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Teofania y Sobornost

La navidad se celebra hasta el 2 de Febrero.

Dia de La Presentación del Señor (Candelaria) dia de la Purificacion de la Virgen

40 días después del nacimiento (Ley de Moisés).

Jesús es presentado en el Templo como Luz para las naciones.

Por eso, en la piedad popular se decía:

“Hasta la Candelaria, la Navidad no se acaba.”

Este día cierra el gran arco de la Encarnación.


🌟 Las tres Epifanías

1️⃣ Epifanía del Nacimiento

Belén

Dios se manifiesta en la carne, humilde y visible.

Los pastores y luego los Magos representan a Israel y a los gentiles.

2️⃣ Epifanía del Bautismo

Río Jordán

Se manifiesta la Trinidad:

el Hijo,

la voz del Padre,

el Espíritu Santo.

Por eso, en la tradición oriental, esta es la Epifanía principal.

3️⃣ Epifanía de la Resurrección

Es la Epifanía plena y definitiva, aunque se nombre como Pascua.

Cristo se manifiesta en gloria,

vence a la muerte,

y se revela plenamente como Señor.

Los Padres de la Iglesia hablan de la Resurrección como la manifestación definitiva de quién es Jesús.

La Octava de Navidad (25 de diciembre–1 de enero) es un único día prolongado en ocho, en el que la Iglesia contempla el misterio de la Encarnación: el Verbo hecho carne. No se “avanza” temáticamente; todo gira en torno al mismo misterio desde distintos ángulos.

Dentro de esa octava:

  • 26 dic.: San Esteban (martirio)
  • 27 dic.: San Juan (contemplación)
  • 28 dic.: Santos Inocentes (sufrimiento)
  • 1 de enero: Santa María, Madre de Dios
    Todo está subordinado al hecho central: Dios ha nacido en el tiempo.

Después de la Octava de Navidad, el ciclo culmina con la Epifanía (6 de enero):

  • La manifestación de Cristo a los gentiles (los Magos),
    aunque teológicamente también incluye el Bautismo y las Bodas de Caná.

Tradicionalmente se celebra una Octava de Epifanía (del 6 al 13 de enero), muy presente en el breviario antiguo. Esa octava profundizaba no ya en el hecho de la Encarnación, sino en su manifestación al mundo.

Los primeros 3 siglos después de Cristo fue el periodo de persecuciones mas sanguinarias, incluyendo la destrucción de Jerusalén en el año 70 y los asesinatos en masa perpetrados por el Imperio Romano. Sin embargo, a riesgo de su propia vida en este periodo hubo historiadores que registraron los eventos misteriosos, sobrenaturales y religiosos, que nos hablan de la adoración a un Mesías. En el 221, en la obra Chronographiai, Sexto Julio Africano registra el 25 de diciembre como la fecha del nacimiento de Jesús. También la oscuridad de crucifixión que se registró en Egipto donde las gallinas entraron a los corrales.

Solo 12 años después del edicto de Milán, el Concilio de Nicea en 325 y la Iglesia alejandrina registran el día de la natividad sin temor a ser asesinados.

La Octava de Navidad, es la celebración litúrgica en la que se contempla el misterio de la encarnación del hijo de Dios.

Luego viene la octava de epifania

Una tradición que tiene sus raíces en el Antiguo Testamento.

Dios hace unos 4000 años hizo una alianza con Abraham y su descendencia, cuyo signo es la circuncisión en el octavo día después del nacimiento, fue cuando derramo su primera sangre. nos dice Gen 17,10. El diluvio habia ocurrido unos 500 años antes y el exodo de Egipto unos 500 años despues. Fue cuando Moises recibió La Ley que era un “evangelio preparatorio” e incluía los principios de arrepentimiento, remisión de pecados y la ley de mandamientos carnales.

Exodo 24 15 Subió, pues, Moisés al monte, al cual cubrió luego una nube. Y la gloria del Señor se manifestó en la cima de Sinaí , cubriéndola con la nube por seis días; y al séptimo le llamó Dios de en medio de la nube oscura. Y habiendo entrado Moisés en medio de aquella niebla, subió a la cima del monte, en donde estuvo cuarenta días y cuarenta noches.

Desde entonces la octava (ocho días) ha sido tradición del Pueblo de Dios. Por eso Jesús, como todo judío, fue circuncidado en el octavo día. En ese día recibe su nombre: «Jesús» Lc 2,21. Y recordemos que resucitó; «El “octavo día”, que sigue al sábado Mc 16, 1; Mt 28, 1, significa la nueva creación inaugurada con la resurrección de Cristo. Para los cristianos vino a ser el primero de todos los días, la primera de todas las fiestas, el día del Señor el “domingo”» (CIC 2174).

Si la primera creación terminó en el séptimo día, en el octavo comenzó la “nueva creación”, es decir, la creación redimida por Jesús (CIC 349). La Iglesia nos enseña que nosotros estamos viviendo ese «octavo día»; en otras palabras, estamos viviendo la época de la redención traída por Jesucristo. “Ya no habrá más noche, y no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará” (Apoc 22, 5). Por eso, los cristianos celebramos el misterio de la Pascua cada ocho días, domingo a domingo. El domingo es el Dies domini, el día del Señor  CIC 1166.

¡Levántate, Jerusalen, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti!

Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti.

Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora.

Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos.

Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti.

Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las alabanzas del Señor.

Esto fue escrito por Isaias en Jerusalén, quien nació hacia 765 a. C. y fue asesinado (aserrado),  por el rey Manasés en 695 a. C. Isaías primo de Ozías era, aparte de Profeta, noble pariente de los reyes contemporáneos de Judá.

Por algo Jesus dijo, escudriñad las escrituras, ellas hablan de Mí.

Epifanía es la fiesta en la que Jesús toma presencia humana en la tierra, es decir, Jesús se «da a conocer», se encarna.

«Esos magos le llevaron unos regalos al Niño Dios, pero no se dieron cuenta de que ellos fueron quienes recibieron el mayor regalo”. Mateo 2, 1-12.

El término epifanía es una traducción del concepto de «gloria de Dios».

En las cartas de San Pablo la epifanía se refiere a la entrada de Cristo en el mundo, presentada como la del emperador que viene a tomar posesión de su reino, el término se usó en Oriente para indicar la manifestación de Cristo en la carne.

Jesús se dio a conocer a diferentes personas y en diferentes momentos, pero el mundo cristiano celebra como epifanías tres eventos, a saber:

La Epifanía ante los magos de Oriente, Mateo 2, 1-12, que es celebrada el día 6 de Enero

La Epifanía a San Juan Bautista en el río Jordán.

La Epifanía a sus discípulos y comienzo de su vida pública con el milagro en Caná en el que inicia su actuación pública.

El nombre de «pequeña navidad» dado a la epifanía expresa la idea popular de la fiesta en la Iglesia occidental. Parece como una repetición, a menor escala, de las celebraciones navideñas, es la complementación de la encarnación, la venida y manifestación de Cristo al mundo.

«La gracia que nos fue dada en Cristo Jesús desde la eternidad, y manifestada ahora por la aparición (epiphaneia) de nuestro Señor Jesucristo» 2 Timoteo 1,10:

/ En la tradición ortodoxa, la Teofanía (6 de enero) no es simplemente el recuerdo del bautismo de Cristo, sino la manifestación plena de Dios en la historia. En el Jordán, el Hijo es revelado, el Padre habla y el Espíritu desciende: la Trinidad se hace visible. Para la ortodoxia, este acontecimiento no es simbólico, sino ontológico: Dios irrumpe en el mundo y lo consagra. Por eso la Teofanía supera a la Navidad en centralidad litúrgica. No se celebra el nacimiento biológico, sino la entrada divina en el orden del cosmos.

Este énfasis teofánico moldea toda la visión rusa del poder y de la historia. Si Dios se manifiesta en el mundo, entonces el mundo puede —y debe— ser santificado. De ahí nace la doctrina de la Tercera Roma, formulada por el monje Filoteo de Pskov:

“Dos Romas han caído, la tercera está en pie, y no habrá una cuarta”.

La primera Roma el imperio se hace católico, la segunda Bizancio cae en manos del Islam, y se traslada a Moscú donde esperan el desenlace final de la historia, que hoy pasa por el comunismo.

Moscú no hereda solo a Bizancio; hereda su misión sagrada. El zar no es un rey secular, sino un katejón, el que retiene el caos hasta el fin de los tiempos. Esta idea impregna el orgullo imperial ruso: no expansión colonial al estilo occidental, sino custodia del orden divino frente a la corrupción del mundo.

Desde esta óptica, Occidente aparece como un mundo pagano, incluso cuando se proclama cristiano. El racionalismo latino, el papado jurídico, el Filioque y, más tarde, la Ilustración, son vistos como fracturas de la experiencia viva de Dios. Para Rusia, Occidente no pierde la fe en el siglo XVIII; co la revolución francesa,  la pierde cuando sustituye la Teofanía por el concepto, el misterio por el sistema. Como escribió el pensador ruso Alexéi Jomiakov:

“Occidente ha cambiado la unidad viva por una autoridad externa o por la razón individual”.  Y no está hablando de geopolítica, sino de eclesiología.
Para él:

  • Roma absolutiza la autoridad jurídica (papado),
  • el protestantismo absolutiza la conciencia individual,
  • la ortodoxia conserva la sobornost: unidad orgánica, mística, no coercitiva.

Ese juicio crea una fractura civilizatoria: Occidente ya no es solo “otro cristianismo”, sino una desviación espiritual. El gran satán la apostasía evidente. Es fácil entender que para ellos occidente es el anticristo.

2. Putin y la apropiación de ese legado

Putin no es un pensador teológico, pero sí ha incorporado este marco simbólico. Desde los años 2000, el Estado ruso ha retomado conscientemente:

  • la idea de Rusia como civilización distinta,
  • el lenguaje de la defensa moral frente a Occidente decadente,
  • la noción implícita de Rusia como freno del caos global.

En ese sentido, Putin se presenta funcionalmente como un katejón, es decir, el que retiene (cf. 2 Tes 2,6–7):
no como santo, sino como figura histórica que contiene la disolución (secularismo, relativismo, disgregación moral).

Esto se ve en su retórica:

  • defensa de la familia “tradicional”,
  • oposición al liberalismo cultural,
  • alianza estratégica con la Iglesia ortodoxa rusa,
  • discurso de continuidad histórica desde San Vladímir (el bautizador de la Rus).

3. ¿Un “San Vladímir moderno”?

Aquí hay que ser claros: no en sentido teológico.
San Vladímir es santo por conversión y bautismo de un pueblo, no por poder político.
Putin no es canonizable ni pretende serlo.

Pero sí se construye simbólicamente como:

  • heredero del bautismo de la Rus,
  • protector de la Iglesia,
  • garante del orden frente al “Gran Satán” occidental (expresión más islámica que ortodoxa, pero funcional).

Es una sacralización del poder, no una santificación.

4. La ambigüedad profunda

Aquí está la tensión central del pensamiento ruso:

  • El katejón puede ser necesario en la historia,
  • pero también puede convertirse en ídolo, confundiendo Reino de Dios con imperio.

Muchos pensadores ortodoxos (Berdiaev, Soloviev) advirtieron que Rusia cae cuando absolutiza su misión.
Berdiaev escribió algo muy duro:

“El mesianismo ruso es grande cuando es espiritual, y terrible cuando se vuelve político”.

5. Conclusión

Putin usa conscientemente la tradición de Jomiakov, la Tercera Roma y el katejón para:

  • legitimar un proyecto imperial,
  • oponerse a Occidente como civilización,
  • presentar a Rusia como último muro frente al caos.

Este distanciamiento explica una paradoja histórica: la caída de Rusia en el comunismo. Los zares, convencidos de que Occidente era espiritualmente muerto, subestimaron la amenaza interna. El comunismo no entra como ideología extranjera, sino como herejía secularizada, una escatología sin Dios. Nikolái Berdiaev lo expresó con crudeza:

“El comunismo ruso es una deformación del mesianismo cristiano ruso”.

La fe en la misión sagrada del imperio hizo creer que Rusia no podía caer; precisamente por eso cayó. Sin embargo, incluso el ateísmo soviético conservó la estructura teológica: sacrificio, redención colectiva, destino histórico.

El orgullo ortodoxo ruso no es triunfalismo, sino conciencia trágica de elección. Dostoievski lo formuló casi proféticamente:

“Rusia no salvará al mundo por la espada, sino por el sufrimiento”.

Y una antigua profecía atribuida a san Serafín de Sarov resuena aún hoy:

“Antes del fin, Rusia será humillada, pero luego resplandecerá; y muchos vendrán a ella buscando la verdad”.

Así, la Teofanía no es solo una fiesta: es la clave de una civilización que se concibe como último testigo del Dios vivo en la historia.

Los sabios de Oriente representan a las naciones del mundo, simbolizan la llamada a todas las naciones.

En la gran catedral gótica de Colonia se puede ver la urna de los tres reyes. Sus huesos fueron llevados allí, desde Milán, en 1164, por Federico Barbarroja.

Dios deja de manifestarse sólo a una raza, a un pueblo privilegiado, y se da a conocer a todo el mundo. La buena nueva de la salvación es comunicada a todos los hombres. El pueblo de Dios se compone ahora de hombres y mujeres de toda tribu, nación y lengua. La raza humana forma una sola familia, pues el amor de Dios abraza a todos.

«Los paganos comparten ahora la misma herencia, que forman parte del mismo cuerpo y que se les ha hecho la misma promesa, en Cristo Jesús, a través del evangelio».Ef 3, 2-6

«Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido no ya sólo en Judea, sino también en el mundo entero».

«Celebremos con gozo espiritual el día que es el de nuestras primicias y aquel en que comenzó la salvación de los paganos».

Los Padres de la Iglesia en el siglo II se refieren al Domingo como el «octavo día».  La epístola de Barnabás dice que «celebramos la fiesta gozosa del octavo día en que Jesús fue resucitado entre los muertos». Justino mártir escribe que el octavo día posee «una importancia misteriosa».

La Navidad y la Pascua de resurrección se celebran con su octava.

Durante la octava también se celebran, en tres días consecutivos, tres fiestas:

San Esteban, el 26 de diciembre. Mártir. Representa aquellos que murieron por Cristo voluntariamente.

San Juan Evangelista, el 27 de diciembre, representa aquellos que estuvieron dispuestos a morir por Cristo pero no los mataron. San Juan fue el único Apóstol que se arriesgó a estar con La Virgen al pie de la cruz. Y no se conocen sus reliquias…

Los Santos Inocentes, el 28 de diciembre, representan aquellos que murieron por Cristo sin saberlo.

El domingo después de la Navidad celebramos la Sagrada Familia, modelo de toda familia en la tierra.

El primer día del año , la festividad de María Madre de Dios, terminando así la octava.

El 6 de enero es la fiesta de la Epifanía o manifestación del Señor a los Reyes Magos. (En muchos lugares la Epifanía se traslada al domingo entre el 2 y el 8 de enero).

La temporada de Navidad termina con el bautismo del Jesús, el 13 de enero (Vetus ordo); Ó el Domingo después de la solemnidad de la Epifanía del Señor (Novus ordo)

El ciclo litúrgico llamado Tiempo de Navidad, abarca desde el 25 de diciembre, fiesta del Nacimiento del Salvador, hasta el 2 de febrero, fiesta de la Purificación, comprendiendo, por lo tanto cuarenta días de gozo, por el Nacimiento del Señor, en Belén; su infancia y vida oculta, en Nazareth; y las primeras manifestaciones del mismo a los hombres. Siguiendo lo prescrito por la Ley Mosaica.

A finales del siglo XVII Paul Ernst Jablonski, un protestante alemán, (que odia la santidad y niega que Jesús es Dios) pretendía demostrar que la celebración del nacimiento de Cristo el 25 de diciembre era una de las muchas «paganizaciones» del cristianismo que la Iglesia del siglo IV había adoptado.

El 25 de diciembre cristiano es anterior al Sol Invictus

Año 204:
Hipólito de Roma, en su Comentario a Daniel, afirma que Cristo nació el 25 de diciembre.
 Más de 70 años antes de que existiera la fiesta imperial del Sol Invictus.

Año 221:
 Sexto Julio Africano fija la Encarnación el 25 de marzo, lo que lleva naturalmente al nacimiento el 25 de diciembre.

Año 243:
 De Pascha Computus (obra cristiana norteafricana) da por supuesto el nacimiento en diciembre.

 Conclusión: la fecha ya era tradición cristiana mucho antes del siglo IV.

Dependiendo de la correspondencia con el calendario, el evento del solsticio de invierno tiene lugar entre el 20 y el 23 de diciembre todos los años, en el caso del hemisferio norte, y entre el 20 y el 23 de junio, en el caso del hemisferio sur.

El emperador Aurelio, que gobernó desde el año 270 hasta su asesinato en 275, era hostil hacia el cristianismo, y está documentado que promocionó el establecimiento del festival del «Nacimiento del Sol Invicto» como método para unificar los diversos cultos paganos del Imperio Romano alrededor de una conmemoración del «renacimiento» anual del sol, el 25 de diciembre de 274, en un intento de crear la alternativa pagana a una fecha que ya gozaba de importancia para los cristianos Romanos.

Ex 13, 21–22
Dominus præcedebat eos ad ostendendam viam…

El Señor iba delante de ellos para mostrarles el camino, de día en columna de nube y de noche en columna de fuego.


🔹 Colecta

Oh Dios, que iluminaste este santísimo día con el resplandor de la verdadera luz, concédenos que, así como conocemos en la tierra los misterios de tu luz, podamos gozarlos plenamente en el cielo.


🔹 Epístola

Isaías 60, 1–6

Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz, y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti…
(Profecía directa de la Epifanía y de los Reyes Magos)


🔹 Gradual

Isaías 60, 2; Salmo 71, 10–11

Las naciones caminarán a tu luz, y los reyes al resplandor de tu aurora.


🔹 Aleluya

Isaías 60, 6

Aleluya. Vendrán de Saba trayendo oro e incienso, y anunciando la alabanza del Señor.


🔹 Evangelio

San Mateo 2, 1–12

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes, unos Magos de Oriente llegaron a Jerusalén…

(Es el Evangelio propio de la Epifanía, anticipado litúrgicamente en esta feria mayor)


🔹 Ofertorio

Salmo 71, 10–11

Los reyes de Tarsis y de las islas ofrecerán dones; los reyes de Arabia y de Saba traerán regalos.


🔹 Secreta

Mira, Señor, los dones de tu Iglesia y concédenos que lo que ahora se ofrece bajo signos visibles, se realice espiritualmente en nosotros.


🔹 Comunión

San Mateo 2, 12

Avisados en sueños de no volver a Herodes, los Magos regresaron a su tierra por otro camino.

El imperio pagano, avanzaba hacia el colapso, ante las agitaciones internas, las rebeliones en las provincias, el declive económico y los repetidos ataques por parte de tribus germanas por el norte y del Imperio Persa por el este.

Aurelio creo una fiesta que fuera un símbolo del esperado «renacimiento» o eterno rejuvenecimiento del Imperio Romano, que debía ser el resultado de la perseverancia en la adoración de los dioses cuya tutela (según creían los romanos) había llevado a Roma a la gloria y a gobernar el mundo entero.

En el judaísmo existía la idea de la «edad integral» de los grandes profetas judíos, el concepto, de que los profetas de Israel murieron en la misma fecha que la de su nacimiento o concepción.

La Iglesia primitiva entró en un mundo de calendarios distintos y tuvo que instaurar sus propios momentos para celebrar la Pasión del Señor, en parte también para independizarse de los cálculos rabínicos de la fecha de Pascua.

Por otra parte, como el calendario judío era un calendario lunar que constaba de 12 meses de 30 días cada uno, cada pocos años debía añadirse un mes decimotercero por un decreto del Sanedrín, para mantener el calendario sincronizado con los equinoccios y los solsticios, así como para evitar que las estaciones se fueran «desviando» hacia meses inapropiados.

Aparte de la dificultad que debieron tener los cristianos en investigar, o quizás en ser bien informados sobre las fechas pascuales en un determinado año, el hecho de seguir un calendario lunar diseñado por ellos habría dispuesto en su contra tanto a judíos como a paganos, y seguramente también les habría sumido en inacabables disputas entre sí mismos. El siglo II vio fuertes disputas sobre si la Pascua tenía que caer siempre en domingo o en cualquier día de la semana dos días después del 14 Artemision/Nisán, pero haber seguido un calendario lunar no habría hecho más que agravar estos problemas.

Este conocimiento es un factor clave a la hora de entender por qué algunos de los primeros cristianos llegaron a la conclusión de que el 25 de diciembre fue la fecha del nacimiento de Jesucristo. Los primeros cristianos aplicaron esta idea a Jesús, con lo que el 25 de marzo y el 6 de abril no sólo eran las fechas de la muerte de Jesús, sino también las de su concepción.

La asignación del 25 de marzo es la fecha de la concepción de Cristo, conmemorado casi universalmente entre cristianos como la Fiesta de la Anunciación, cuando el Arcángel Gabriel llevó la Buena Nueva de un salvador a la Virgen María, con cuyo consentimiento el Verbo Divino, se encarnó en su vientre.

¿Cuánto dura un embarazo? Nueve meses. Si contamos nueve meses a partir del 25 de marzo, es 25 de diciembre; si es a partir del 6 de abril, tenemos el 6 de enero. El 25 de diciembre es Navidad y, el 6 de enero, es la Epifanía.

El apóstol San Lucas fue un historiador riguroso.

Hay un dato que suele pasar desapercibido en su relato de la aparición del ángel a Zacarías, padre de San Juan Bautista, cuando estaba incensando en el Templo.

Los sacerdotes tenían sus turnos en que les tocaba estar de servicio en el Templo. San Lucas señala que Zacarías era del grupo o turno de Abías. Esto no dice nada a los lectores de hoy pero gracias a los manuscritos del Mar Muerto y los estudios de la francesa Annie Joubert y de Shamarjahu Talmon, especialista de la Universidad Hebraica de Jerusalén, se ha podido reconstruir con precisión los turnos de los distintos grupos de sacerdotes del Templo de Jerusalén.

Shamarjahu Talmon es un judío que no tenía la menor intención de demostrar nada que tuviera que ver con nuestro Salvador.

Talmon determinó que al turno del grupo de Abías le tocaba el servicio del templo entre los días 8 y 14 del tercer mes y del 24 al 30 del mes octavo. Esto es según el calendario judío de la época, que correspondía en este último caso a la última semana de septiembre.

Así pues, resulta posible saber que el anuncio del ángel a Zacarías tuvo lugar el 24 de septiembre según el calendario gregoriano. Nueve meses después, entre el 23 y el 25 de junio, nació San Juan Bautista.

La Iglesia ha mantenido desde siempre la excepción (junto con Jesús y con María) de conmemorar al Bautista en la fecha de su nacimiento, el 24 de junio.

La anunciación a María tuvo lugar cuando Santa Isabel ya llevaba seis meses embarazada de San Juan Lc.1,36.El 25 de Marzo, sumando seis meses al 24 de junio o nueve al 25 de marzo llegamos al 25 de diciembre, fecha del Nacimiento de Jesús.

Como los recién nacidos se circuncidaban a los ocho días, la circuncisión del Señor se conmemora precisamente el 1 de enero. Y como treinta y tres días después, según prescribía la ley judía, había que presentar al Niño en templo (Lv.12,1-7), el 2 de febrero se celebra la fiesta de la Presentación del Señor y de la Purificación de Nuestra Señora.

San Juan Crisóstomo, que en su época fue un renombrado asceta y predicador en su nativa Antioquía, ya celebraba la navidad el 25 de diciembre del 386.

Esto sucedía por todo el Oriente cristiano y se adoptó en Alejandría alrededor del 432. Hay que ser conscientes que el cristianismo estaba prohibido en todo el imperio y que los primeros 350 años de cristianismo todos los papas fueron asesinados así como todo aquel que se atreviera a celebrar públicamente su fe cristiana, pero estaban las catacumbas en las que sí se celebraba…

Los armenios,  hasta hoy llevan celebrando el nacimiento de Cristo, la adoración de los Reyes y el bautismo el 6 de enero. Pero hay que entender que ellos adoptaron tarde el calendario Gregoriano y que el Juliano tenía muchos errores…

En Occidente, esta festividad se presentaba normalmente como la conmemoración de la visita de los Reyes Magos al niño Jesús y, como tal, era una fiesta importante, pero no una de las más determinantes. Ello provocaba un fuerte contraste con la posición de la Iglesia oriental, donde sigue siendo la segunda fiesta más importante de la iglesia después de la Pascua.

En Oriente, la Epifanía es mucho más importante que la Navidad. La razón es que la festividad también celebra el bautismo de Cristo en el Jordán y el momento en que la Voz del Padre y el Descenso del Espíritu Santo manifestaron por primera vez a los mortales la divinidad del Cristo Encarnado y la Trinidad de las 3 Personas en un solo Dios.

Así pues, «los orígenes paganos de la Navidad» son un mito sin fundamento histórico.

A los 40 días de su nacimiento, Jesús fue presentado en el Templo, al mismo tiempo que su madre realizaba la ceremonia de la purificación. En la tradición judía, las madres tenían que esperar cuarenta días después del parto para purificarse y, hasta entonces, no podían presentar al bebé ante las autoridades religiosas. Este ritual se materializaba con una oferta y bendición de velas de cera. Es una de las fiestas más antiguas de la Virgen, la fiesta de la candelaria.

El primer período de Navidad, quince días hasta la Epifanía o manifestacion de los reyes magos y el segundo Período de la Epifanía va hasta el Domingo de Septuagésima, el noveno domingo antes de la Pascua, en el cual se deja de decir el cántico al Señor, “Aleluya”, que, de ahí en adelante se omite hasta la Pascua y se conoce como el entierro del Gloria por el tiempo pascual.

Este primer período es una fiesta no interrumpida en torno a la cuna de Belén, donde la Iglesia contempla y celebra embelesada los encantos y grandezas del Divino Infante, y también las alegrías y excelencias de la Virgen Madre.

El segundo período ensancha más el horizonte litúrgico y pone de relieve las manifestaciones del Hijo de Dios principalmente en el misterio de la Adoración de los Reyes Magos, en el de su Bautismo, y en su primer milagro, en las bodas de Caná.

Toda esta temporada es de alegría, es la primera Pascua, pero no de una alegría desbordante y triunfal, como la de Pascua de Resurrección, sino reposada y sonriente. Porque el Mesías se ha encarnado, la segunda pascua, la de Resurrección es exultante, porque es el mayor milagro a los ojos de los Hombres, resucitar de entre los Muertos.

La navidad termina el dia de la candelaria, cuando se consagran las velas sagradas.

la Fiesta de la Candelaria

📌 La Iglesia Católica celebra esta fiesta el 2 de febrero, 40 días después de la Navidad. Conmemora dos aspectos importantes:

La Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén, tal como la ley judía lo exigía (Lc 2:22-40).

La purificación ritual de la Virgen María después del parto, en cumplimiento de la Ley del Antiguo Testamento.

👉 Por eso, en la liturgia se bendicen velas o candelas, simbolizando a Cristo como “Luz para iluminar a las naciones” (Lc 2:32).


🔥 Significado espiritual cristiano

La celebración tiene un fundamento bíblico y litúrgico profundo:

El anciano Simeón, al ver a Jesús en el Templo, pronunció palabras que los cristianos interpretan como proféticas, reconociendo en Él la salvación esperada y la luz de Dios para todos los pueblos.

En algunos textos litúrgicos también se medita sobre una profecía relacionada con el sufrimiento de María y la misión redentora de Cristo.


Las profecías citadas en los Evangelios (por ejemplo la de Simeón) se refieren a Jesucristo mismo y su misión, y a eventos futuros específicos asociados con la fecha del 2 de febrero como en la edad integral 6 de enero etc

Volvamos a la tercera Jerusalén para que entendamos la casi inevitabilidad de la guerra que se cierne sobre el mundo, liderado por una Rusia que se ha posicionado en los 5 continentes y en la mente de la juventud que ahora práctica el Marxismo cultural y entenderemos que nunca van a permitir que el liberalismo occidental cuasi satánico los sobrepase. La apostasía occidental no comienza con el ateísmo moderno, sino mucho antes: cuando la fe se transforma en sistema, contrato o moral privada. El secularismo contemporáneo sería solo la fase terminal de un proceso largo: Dios ya no es el centro del cosmos, sino un elemento opcional del orden social. De ahí que algunos pensadores ortodoxos describan a Occidente no como enemigo militar, sino como orden anticrístico: un sistema que promete salvación (derechos, progreso, bienestar) sin trascendencia, es decir, una parodia del Reino.

Este marco se reactualiza hoy con dos fenómenos que, desde esa óptica, se refuerzan mutuamente. Por un lado, el poscomunismo: el comunismo fue interpretado en Rusia como una herejía mesiánica fallida; su colapso no significó el fin del nihilismo, sino su mutación en liberalismo global. Por otro, el ascenso del islam en Europa, visto no tanto como rival teológico, sino como síntoma del vacío espiritual occidental: una civilización que ya no cree en sí misma y es ocupada por creencias más fuertes.

Desde la perspectiva ortodoxa clásica —especialmente la heredera de Jomiakov, Dostoievski y Berdiaev— la sobornost no es solo una forma eclesial, sino un principio ontológico: la verdad se vive en comunión, no se impone por ley ni se deduce por la razón aislada. Cuando Occidente sustituye esa unidad viva por autoridad jurídica (Roma) o por autonomía individual (protestantismo y liberalismo), deja de ser simplemente “otro cristianismo” y pasa a ser leído como una desviación espiritual estructural.

En este contexto, ciertas corrientes leen la nueva doctrina trumpista —anticomunista, antiliberal cultural, soberanista— como una guerra interna de Occidente contra su propia disolución. Pero para la mirada ortodoxa más radical, esto llega tarde: el problema no es ideológico, sino ontológico. No se trata de izquierda o derecha, sino de un sistema que ha reemplazado la verdad por la utilidad.

De ahí la conclusión extrema —no universal en la ortodoxia— de que el Anticristo no sería una persona, sino un orden mundial: técnico, jurídico, sin Dios, pero moralizante; pacifista en discurso, coercitivo en estructura. Una “unidad” sin sobornost. El mundo que vivimos…

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