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JUSTICIA A LOS INOCENTES?

Ante la matanza de Inocentes ocurrida poco después del nacimiento de Cristo y que se agudizó a fines del siglo 20 con el uso de píldora abortiva, aborto pre parto y aborto post parto.

El derecho a la legítima defensa, -en los tiempos del mayor crimen masivo en la historia de la humanidad, con cifras tan altas como 4.000.000.000 de abortados desde los años 60’s,- se hace perentorio de establecer, -en un mundo que considera el asesinato, como un método anticonceptivo y que en nombre de la pro choice u opción, no tiene inconveniente en alentar a las abuelas a llevar a sus hijas a matar a sus nietos- hasta donde llega y qué significa.

Como ejemplo analicemos la situación de España, donde entre 2013 y 2017 fueron asesinados 102 menores en el ámbito familiar, de los cuales 48 fueron perpetrados por sus propias madres, 7 de cada 10 niños son asesinados por mujeres. El 80% de los violadores y criminales son hijos de madres solteras, así como el 40% de los suicidas. (Criminal Justice & Behavior, Vol 14, p. 403-26)

El exsatanista , Zachary King, declaró que “El aborto es un sacrificio satánico”.


El metotrexato es usado como agente abortivo en combinación con misoprostol .
Produce, anorexia, diarrea, leucopenia, depresión y enfermedades intestinales y de la médula ósea, también tumefacción y tumores.

Los enemigos de los no nacidos llaman derecho a lo que es un crimen, disfrazan de filantropía y feminismo lo que no es sino esencial odio al prójimo de índole demoníaco, a pesar de toda la dialéctica que lo encubra.

“Toda persona esté sujeta a las potestades superiores: Porque no hay potestad que no provenga de Dios; y Dios es el que ha establecido las que hay en el mundo.

Por lo cual quien desobedece a las potestades, a la ordenación o voluntad de Dios desobedece. Por consiguiente, los que tal hacen, ellos mismos se acarrean la condenación.

Mas los príncipes o magistrados no son de temer por las buenas obras que se hagan, sino por las malas. ¿Quieres tú no tener que temer nada de aquel que tiene el poder? Pues obra bien; y merecerás de él alabanza:

Porque el príncipe es un ministro de Dios puesto para tu bien. Pero si obras mal, tiembla; porque no en vano se ciñe la espada, siendo como es ministro de Dios, para ejercer su justicia castigando al que obra mal.

Por tanto, es necesario que le estéis sujetos, no sólo por temor del castigo, sino también por obligación de conciencia.

Por esta misma razón les pagáis los tributos; porque son ministros de Dios, a quien en esto mismo sirven.

Pagad, pues, a todos lo que se les debe; al que se debe tributo, el tributo; al que impuesto, el impuesto; al que temor, temor; al que honra, honra”. Romanos  13:1,7

Este texto de San Pablo escrito en Tiempos de Nerón, perseguidor de los Cristianos, nos ilustra sobre la importancia de obedecer las leyes civiles justas.

La Sumisión de pedro y Pablo a leyes civiles los llevó al martirio, ejemplo que sería seguido por todos los cristianos, como san Ignacio de Antioquia y los Papas de los primeros 350 años de Cristianismo, quienes fueron todos martirizados y cuya sangre fertiliza la fe en el mundo, que se hizo cristiano hasta nuestros días…

Clemente alejandrino es el primer autor cristiano que justifica el sistema penal con argumentos racionales. Presenta a Moisés como el mejor legislador y muestra los castigos de la Ley mosaica como medios que orientan a la virtud. Hace el elogio de la Ley en implícita alusión a Marción: «Que nadie insulte a la ley como inepta y malvada solo a causa de los castigos que inflige».

Explica el sistema penal desde la imagen médica: un delincuente es como una extremidad infectada que contamina el cuerpo social. Concibe el fin primario de la ley penal como reforma del delincuente, sin embargo, cuando se piensa que el mismo se vuelve irreformable, justifica la pena de muerte como liberación de futuros males para la sociedad.

Desde el principio la sangre de los justos clamó, Dios dijo a Caín, homicida de su hermano: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí” (Gn 4,10). Y como convenía que pidiese cuenta de la sangre de ellos, dijo a los acompañantes de Noé:

“Ciertamente yo demandaré vuestra sangre, que es vuestra vida, de mano de cualquier viviente, como la demandaré de mano del hombre, extraño o deudo. El que derramare la sangre humana, por mano de hombre será derramada la suya; porque el hombre ha sido hecho a imagen de Dios.”

(Gn 9, 5). Y también: “Será derramada la sangre de quien derramare la sangre de un hombre” (Gn 9,6). Y también el Señor, a los que habrían de derramar su sangre: “Se pedirá cuenta de toda la sangre justa derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo de Baraquías, a quien matasteis entre el templo y el altar; en verdad os digo, todas estas cosas vendrán sobre esta generación” (Mt 23,35-36 Lc 11,50-51)

Al tratar sobre los premios y castigos en la pedagogía del Logos, relaciona la terapia de la mutilación con la moral expresándose así: «La reprensión es semejante a una operación quirúrgica realizada en las pasiones del alma. Las pasiones son la úlcera de la verdad y deben eliminarse dividiéndolas por la amputación».

Antes de Clemente, la asociación de la administración de justicia con la medicina se remontaba a Platón, quien considera al delincuente como un enfermo incurable que amenaza al cuerpo social.

Algunos autores apologistas, sin hablar de la ilegitimidad de la pena capital, dicen que los cristianos se hacen culpables cuando miran una ejecución aunque fuese decretada por la ley. Cipriano dice: «Al homicidio se lo considera un crimen cuando se comete privadamente, más se lo llama virtud cuando se ejecuta en nombre del Estado».

Vale la pena tener presentes los siguientes versículos:

Jn 8, 1-11 Jesús y la adúltera,

Mt 10, 34 no vine a traer paz sino la espada,

Mt 26, 52 guarda tu espada en la vaina,

Lc 22, 36 vende la túnica y compra una espada,

Mt 11, 12 el Reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan,

Mt 22, 21 den al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios,

Mt 13, 24-30.36-43 la parábola del trigo y la cizaña.

Ireneo de Lyon a fines del s. II, en polémica con los gnósticos, es el primero de los Padres en comentar el texto paulino de Rom 13.

Afirma que los reinos de la tierra fueron establecidos por Dios y no por el demonio; para ello se apoya en la autoridad de san Pablo y explica: «Estén sujetos a las autoridades todas superiores, porque no hay autoridad que no venga de Dios. Y las que hay han sido ordenadas por Dios. Y de nuevo sobre las mismas: Porque no en vano lleva la espada; ministro como es de Dios, vengador para castigo del que obra mal. Y como prueba de que no habla de los poderes angélicos, ni de principados invisibles, como algunos se atreven a interpretar, sino de las autoridades humanas, añade: También por esto ustedes pagan los tributos, porque son ministros de Dios, encargados de cumplir este oficio».

Las sectas herejes de los gnósticos y marcionitas condenaban todo acto de justicia por ir contra su sistema dualista; ellos como otros,creían No en Uno, sino Dos dioses, Uno del Antiguo Testamento de la justicia, de la violencia y de la espada y un Dios bueno del amor y de la redención. Así eliminaban la justicia del Dios del nuevo testamento, ignorando que Dios es UNO ayer hoy y siempre.

La necesidad de la autoridad radica en la necesidad de poner freno a la violencia. Según Ireneo el pecado embruteció a los hombres y, para que no se devoren como peces unos a otros, Dios les impuso el temor a la autoridad humana. De esa manera se pudo conseguir alguna justicia, ya que el temor de Dios había desaparecido. Para este autor la falta de temor divino manifestado en el fratricidio de Caín hace necesario el ejercicio de la autoridad.

En una sociedad que educa en valores como “Mi cuerpo, mi decision”, ignorando que a quien se asesina no es un lunar sino un ser humano, las leyes parecen haber cambiado del derecho natural y lógico, al derecho positivo u egoista, donde se legisla en función de conveniencias económicas y No absolutos Morales…

Blake, Nabucodonosor, 1795.jpg

«Cuando el hombre se fue apartando de Dios, llegó a tal grado de embrutecimiento, que hasta su pariente le tuvo por enemigo y se movió sin temor en medio de sobresaltos y homicidios de toda clase. Y como no conocían temor de Dios, Él les impuso el temor del hombre, para que sujetos al poder de los hombres y amarrados por su ley lograran alguna justicia y se moderasen unos a otros, por temor a la espada que tenían ante los ojos, según dice el Apóstol: Porque no en vano lleva la espada, ministro como es de Dios, vengador para castigo del que obra mal (Rm 13, 4). De ahí también que los propios magistrados, al tener en las leyes un incentivo de justicia, de lo que obraren con justicia y según ley, no serán interrogados ni sufrirán castigo. Mas en cuantas cosas llevaren a cabo para ruina del justo inicua, ilegítima y tiránicamente, acabarán mal, ya que el justo juicio de Dios a todos llega por igual y sin desfallecimiento alguno. Según eso, el principado en la tierra fue instituido por Dios para utilidad de los paganos. No por el diablo, que jamás está en sosiego, ni consiente siquiera que los propios paganos vivan en paz. A fin de que por temor al principado de los hombres no se devoren, como peces, unos a otros, sino pongan freno mediante la institución de leyes a la multitud de injusticias de los gentiles. Y según esto, ministros son de Dios los que nos exigen tributos, atentos a este servicio (Rm 13, 6)». Ireneo, Adv. Haer. 5, 24, 1-2:

Esto era en la época en que se administraba justicia, diferente de tiempos donde algunas leyes parecen injustas contra quienes No se pueden defender, léase no nacidos, ancianos etc…

Orígenes al comentar Rm 13, 2 realiza una distinción entre el origen divino del poder y su ejercicio concreto; de esa manera justifica la desobediencia a las leyes injustas que van contra la fe.

San Ambrosio, de modo semejante a Orígenes. Comentando Rm 13, 1-6. Sobre el versículo 4 dice:

«La autoridad es ministro de Dios para beneficio de quien obra el bien. Es claro que los jefes han sido puestos para que no se cumpla el mal. Sin embargo, si has hecho el mal teme, porque no sin motivo la autoridad lleva la espada. Esto es: por eso amenaza, para castigar si se descuida».

Juan Crisóstomo en las homilías sobre la carta a los Romanos recuerda que el que obedece es recompensado por la autoridad. Explica que la institución de la autoridad no está ligada solamente al pecado, sino que hace a la concepción del orden y no considera solamente el rol religioso y ético de la autoridad civil sino también su rol político como garante del bien común: «No es poca cosa lo que nos aporta para la vida presente, poniendo en movimiento las armas, rechazando a los enemigos, neutralizando a los sediciosos en las ciudades, resolviendo los procesos que nacen en toda ocasión».

Por eso es tan grave la acotación que hace el beato Scoto a la ley: “Si se le aplicase a la realidad humana, una voluntad arbitraria que prescinde del bien como sistema de dominio, se producirían consecuencias devastadoras de atrocidades y dolor para la familia humana”. Beato Duns Escoto

Optato observa que a veces Dios permite que el mal sea castigado en este mundo explicando que: «Algunos males se realizan con un fin malo y otros males con un fin bueno. El bandido cumple sus malas acciones malvadamente; el juez su riguroso deber para un fin bueno cuando se hace vengador de la culpa perpetrada por el bandido»; indica como provenientes de un mismo Dios los mandamientos de «no matar» (Ex 20, 13; Deut 5, 17; Mt 5, 21) y de castigar con la pena de muerte algunas acciones (Deut 22, 22; Lev 20, 10). Seguidamente dice que los donatistas que fueron matados habían sido ellos mismos la causa de su muerte y que el funcionario imperial Macario actuó por la defensa de los derechos de Dios; del mismo modo Moisés, Pinjás y Elías habían aplicado la pena de muerte. Al final de su obra retoma la defensa del legado imperial contra las acusaciones donatistas por haber sido acogido en la comunidad de la Iglesia. Reconoce que habría sido una culpa grave si el tal Macario hubiera actuado por propia voluntad aquello que tuvo que cumplir. Esta fue la primera vez que un obispo católico defendió de manera decisiva la cooperación del Estado en cuestiones religiosas y su derecho al uso de la espada. También por primera vez se apeló al Antiguo Testamento para justificar estas acciones.

Agustín se vió también envuelto en la controversia donatista. A la luz de Rm 13 ve en el poder un instrumento de Dios para reprimir el mal: «El temor de las penas, aun sin el deleite de la buena conciencia, al menos refrena el mal deseo dentro de los muros del pensamiento. Pero, ¿quién ha establecido esas leyes que reprimen vuestra audacia? ¿no son aquellos de quienes dice el Apóstol no llevan sin motivo la espada?

Dice Hilario que hay casos donde se debe usar legítimamente la espada: «Por la sentencia del juez o por la necesidad de oponerse al ladrón»

Juan Crisóstomo, comentando la parábola del trigo y la cizaña, dice que Dios prohíbe la ejecución de los herejes porque el Señor se reserva el castigo, pero no condena la ayuda del brazo secular para reprimirlos, ni reducirlos a silencio, o para prohibir sus asambleas. Además manifiesta cierta esperanza en la conversión de los mismos.

En el prólogo de la carta 15 de León Magno a Toribio obispo de Astorga se dice:

«Los príncipes de este mundo abominaron de esta sacrílega herejía (el priscilianismo) y proscribieron a su autor y a la mayor parte de sus discípulos con la autoridad de la ley imperial. […] Sin embargo, esta disposición se prorrogó durante algún tiempo más, debido a la mansedumbre de la Iglesia que, aunque satisfecha por la sentencia sacerdotal, rehúye los castigos crueles, aun ayudándose de las severas disposiciones del príncipe de los cristianos. Los que temen el suplicio corporal, con frecuencia recurren a un remedio espiritual».

Ambrosio de Milán tiene una significativa visión frente a la pena capital. Como otros Padres de la Iglesia, reconoce la institución divina de la autoridad terrena. En el cometario al Evangelio de Lucas dice: «No es malo el poder sino la ambición. Por lo demás la institución de la autoridad viene de tal forma de Dios, que el que usa bien de ella se convierte en ministro de Dios: Es ministro de Dios para el bien (Rm 13, 4). No hay culpa alguna en el ministerio sino en el ministro»

Agustín, utiliza Jn 8, 7, el que esté sin pecado tire la primera piedra, para decir que «de ese modo Cristo no recusó la ley, que mandó matar a los culpables; pero, aterrándolos a ellos, los invitó a la misericordia» (153, 4, 9) y Rm 13, 1-8 escribiendo que «estas palabras del Apóstol muestran la utilidad de vuestra severidad» y agrega «nada se hará cruelmente, nada inhumanamente. Así se temerá el castigo del juez, de modo que no se desdeñe la piedad del que intercede» (153, 6, 19). Para él «no se ha instituido en vano la potestad regia, el derecho de vida y muerte del juez. […] La intercesión de los obispos no se opone a esta ordenación de las cosas humanas» (153, 6, 16).

“La Iglesia enseña que las Escrituras son de inspiración divina, que no puede enseñar errores en lo que concierne a asuntos de fe y moral, y que siempre debe interpretarse de la manera en que la Iglesia lo ha entendido tradicionalmente. Pero muchos pasajes de las Escrituras enseñan claramente que la pena capital es legítima, y ​​que la Iglesia siempre ha interpretado que esto es lo que enseña “,Génesis 9: 6 dice: “El que derramare la sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque Dios hizo al hombre a su propia imagen ”. O nuevamente, San Pablo en su Carta a los Romanos enseña que el estado, “no lleva la espada en vano (pero) es el siervo de Dios para ejecutar su ira sobre el malhechor. ”

Pío XII, quien en 1955 defendió la autoridad del Estado para castigar los crímenes, incluso con la pena de muerte. Argumentó que la pena capital es moralmente defendible en todas las edades y culturas porque “el poder coercitivo de la autoridad humana legítima” se basa en “las fuentes de revelación y la doctrina tradicional”. 

Santo Tomás de Aquino, en la Summa Theologica , argumentó que “si un hombre es peligroso e infeccioso para la comunidad, a causa de algún pecado, es loable y ventajoso que lo maten para salvaguardar el bien común.”

Revertir las enseñanzas anteriores sobre la pena capital, “implícitamente diría que todos los papas y las escrituras están equivocados”.

El “principio de no contradicción”, cuando se aplica a la doctrina, significa que lo que antes era verdad doctrinalmente no puede volverse repentinamente no verdadero, la verdad no puede contradecir la verdad”, la comprensión de la verdad se “hace siempre más plena y explícita, y cuanto más profunda es la verdad, lo que es verdad en una era lo será en otra, el tesoro de la verdad revelada, tal como figura en la Sagrada Escritura, en la tradición oral conservada desde los tiempos apostólicos y en los dogmas declarados por la Iglesia, así como en la tradición oral, será siempre el mismo.

Éxo 21:12 El que hiera mortalmente a otro será castigado con la muerte;”

Quien blasfemare el nombre de Yahvé será castigado con la muerte; toda la asamblea le lapidará. Extranjero o indígena, quien blasfemare de Yahvé, morirá.”
Quien hiera a otro mortalmente, morirá. Lev 24 16,17

Catecismo Romano 3500

-Entra dentro de los poderes de la justicia humana el condenar a muerte a los reos. Tal poder judicial, ejercido conforme a las leyes, sirve de freno a los delincuentes y de defensa a los inocentes.

Dictando sentencia de muerte, los jueces no sólo no son reos de homicidio, sino más bien ejecutores de la ley divina, que prohíbe matar culpablemente. Éste es, en efecto, el fin del precepto: tutelar la vida y la tranquilidad de los hombres; y a esto exactamente deben tender los jueces con sus sentencias: a garantizar con la represión de la delincuencia esta tranquilidad de vida querida por Dios. El profeta David escribe: De mañana haré perecer a todos los impíos de la tierra y exterminaré de la ciudad de Dios a todos los obradores de la iniquidad (Salmo 100,8).

3) Por la misma razón no pecan los soldados que en guerra justa combaten y matan a los enemigos. Siempre que su móvil no sea la codicia o la crueldad, sino el deseo y la tutela del bien público.

4) Ni, por supuesto, constituyen pecado las muertes ejecutadas por expreso mandato de Dios. Los hijos de Leví no pecaron de hecho cuando dieron muerte por orden del Señor a millares de personas; más aún, Moisés alabó su acción: Hoy os habéis consagrado a Yavé, haciéndole cada uno oblación del hijo y del hermano (Ex 32,29).

6) Por último, es evidente que no quebranta la ley el que, habiendo antes puesto todas las cautelas posibles, se ve obligado a matar a otro en legítima defensa

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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