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Instrumentos de Tortura

Los verdugos le ataron las manos, levantadas en alto, a una de las anillas de arriba y extendieron tanto sus brazos hacia arriba, que sus pies, atados fuertemente a la parte inferior de la columna apenas tocaban el suelo. El Santo de los Santos fue sujetado con violencia a la columna de los malhechores y dos de estos, furiosos, comenzaron a flagelar su cuerpo sagrado desde la cabeza hasta los pies. No me es posible describir las atrocidades tremendas aplicadas a Nuestro Señor.

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Los látigos o varas que usaron primero parecían de madera blanca y flexible, o puede ser también que fueran nervios de buey o correas de cuero duro o blando. Costado, piernas y brazos se veían lacerados bajo los pesados golpes del flagelo. De cuando en cuando los gritos del pueblo y de los fariseos llegaban como una ruidosa tempestad y cubrían sus quejidos llenos de dolor y de plegarias. Gritaban: «¡Mátalo! ¡Crucifícalo!», pues Pilatos seguía parlamentando con el pueblo. Y, antes de que él hablara, una trompeta sonaba en medio del tumulto para pedir silencio. Entonces, se oía de nuevo el ruido de los azotes, los quejidos de Jesús, las imprecaciones de los verdugos.

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El pueblo judío se mantenía a cierta distancia de la columna; los soldados romanos ocupaban diferentes puntos, muchas personas iban y venían, silenciosas o profiriendo insultos…Yo vi jóvenes infames, casi desnudos, que preparaban varas frescas cerca del cuerpo de guardia; otros iban a buscar varas de espino. Algunos agentes del Sumo Sacerdote y el Consejo daban dinero a los verdugos. Les trajeron también un cántaro de una bebida espesa y roja, de la que bebieron hasta embriagarse… Pasado un cuarto de hora, los dos verdugos que azotaban a Jesús fueron reemplazados por otros. El cuerpo del Salvador estaba cubierto de manchas negras, azules y coloradas y su sangre corría por el suelo. Por todas partes se oían las injurias y las burlas a la inocente víctima…

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La segunda pareja de verdugos empezó a azotar a Jesús con redoblada violencia. Usaban otro tipo de vara. Eran de espino, con nudos y puntas. Sus golpes rasgaron toda la piel de Jesús, su sangre salpicó a cierta distancia y ellos se mancharon los brazos con ella. La tercera pareja de verdugos se arrojó con mayor violencia sobre el cuerpo martirizado de Jesús. Estos pegaron a Jesús con correas que tenían en las puntas unos garfios de hierro, con los cuales le arrancaban la carne a cada golpe. ¡Ah!, ¿con qué palabras podría describirse este terrible y sobrecogedor espectáculo? Sin embargo, su rabia aún no estaba satisfecha; desataron a Jesús y lo ataron de nuevo a la columna, esta vez con la espalda vuelta hacia ella.

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No pudiéndose sostener, le pasaron cuerdas sobre el pecho, debajo de los brazos y por debajo de las rodillas, y le ataron las manos por detrás de la columna. Su abundante sangre y la piel destrozada cubrían su desnudez. Entonces, se echaron sobre Él como perros furiosos. Uno de ellos le pegaba en la cara con una vara nueva. El cuerpo del Salvador era una sola llaga. Miraba a sus verdugos con los ojos arrasados de sangre y parecía que les suplicara misericordia, pero la rabia de ellos se redoblaba y los gemidos de Jesús eran cada vez más débiles.

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Un artículo científico sobre la muerte de Jesús, publicado en 1986 en una de las revistas científicas más prestigiosas del mundo – el JAMA, The Journal of the American Medical Association, titulado ′′ On the Physical Death of Jesus Christ ′′ (Sobre la muerte física de Jesucristo).
En él los autores demuestran que el proceso de azotamiento romano era terriblemente cruel. Se describen detalles técnicos, que junto con la narrativa bíblica, proporcionan un panorama completo de todo este proceso, desde el juicio hasta la muerte en la cruz.
Antes del juicio, se narra en Lucas 22 que Jesús estaba en profunda angustia y sudaba sangre. Aunque es un fenómeno raro, los médicos reconocen esta característica como hematidrosis, que puede ocurrir debido a altos niveles de estrés.
Después de ser juzgado, Jesús fue azotado violentamente con un látigo de cuero, con pequeñas bolas de hierro en las puntas y huesos puntiagudos. Las bolas de hierro causaban lesiones internas y los huesos destrozaban la carne, exponiendo la musculatura esquelética y causando gran pérdida de sangre, lo que probablemente lo dejó en un estado de prechoque.
Después de severa flagelación, Jesús fue burlado, escupido y obligado a cargar su propia cruz hasta el Gólgota.


Durante la crucifixión, el acusado era tirado sobre la cruz en el suelo, y clavado con clavos de hasta 18 cm de largo en las muñecas y los pies.
La crucifixión era un proceso que producía intenso dolor y causaba una muerte lenta y sofocante.
Respirar era algo extremadamente doloroso. A cada respiración, Jesús tenía que elevar la espalda en carne viva, arrastrándola en la madera y apoyando todo el peso en los pies, que estaban clavados. Dato que aumentaba la pérdida de sangre y causaba dolor terrible.
Las causas de la muerte por crucifixión podrían ser varias, pero las dos más comunes eran shock hipovolémico y asfixia por agotamiento.
Cuando el evangelio de Juan narra que después de la muerte de Jesús un soldado lo transpasó con la lanza y salió ′′ sangre y agua “, la explicación de los científicos es que el agua probablemente representaba fluido pleural y pericardio seroso y habría precedido al flujo de sangre y tendría menor volumen que la sangre. Tal vez en el escenario de hipovolemia y la insuficiencia cardíaca aguda, los derrames pleurales y pericárdicos podrían haberse desarrollado y haber sido añadidos al volumen de agua aparente.
Solo analizando el sufrimiento físico de Jesús, nos damos cuenta de lo terrible que debe haber sido soportar todo esto.
Estrés intenso, noche sin dormir, un juicio injusto, azotamiento inhumano, burlarse y todavía tener que cargar su propio instrumento de muerte.
Pero eso no fue NADA!
Lo que ′′ pesó ′′ sobre tus hombros fueron nuestros pecados. Isaias hace mucho tiempo profetizó:
′′ Pero fue herido por nuestras transgresiones, y molido por nuestras iniquidades; el castigo que nos trae la paz estaba sobre él, y por sus pisaduras fuimos sanados.”
Isaías 53:5
Él era el sacrificio. El cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Solo el Dios que se hizo hombre podría reconciliar a los hombres con Dios.
Por eso decimos que el sacrificio fue por amor, pues Él no tenía pecado, nosotros sí. Si el pecado genera la muerte, quién debería morir seríamos nosotros, no Él.
Así que toda su podredumbre, todos sus malos pensamientos, toda su revuelta contra Dios… todo esto estaba sobre los hombros Cristo.
Y él venció no sólo el pecado, sino también la muerte!
Cuando creas que tu vida es demasiado difícil, que nada funcione, no te victimices. Mira esta foto y recuerda todo lo que Jesús pasó por amor a ti.
′′ el castigo que nos trae la paz estaba sobre él “.

El doctor Pierre Barbet, cirujano del Hospital de San José, en Paris, es quien a hecho hasta ahora el estudio medico más completo de la pasión de Cristo, según se deduce de la Sábana Santa (Cf. La Passione di N. S. Gesu Cristo secondo el chirurgo, L. I. C. E. Torino). En la imposibilidad de abarcar todos los aspectos, extractamos los que nos parecen de mayor interés.

a) Lesiones sufridas en el vía crucis

Barbet descubre en la santa sábana lesiones provocadas por las caídas de Jesús en el vía crucis. Son llagas en la cara anterior de la rodilla, sobre todo en la derecha. Esta ultima presenta excoriaciones de forma y tamaño diverso, de bordes recortados y situadas exactamente en la región rotuliana. Hacia arriba y afuera se observan dos llagas redondas de dos centímetros de diámetro. Las lesiones son menos evidentes y numerosas en la rodilla izquierda.

Las huellas de la cruz sobre la espalda, se acusan con nitidez en la imagen dorsal de la silueta de la reliquia. Sobre el hombro derecho, en la parte externa de la región supraescapular, es visible una extensa zona escoriada hacia abajo y adentro, que ofrece la forma de un rectángulo de 10 centímetros de largo pop 9 de ancho. Mas abajo en la región escapular, se observa otra zona escoriada que presenta los mismos caracteres (forma redonda con un diámetro de 14 centímetros), exactamente situada en la región subescapular, en la punta del omóplato izquierdo.w

b) Topografía de las llagas de  las manos

Merced a las observaciones del profesor Barbet sobre la santa sábana, completadas luego con detenidas experiencias anatómicas, se ha podido localizar la topografía exacta de las llagas que produjeron los clavos en las manos de Jesús al ser crucificado. Los clavos no atravesaron la palma, como vulgarmente se cree, sino el carpo o región del pulso, esto es, la muñeca, precisamente por el espacio libre, llamado de Destot, limitado por los huesos semilunar, pirami­dal, grande y ganchoso. En efecto, en la santa sábana se descubre en la mano izquierda, que es la más visible, una llaga redonda, muy neta, en la altura del carpo, de la cual parte un reguero de sangre que se irradia oblicuamente hacia arriba y hacia la derecha hasta alcanzar el margen cubital del antebrazo.

c) La lanzada y la llaga del costado

Es creencia muy común el de situar el corazón a la izquierda del tórax, pero esta localización no es exacta. El corazón ocupa una posición mediana y anterior y reposa sobre el diafragma, detrás de los pulmones y del peto óseo esternocostal, en el mediastino anterior. Solo su punta queda situada netamente a la izquierda, mientras su base supera por la derecha el esternón.

Seguramente como consecuencia de aquella opinión popular que ubica el corazón a la izquierda del pecho existe una tradición de opi­niones que colocan el golpe de lanza como asestado en el costado izquierdo de Jesús. No todas, sin embargo. San Agustín, por ejem­plo, habla en La Ciudad de Dios de latere dextro, flanco derecho, y asimismo San Francisco de Asís. Según Barbet, la santa sabana ha venido a dilucidar con su objetivo testimonio este problema, como tantos otros. La silueta del lienzo, con la manifestación clara de la herida, prueba que el cadáver de Cristo sufrió la lanzada en el cos­tado derecho y no en el izquierdo. Observase así en la imagen ante­rior de la sabana un enorme coagulo de sangre en el lado derecho, que se extiende hacia arriba unos seis centímetros y desciende en una dimensión de 15. Su margen interno aparece dentellado con re­cortadura redondeada. Esta mancha de sangre resalta en la sabana, vista a pleno día, por su tonalidad carmín. La parte superior del coagulo, la mas próxima a la llaga, es la más espesa y la más ancha, y en ella se distingue netamente una huella oval, que es evidente­mente la impronta de la llaga del costado. Esta llaga mide 4,4 centímetros de largo por 1,5 de ancho.

Barbet deduce que la herida fue abierta por una lanza actuada por un soldado de infantería desde el suelo, la cual penetró por el quinto espacio intercostal derecho, atravesó la pleura y el pericardio e hirió la aurícula derecha. La sangre que broto de la lanzada pro­venía de dicha aurícula, y el agua, del pericardio, por virtud de la agonía extraordinariamente penosa del Salvador.

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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