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Pecado Venial

El pecado venial es aquel que no destruye la gracia santificante en el alma, a diferencia del pecado mortal, que sí lo hace.

El Pecado Mortal (de muerte) condena al infierno y para cometerlo se requieren 3 requisitos;

Materia grave (violación seria de los mandamientos).

Pleno conocimiento de que es pecado.

Consentimiento deliberado.

Ejemplos: asesinato, adulterio, blasfemia, apostasía.

El Pecado Venial (no de muerte) se paga en el purgatorio, o con reparación, se distingue por 2 elementos:

Es Materia leve o cometido sin pleno conocimiento/consentimiento.

No rompe la amistad con Dios, pero la debilita.

Ejemplos: impaciencia, mentiras leves, distracción en la oración, pequeñas omisiones de caridad y predispone al pecado mortal.

Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero consentimiento. Catecismo 1862

El pecado venial, también llamado pecado leve, sería una negligencia, tropiezo o vacilación en el seguimiento de Cristo. El cometer pecados veniales, además, añadiría tiempo de purgatorio. En el sacramento de la penitencia o confesión, los cristianos no tienen la obligación de culparse por los pecados veniales, como sí la tienen con los mortales. El acto penitencial al inicio de la Eucaristía perdona solo los pecados veniales.

En la teología moral católica, el pecado venial deja que la caridad siga existiendo en el hombre, constituyendo un desorden moral que está relacionado con la falta de amor, la violencia, la incredulidad, el rechazo y la burla, y no rompe la Alianza con Dios. “No priva de la gracia santificante, de la amistad con Dios, de la caridad, ni por tanto, de la bienaventuranza eterna”, y puede ser humanamente reparado por la gracia de Dios habiéndose arrepentido de él con un acto de contrición perfecta. (I Jn 5, 16-17) («Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es de muerte, pida y le dará vida – a los que cometen pecados que no son de muerte pues hay un pecado que es de muerte por el cual no digo que pida-. Toda iniquidad es pecado, pero hay pecado que no es de muerte»).

Según el catolicismo, un pecado venial se comete cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave, pero sin pleno conocimiento o sin entero consentimiento.

Comparativamente, un pecado mortal o pecado serio grave, aquel que implica la muerte «espiritual» del alma o separación de Dios, es la violación con pleno conocimiento y deliberado consentimiento de la ley de Dios en una materia grave.

Como manifiesta el Nuevo Testamento al condenar hasta al que mira con deseo sexual a una mujer, el pecado podría ser interior (selección del deseo solamente) o exterior (selección del deseo seguido por la acción). Según esta teología moral, la persona que por su propia voluntad desea fornicar, matar, robar o cometer otro pecado grave, ya habría ofendido seriamente a Dios al escoger interiormente lo que Dios habría prohibido.

Estas dos categorías de pecado se encuentran explícitamente en las Escrituras. En el Antiguo Testamento, había pecados que meritaban la pena de muerte y pecados que se podían expiar con una ofrenda. En el Nuevo Testamento, estas categorías materiales son reemplazadas por las espirituales, y la muerte natural por la muerte eterna.

Los pecados veniales son acciones que van en contra de la caridad y el amor de Dios, pero que no rompen la relación con él. Algunos ejemplos son:

Mentir

Chismear

Ser orgulloso

Ser codicioso

Ser envidioso

No orar o leer las Escrituras con regularidad

Beber en exceso

Hablar o reír de forma innecesaria

Los pecados veniales son llamados también pecados leves. Son transgresiones secundarias en comparación con los pecados mortales, que sí separan a la persona de Dios y la condenan al infierno.

Los pecados veniales pueden ser reparados con la gracia de Dios si la persona se arrepiente. En el sacramento de la penitencia o confesión, los cristianos no están obligados a culparse por los pecados veniales.

La iglesia invita a confesar los pecados veniales porque pueden dañar la relación con Dios y con los demás.

Santiago 5,16 nos define asi el pecado venial, Si alguno ve a su hermano cometer un pecado que no es para muerte, ruegue, y así dará vida a los que no pecan para muerte. Hay un pecado para muerte; por él no digo que ruegue. Toda injusticia es pecado, pero hay pecado que no es para muerte.

Lo que en la santa Unción de enfermos se promete respecto al cuerpo —“y la oración de la fe sanará al enfermo” (Santiago 5, 14 s.)— se promete respecto al alma de aquel por quien oremos. Y no es ya solamente como en Santiago 5, 13, en que se le perdonará si tiene pecados, sino que se le dará vida, es decir, conversión además del perdón. Es la esperanza de poder salvar, por la oración, el alma que amamos, como santa Mónica obtuvo la conversión de su hijo Agustín; como a la oración de Esteban siguió la conversión de Pablo (Hechos de los Apóstoles 8, 3 y nota); como Dios perdonó a los malos amigos de Job por la oración de éste (Job 42, 8 y nota).

En cuanto al pecado de muerte, no es lo que hoy se entiende por pecado mortal, sino la apostasía, el pecado contra el Espíritu Santo (Marcos 3, 29). En tal hipótesis no habríamos de querer ser más caritativos que Dios y hemos de desear que se cumpla en todo su voluntad con esa alma, pues sabemos que Él la ama y la desea mucho más que nosotros y porque nuestro amor por Él ha de ser “sobre todas las cosas” y nuestra fidelidad ha de llegar si es preciso, a “odiar” a nuestros padres y a nuestros hijos, como dice Jesús (Lucas 14, 26 y nota).

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De #bottegadivina

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