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Santa Faz

Santa Faz. Antigua revelación del Cielo. Para combatir a los enemigos de Dios, para derrotar al comunismo. Dada a sor Maria de San Pedro. En 1846 Pío IX, en su encíclica Quipluribus, condenó el comunismo.

En el siglo XIX, la Iglesia Católica enfrentó una de sus crisis ideológicas más profundas. En 1846, el Papa Pío IX denunció en su encíclica Qui Pluribus al comunismo como una doctrina absolutamente contraria al derecho natural. Ante esta amenaza, surgió desde el claustro carmelita de Tours una respuesta mística: la devoción al Sagrado Rostro, revelada a Sor María de San Pedro.

Según las visiones de la religiosa, Jesús le mostró que los «comunistas» eran los nuevos enemigos de la fe que buscaban destruir la civilización cristiana. El Señor le indicó que, así como la Santa Faz había sido desfigurada en la Pasión por los verdugos, el comunismo desfiguraba la imagen de Dios en la sociedad mediante el ateísmo y la blasfemia. Para combatir este mal, Sor María recibió la misión de propagar la Reparación.

El vínculo con el papado se selló en 1849, cuando el Sagrado Rostro se iluminó milagrosamente en el Vaticano durante el exilio de Pío IX. Este evento fue interpretado como un llamado divino a la resistencia espiritual. A través de la Coronilla de la Santa Faz, los fieles encontraron un arma para restaurar el orden sagrado y derrotar las ideologías que pretendían borrar a Cristo del corazón del hombre.

El prodigio central ocurrió en la Basílica de San Pedro en enero de 1849. Durante el exilio de Pío IX, el Velo de la Verónica se iluminó milagrosamente durante tres días, adquiriendo un relieve y una nitidez sobrenaturales. Este evento fue certificado por notarios apostólicos, quienes describieron el rostro de Cristo con una expresión de agonía profunda, interpretada como un dolor divino ante el avance del ateísmo revolucionario.

A partir de este suceso, la devoción se trasladó a Tours a través de Leo Dupont. En su oratorio, una lámpara de aceite ardía frente a una copia del velo certificada por el Vaticano. Durante 30 años, miles de peregrinos sanaron de parálisis, ceguera y tumores al ungirse con dicho aceite. Se documentaron más de 6,000 milagros oficiales entre 1860 y 1876, lo que impulsó la creación de la Archicofradía de la Santa Faz bajo el pontificado de León XIII.

La Coronilla de la Santa Faz se consolidó como una herramienta anticomunista tras las visiones de Sor María de San Pedro, quien afirmó que el comunismo buscaba desfigurar la imagen de Dios en el hombre. La oración fue revelada como un «arma de guerra espiritual» para reparar la blasfemia y el ateísmo estatal. La mística carmelita recibió la promesa de que, así como la Santa Faz restaura la semejanza divina en el alma, esta devoción derrotaría a los enemigos de la fe que pretendían destruir el orden cristiano. Incluso en el siglo XX, estas manifestaciones se ligaron a las advertencias de Fátima sobre la expansión de los errores de Rusia, manteniendo el Sagrado Rostro como el estandarte de la resistencia espiritual contra el materialismo.

En 1884, el Papa León XIII experimentó una visión aterradora tras celebrar la misa: escuchó a Satanás desafiando a Jesús, afirmando que podía destruir a la Iglesia en un siglo si se le daba más poder y tiempo.

  • La Respuesta: Inmediatamente redactó la Oración a San Miguel Arcángel.
  • La Santa Faz: Al año siguiente, en 1885, León XIII elevó la Confraternidad de la Santa Faz al rango de Archicofradía para todo el mundo.
  • Estrategia Unificada: Mientras el Exorcismo de San Miguel combatía el ataque directo del demonio, la Coronilla de la Santa Faz se estableció como la herramienta de «reparación» para sanar el tejido social corrompido por las ideologías ateas (comunismo y masonería).

La Santa Faz no fue una devoción privada, sino una política espiritual de la Santa Sede:

  • San Pío X: La llamó «la devoción más hermosa de estos tiempos» y la consideró esencial para restaurar todas las cosas en Cristo.
  • Pío XII: En plena Guerra Fría, autorizó la Medalla de la Santa Faz (revelada a la Beata María Pierina De Micheli) específicamente para proteger a los cristianos contra el avance del comunismo ateo.

La historia registra cómo la oración colectiva de esta devoción coincidió con retrocesos del avance comunista:

  • Europa Central y la Cortina de Hierro: Durante las décadas de opresión soviética, grupos clandestinos en Polonia, Hungría y Austria mantuvieron viva la reparación a la Santa Faz.
  • Austria (1955): Es el caso más emblemático. Tras una intensa campaña de oración (el Rosario de Expiación y devociones de reparación), las tropas soviéticas abandonaron Austria milagrosamente, siendo el único país ocupado que logró la retirada rusa sin disparar una sola bala.
  • Efecto en la Cristiandad: La devoción enseña que al «reparar» el Rostro de Cristo, se restaura la dignidad del hombre, lo que debilita las bases del colectivismo ateo que busca deshumanizar a la sociedad.

LA BEATA PIERINA DE MICHELI Y LA DEVOCIÓN AL SANTO ROSTRO DE JESÚS.

El martes antes del Miércoles de Ceniza, día que marca el inicio de la Cuaresma, se conmemora una fiesta muy particular: la festividad del Santo Rostro. Se trata de una devoción reciente que fue dada a conocer por la italiana María Pierina di Micheli, religiosa del Instituto de las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires, quien falleció en 1945.

En su vida como religiosa, madre Pierina recibió innumerables gracias, entre ellas varias visiones de la Santísima Virgen María y de Nuestro Señor Jesucristo. A ella se le pidió diera a conocer la devoción a la Santa Faz.

«Quiero que mi Rostro, que refleja los dolores más íntimos de mi Alma, el dolor y el amor de Mi Corazón, sea más honrado. Quien me contempla, me consuela».

La aparición más conocida ocurrió en Milán en mayo de 1938 cuando la Virgen ofrece al mundo la medalla del Santo Rostro para que se convierta en «arma de defensa, un escudo de fortaleza, prenda de misericordia que Jesús quiere dar al mundo en estos tiempos de sensualidad y de odio contra Dios y la Iglesia. Los verdaderos apóstoles son pocos. Es necesario un remedio divino y este remedio es el Santo Rostro de Jesús».

La medalla presenta en un lado el rostro del Santo Sudario de Turín con la inscripción «Ilumina, Domine, vultum Tuum super nos», del salmo 66 que dice: «Señor, que la luz de Tu Rostro brille sobre nosotros»; y por el otro, una hostia iluminada con la inscripción «Mane nobiscum, Domine», que quiere decir «Quédate con nosotros, Señor» del pasaje evangélico de los discípulos de Emaús.

La devoción es también una invitación a contemplar el rostro herido de Jesús para reparar las ofensas cometidas contra él, y así completar la devoción a su Sagrado Corazón. «Puede ser que algunas almas duden, que la devoción y el culto a Mi Rostro venga a disminuir a la de Mi Corazón. Diles, que al contrario, será completada y aumentada. Contemplando Mi Rostro, las almas participarán de Mis dolores y sentirán la necesidad de amar y reparar. ¿Pues, no es ésta la verdadera devoción a Mi Corazón?», señalaba Jesús a la madre Pierina en una de sus revelaciones.

Otra de las solicitudes que se le hizo a la religiosa fue el establecimiento de una fiesta dedicada a su Rostro Santo, que sigue siendo ultrajado por los pecados de los hombres.

«Quiero que mi Rostro, que refleja los dolores más íntimos de mi Alma, el dolor y el amor de Mi Corazón, sea más honrado. Quien me contempla, me consuela (…) Cada vez que se contemple mi cara, derramaré el amor a los corazones y por medio de Mi Santo Rostro se obtendrá la salvación de tantas almas», es la promesa de Jesús para esta devoción.

La invitación es a honrarlo especialmente los martes, según dice otra de las revelaciones, esta vez de Nuestra Señora: «Todo aquel que lleve una medalla como esta y hagan una visita al Santísimo Sacramento cada martes para reparar los ultrajes que recibe el Santo Rostro de mi Hijo durante su Pasión, y que recibe cada día el Sacramento Eucarístico, se verán fortificados en la fe, estarán prontos a defenderla y a superar todas las dificultades internas y externas. Además tendrán una muerte serena bajo la mirada amable de mi Divino Hijo».

SANTA FAZ

¡El Señor te bendiga y te guarde! ¡Haga Yahvé brillar sobre ti su Rostro y tenga misericordia de ti!¡Vuelva su Rostro hacia ti y te conceda la paz!

Oh, Dios de todas las cosas, ten compasión de nosotros; vuelve hacia nosotros tus ojos, y muéstranos la luz de tus misericordias.

Infunde tu temor en las naciones, que no han pensado en buscarte; para que entiendan que no hay otro Dios sino Tú, y pregonen tus maravillas.

Alza tu brazo contra los paganos, para que experimenten tu poder.

Devorados sean por el fuego de la ira …; y hallen su perdición los que tanto maltratan a tu pueblo, verifica las predicciones que anunciaron en tu nombre los antiguos profetas, según la bendición que dio Aarón a tu pueblo, y enderézalo por el sendero de la justicia. Sepan los moradores todos de la tierra, que Tú eres el Dios que dispone los siglos.

“Toma el incensario, echa en él fuego de encima del altar, y pon incienso, y corre hacia el pueblo y haz expiación por ellos, porque el furor ha salido de la faz de Yahvé y ha comenzado ya la plaga.” Y los gentiles que quedaren en torno vuestro conocerán que Yo, Yahvé, he reedificado lo que estaba destruido, y que Yo he plantado lo que estaba devastado.

Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga; vuelva hacia nosotros su rostro sereno, para que sus caminos sean conocidos sobre la tierra, y su salvación entre todas las naciones.

Alzase Dios; sus enemigos se dispersan, y huyen ante Él sus adversarios. Como se desvanece el humo, así se disipan; como se derrite la cera junto al fuego, así perecen los impíos ante la faz de Dios.

Los justos están alegres, saltan de júbilo en la presencia de Dios, y se regocijan con deleite.

Números 6:24-26, Sirac 36:1-19, Ezequiel 36:36, Salmos 67:2-3, Salmos 68:2-4

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De #bottegadivina

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