ley relativa, sobre la iglesia de Dios.

La Iglesia tiene la obligación de solicitar a los cristianos que no apoyen a los partidos que sean «incompatibles con su fe».

Los cristianos tienen obligación de participar en la política.

Los cristianos deben excluir todo apoyo a aquellos partidos o programas que sean incompatibles con la fe, como, por ejemplo, los que pretenden construir un modelo de sociedad en la que se suprimen los derechos fundamentales y la familia es desmembrada, o la propiedad privada sea abolida.

Igualmente, no deberán colaborar con los que empleen la violencia, el odio y la mentira para conseguir sus fines. Y legislar en contra de las leyes absolutas de Dios.

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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