
«Las iglesias de verdad no matan bebés»
Casada y con tres hijos, Jennifer vive en Fleetwood, Pensilvania. Siempre ha sido una persona que ha buscado la verdad y el auténtico rostro de Cristo toda su vida sin importarle lo que tuviera que dejar atrás. Lo cierto es que un día leyó en una web luterana un comentario que la dejó noqueada: “Las iglesias de verdad no matan bebés”.
En ese momento, Jennifer vio “como el cuerpo de mi iglesia estaba aceptando la ‘cultura de la muerte’, y me di cuenta que no tenía más remedio que salir de ella”.
– Padre, soy pastora luterana y quiero convertirme, pero no encuentro un lugar para adorar a Dios. ¿Conoce usted alguna iglesia en la que haya música pero que no sea de guitarra?
El sacerdote, que la miró como si fuera una marciana, le dijo:
– ¿Puedo hacerte una pregunta?: ¿Por qué quieres convertirte al catolicismo?
Jennifer dio alguna pincelada sobre sus desavenencias con la línea que estaba siguiendo el luteranismo en América y su convicción de que la Iglesia Católica es más completa. Su respuesta fue:
– ¡Oh!
Y poco después:
– Bueno, en ese caso, usted debería ir a la parroquia de Santo Rosario…
Por fin llegó a la parroquia del Santo Rosario. En ella encontró un organista y un coro de primera categoría. Con San Agustín pudo decir: «¡Cuánto lloré al oír vuestros himnos y cánticos, fuertemente conmovido por las voces de vuestra Iglesia que suavemente cantaba! Entraban aquellas voces en mis oídos, y vuestra verdad se derretía en mi corazón, y con esto se inflamaba el afecto de piedad, y corrían las lágrimas, y me iba bien con ellas” (San Agustín, conf. IX 6,14).
Pero más importante aún: “Los feligreses tienen una actitud de profunda piedad y respeto por la liturgia que se está viviendo en cada momento. El sacerdote colabora con ese respeto”.
En esta iglesia también se promueve el rezo de la liturgia de las horas, del rosario, la adoración nocturna…: “Siento que he entrado en un mundo con el misterio de Cristo en la Eucaristía en el centro. Aquí la Verdad se puede palpar”.
Una comunidad más grande
Una confesión: “Quizá aquí no se vive el espíritu de familia de una típica iglesia protestante, pero yo soy parte de algo mucho más grande y más importante: soy parte de una comunidad que remonta su historia a los Apóstoles y de su testimonio de Cristo resucitado”.
Jennifer, después de vivir intensamente la fe en su familia, incluso de ser ordenada pastor luterana, en la festividad de Corpus Christi de 1998, fue recibida en plena comunión con la Iglesia Católica.
Más tarde, en 2004, publicaría junto con otra ex-pastora luterana, Patricia Sodano Ireland, un libro de testimonios de mujeres que encontraron su plenitud en la Iglesia Católica para indicar que la ordenación de mujeres-sacerdotisas no tiene sentido (el libro se titulaba «The Catholique Mystique: 14 women find fulfillment in the Catholic Church»).
http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=28270
