Francisco se reunió el lunes 16 de septiembre de 2013 con los sacerdotes de San Juan de Letrán en una reunión, que se prolongó durante más de dos horas y media. El Papa Francisco habló de los “gravísimos problemas de la Iglesia”, “pero sin pesimismo”.
“La Iglesia no se derrumba. La Iglesia nunca ha estado tan bien como hoy, es un momento hermoso de la Iglesia, basta leer su historia. Hay santos reconocidos incluso por los no católicos (pensemos en la Beata Teresa), pero hay una santidad cotidiana de muchos hombres y mujeres, y esto da esperanza. La santidad es más grande que los escándalos”.
EL DIVORCIO
Un tema importante de los tratados fue el tema de los divorciados y la nulidad del matrimonio, un tema que él ya había tratado y que fue un tema de inquietud de Benedicto XVI. Indicó que hay propuestas al respecto, estudios y análisis profundos en curso. Hablarán de ello en octubre con el grupo de los ocho cardenales y en el próximo Sínodo de los obispos.
Ya el 28 de julio durante su vuelo de regreso a Roma desde Río de Janeiro Francisco había dicho:
“Los ortodoxos tienen una práctica diferente, siguen la teología de la ‘oikonomia’ (economía o administración), como lo llaman, y permiten una segunda darle una segunda posibilidad”.
Sobre la mención que Francisco hizo a los ortodoxos hay que tener en cuenta que, a diferencia de la anulación, que declara que la unión no era válida desde el principio, el decreto ortodoxo no pone en duda la validez inicial de un matrimonio sacramental, y a diferencia de un divorcio civil no disuelve el matrimonio. Por el contrario, los ortodoxos lo describen como un reconocimiento de que el matrimonio ha terminado debido a la falta o pecado de uno o ambos cónyuges.
La ortodoxia se refiere a la unión matrimonial como, en principio, para toda la vida e indisoluble, y condena la ruptura del matrimonio como un pecado y un mal.Pero al tiempo que condena el pecado, la iglesia todavía desea ayudar a los pecadores y para permitirles una segunda oportunidad. Por tanto, cuando un matrimonio ha dejado del todo de ser una realidad, la Iglesia Ortodoxa no insiste en la preservación de una ficción legal.
El divorcio es visto como una concesión excepcional pero necesario por el pecado humano. Es un acto de “oikonomia” y de “philanthropia” (amor bondadoso). Sin embargo, a pesar de ayudar a los hombres y las mujeres a subir de nuevo después de una caída, la Iglesia Ortodoxa sabe que una segunda alianza no puede ser la misma que la primera, y así en el servicio para un segundo matrimonio las ceremonias alegres se omiten y se sustituye por oraciones penitenciales.
EL CELIBATO, en su libro «El Jesuita»
«No me gusta jugar de adivino, pero en el supuesto caso de que la Iglesia decidiera revisar esa norma, creo que no lo haría por la escasez de sacerdotes. Tampoco pienso que sería una disposición para todos los que quisieran abrazar el sacerdocio. Si hipotéticamente alguna vez lo hiciera, sería por una cuestión cultural, como es el caso de Oriente, donde se ordenan hombres casados. Allí, en una época determinada y en una cultura determinada, fue así y siguió siendo así hasta hoy. Insisto: si la Iglesia llegara alguna vez a revisar esa norma, lo encararía como un problema cultural de un lugar determinado, no de una manera universal y como una opción personal».
En el libro, Bergoglio también se pregunta cómo repercute el celibato en la cantidad de vocaciones y se responde queno está seguro de quesu supresión «vaya a provocar un aumento de las vocaciones como para paliar la escasez».
En cuanto a quienes piensan que quitarlo evitaría perversiones sexuales, señala que»el 70 % de los casos de pedofilia se producen en el entorno familiar. Hemos leído crónicas de chicos abusados por sus papás, sus tíos, cuando no por sus padrastros. O sea, son perversiones de tipo psicológico previas a una opción celibataria. Si hay un cura pedófilo, es porque lleva la perversión antes de ordenarse».
Con todo, Bergoglio manifiesta una actitud comprensiva ante un sacerdote que se enamora.
«Soy el primero en acompañar a un sacerdote en ese momento de su vida; no lo dejo sólo, lo acompaño en todo el camino. Si está seguro de su decisión incluso lo acompaño a conseguir trabajo. Eso sí, lo que no permito es la doble vida».
Cuando en 2000 la vida del ex obispo Jerónimo Podestá, que fue apartado de la Iglesia por formar una pareja, se apagaba, fue visitado por el entonces cardenal Bergoglio.
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