
Cuando Dios dijo hágase la luz y creó a los ángeles, también les reveló su plan para el hombre y como, una jovencita, seria la reina universal de todo lo creado y ellos tendrían que venerarla, fue cuando Luzbel anuncio “No Serviré”. Lo demás es historia.

El Plan de Dios para encarnarse como criatura, no solo lo reveló a los Ángeles también se lo reveló a los profetas y en la biblia esta toda la historia de estas revelaciones.

La Santa Navidad no es una tradición cultural, es la memoria de un hecho único, la encarnación del Dios Verdadero, el Dios Creador es la época en que el Redentor, presente con nosotros como niño indefenso, nos pide que le adoremos como Rey y Señor del universo.
Este acontecimiento tuvo por testigos cuatro grandes reyes, 3 de ellos, atraídos por el mismo señor, lo llenaron de regalos, pensemos en el poder de estos 3 reyes, que asustó a Herodes, que, aparte de su ejercito, tenia el ejercito Romano y aun asi, tembló ante la magnitud del hecho, no atreviéndose a oponerse a esta adoracion sino colaborando, llamando al sanedrín y los sabios para que asistieran a los recién llegados y les proporcionó el lugar que las escrituras señalan desde antiguo como cuna del salvador, Belen Efrata. El cuarto rey, el propio herodes, le dio como regalo para la historia, lo único que sabía dar, muerte y destrucción, se llamará para la historia, como el martirio de los santos inocentes, y también estaba profetizado desde antiguo.
La navidad “Es el día, en el que el Hijo de Dios vino a destruir la obra el diablo” dice (1 Juan 3: 8) 1Jn 3:8 El que comete pecado, es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto se manifestó el Hijo de Dios: para destruir las obras del diablo.
«Que los fieles -dice san león magno, en el año 450 – rechacen, Que el honor debido sólo a Dios, se mezcle con los ritos de los que rinden culto a las criaturas. La Sagrada Escritura dice: «Adorarás al Señor tu Dios y solo a Él servirás». (De. 6 ,13)
Una vez más se han encendido las luces de la navidad en todo el mundo y una vez más, observamos con tristeza y horror la desacralización de la navidad.

En algunas ciudades la han convertido en un carnaval o comparsa de los mitos y leyendas ancestrales, celebran la llorona y la madre monte, decoran con gusanos, mariposas, ecosistemas, arbolitos y para resumir es una Adoración a la Pachamama o madre Tierra.
No hay Virgen, san josé y mucho menos niño Dios. Se Programan eventos de luces como el rezo del sueño de isidro, un tributo al Bicentenario de la Independencia en vez de la tradicional novena en honor al niño Dios, en parques donde NO hay pesebre. Amenizada con música popular, vallenatos, verbenas, música de carrilera y hasta carranga, aprovechada por la industria licorera para dar «degustaciones», paso hacer un «dinerito», es una fiesta pagana.

En otros lugares es una feria artesanal para venta de sombreros, dulces, juguetes y baratijas.
En Barcelona convirtieron el pesebre en un trasteo con un abierto ánimo de burla. En Madrid se eliminaron los pesebres de las vías públicas.
No se salva ni el vaticano que en los últimos años ha tenido pesebres que han sido motivo de escándalo.

Estamos volviendo al paganismo, que, con la intención de eclipsar el cristianismo se inventó en el año 274 en cabeza del emperador Aureliano el culto al Sol Invictus, un culto a la naturaleza, con la intención de desacralizar la Navidad. Porque precisamente por las mismas escrituras y su estudio por parte de los paganos se sabia sobre la encarnacion de Dios justamente en medio del invierno, se creía que ningún Mensajero de Dios podía nacer en otra época que no fuera esa.
Hay herejes que se atreven a comparar la adoración que tenemos a Dios con el supuesto nacimiento de Horus un falso dios egipcio con cabeza de halcón y como si fuera poco se hacen llamar cristianos. Estos comparan a Jesús con un dios olímpico llamado Dionisio, un demonio que igual que Adonis también, supuestamente, nacieron un 25 de diciembre.
los chinos celebraban los días 24 y 25 de diciembre, la fiesta de la navidad y después, el solsticio de invierno. Ya que santo Tomás evangelizó la China y la India, pero luego los budistas destruyeron toda vestigio de la cristiandad, que por suerte ha sido redescubierto y desenterrada recientemente aunque a los sacerdotes los metieron a la cárcel por revelar estos hallazgos. La historia del Cristianismo en China, es el testimonio de la más larga, radical y violenta persecución contra la iglesia.
Antiguos relieves en la colina de Kong Wang Shan, al nordeste de China, son la prueba de que Tomás y Bartolomé predicaron y evangelizaron China. Incluso es posible que San Judas Tadeo haya llegado hasta allá.
El sacerdote y los dos obispos que llevaron a cabo la investigación fueron encarcelados, pero lograron sacar del país su estudio. En el antiguo puerto de Lianungang, cerca de la capital de la China de los Han, en la ruta de la seda por el mar, -hasta donde según la tradición llegó el apóstol Tomás- quien junto con Nathanael Bartolomé y Judas Tadeo son los tres apóstoles que sembraron las semillas de la iglesia cristiana al este del Imperio Romano. Los relieves en piedra se conocen como Kong Wang Shan y constituyen un friso de 20 metros de ancho, en origen policromado, que data de los años 69-71 y que aparece en los anales relativos a la dinastía de los Han.
Los persas celebraban espléndidas fiestas en honor de Mitra, cuyo nacimiento festejaban el 25 de diciembre. Siempre imitando a Cristo, el demonio sabe engañar. Mitra fue traído a Roma en el año 62 DC por los legionarios que habían invadido Persia. Anualmente, cada 25 de diciembre, en todo el Imperio romano se celebraba el Natalis Solis Invictus (Natalicio del Sol Invencible). Es decir, la Navidad de Mitra. Introducida por los emperadores romanos para opacar el nacimiento del salvador.
En México, en diciembre conmemoraban el nacimiento de Quetzalcoatl, cuya venida esperaban, asi que no podemos menos que estar seguros que de alguna forma el señor se les había anunciado. En 1519, el emperador Moctezuma creyó que Hernán Cortés era ese dios al que esperaban desde hacía siglos, y que se representaba como blanco y barbado, una especie de prefiguración del salvador.
Isaías Isa 7:13 Dijo Isaías: «Oíd, pues, casa de David: ¿Os parece poco cansar a los hombres, que cansáis también a mi Dios?
Isa 7:14 Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.
Isa 7:15 Cuajada y miel comerá hasta que sepa rehusar lo malo y elegir lo bueno.
Isa 7:16 Porque antes que sepa el niño rehusar lo malo y elegir lo bueno, será abandonado el territorio cuyos dos reyes te dan miedo.
Isa 7:17 Yahveh atraerá sobre ti y sobre tu pueblo y sobre la casa de tu padre, días cuales no los hubo
Isaías 9:5 Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre «Maravilla de Consejero», «Dios Fuerte», «Siempre Padre», «Príncipe de Paz».
Isa 9:6 Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso.
Isa 9:7 Una palabra ha proferido el Señor en Jacob, y ha caído en Israel.
Miqueas 5: Miq 5:1 Mas tú, Belén Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño.
Miq 5:2 Por eso él los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz.
Miq 5:3 El se alzará y pastoreará con el poder de Yahveh, con la majestad del nombre de Yahveh su Dios. Se asentarán bien, porque entonces se hará él grande hasta los confines de la tierra.
Miq 5:4 El será la Paz.
Génesis 49:8 A ti, Judá, te alabarán tus hermanos; tu mano en la cerviz de tus enemigos; inclínense a ti los hijos de tu padre.
Gén 49:9 Cachorro de león es Judá; de la presa, hijo mío, has vuelto; se recuesta, se echa cual león, o cual leona, ¿quién le hará alzar?
Gén 49:10 No se irá de Judá el báculo, el bastón de mando de entre tus piernas. hasta tanto que se le traiga el tributo y a quien rindan homenaje las naciones;
Gén 49:11 el que ata a la vid su borriquillo y a la cepa el pollino de su asna; lava en vino su vestimenta, y en sangre de uvas su sayo;
Núm 24:16 oráculo del que escucha los dichos de Dios, del que conoce la ciencia del Altísimo; del que ve lo que le hace ver Sadday, del que obtiene la respuesta, y se le abren los ojos.
Números 24:17 Lo veo, aunque no para ahora, lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una estrella, un cetro surge de Israel. Aplasta las sienes de Moab, el cráneo de todos los hijos de Set.
Núm 24:18 Será Edom tierra conquistada, tierra conquistada Seír. Israel despliega su poder
Isaías 11: 1,2 «Saldrá una vara del tronco de Isaí; un vástago retoñará de sus raíces y reposará sobre él el espíritu de dios
Salmos Sal 72: El hará justicia a los humildes del pueblo, salvará a los hijos de los pobres, y aplastará al opresor.
Sal 72:5 Durará tanto como el sol, como la luna de edad en edad;
Sal 72:6 caerá como la lluvia en el retoño, como el rocío que humedece la tierra.
Sal 72:7 En sus días florecerá la justicia, y dilatada paz hasta que no haya luna; quizá hablando de la oscuridad de crucifixion
Sal 72:8 dominará de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra.
Sal 72:9 Ante él se doblará la Bestia, sus enemigos morderán el polvo;
Sal 72:10 los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos;
Sal 72:11 todos los reyes se postrarán ante él, le servirán todas las naciones.
Sal 72:12 Porque él librará al pobre suplicante, al desdichado y al que nadie ampara;
Sal 72:13 se apiadará del débil y del pobre, el alma de los pobres salvará.
Sal 72:14 De la opresión, de la violencia, rescatará su alma, su sangre será preciosa ante sus ojos;
Jeremías Jer 31:15 Así dice Yahveh: En Ramá se escuchan ayes, lloro amarguísimo. Raquel que llora por sus hijos, que rehúsa consolarse – por sus hijos – porque no existen.
Jer 31:16 Así dice Yahveh: Reprime tu voz del lloro y tus ojos del llanto, porque hay paga para tu trabajo – oráculo de Yahveh -: volverán de tierra hostil, y hay esperanza para tu futuro –
Oseas Ose 11:1 Como pasa el crepúsculo de la mañana, así pasó el rey de Israel. Al principio era la casa de Israel un niño, yo lo amé; y yo llamé e hice venir de Egipto a mi hijo.
Ose 11:2 Mis profetas amonestaron a los hijos de Israel; pero éstos se alejaron tanto más de ellos, ofrecían víctimas a Baal y sacrificios a los ídolos.
Ose 11:3 Yo me hice como ayo de Efraín, le traje en mis brazos, y los hijos de Efraín desconocieron que yo soy el que cuida de su salud.
Ose 11:4 Yo los atraje hacia mí con vínculos propios de hombres, con los vínculos de la caridad; yo fui para ellos como quien les aliviaba el yugo que apretaba sus quijadas, y les presenté qué comer.
Ose 11:5 No volverán ya todos ellos a la tierra de Egipto; sino que el asirio será su rey, por cuanto no han querido convertirse.
Zacarias 9:9 Alégrate sobremanera, hija de Sión, Grita exultante, hija de Jerusalén. He aquí que viene a ti tu Rey, justo y victorioso, humilde, montado en un asno, en un pollino hijo de asna.
Jeremías 23:5 Mirad que viene el tiempo, dice el Señor, en que yo haré nacer de David un vástago, un Descendiente justo, el cual reinará como rey, y será sabio, y gobernará la tierra con rectitud y justicia. En aquellos días suyos, Judá será salvo, e Israel vivirá tranquilamente; y el nombre con que será llamado aquel rey, es el de Justo Señor o Dios nuestro.
Catena
Por aquellos días se promulgó un edicto de César Augusto, mandando empadronar a todo el mundo. Este fue el primer empadronamiento hecho por Cirino, gobernador de Siria. Y todos iban a empadronarse, cada cual a la ciudad de su estirpe. José subió también de Galilea de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén: pues era de la casa y familia de David, para empadronarse, con María, su esposa, la cual estaba encinta. (vv. 1-5)
Beda. Así como el Hijo de Dios, viniendo en carne mortal, nace de una Virgen, dando a entender cuánto le agrada la virtud de la virginidad, así también viniendo al mundo en tiempo de paz enseña a buscarla, dignándose visitar a los que la aman. No pudo haber una señal más clara de la paz que la de reunir a todo el mundo bajo un solo cetro, cuyo moderador Augusto, hacia el tiempo del nacimiento del Señor reinó con tanta paz durante doce años, en que, pacificadas las guerras en todo el mundo, pareció que se cumplía al pie de la letra el vaticinio del profeta, y por esto dice: «Por aquellos días se promulgó un edicto», etc.
Expositor Griego. Nació Jesucristo cuando habían dejado de existir los príncipes de los judíos y había pasado su imperio a los emperadores romanos, a quienes los judíos pagaban tributo. Así se cumplió la profecía que había anunciado que no faltaría un príncipe de la descendencia de Judá hasta que viniera el que había de ser enviado (Gn 49,10.) Pero César Augusto -en el año cuarenta y dos de su reinado- publicó un edicto mandando empadronar a todo el mundo para que pagase tributo, cuyo encargo había confiado a Cirino, a quien nombró presidente de Judea y de Siria. Dice, pues: «Este fue el primer empadronamiento», etc.
Beda. Dice que este empadronamiento fue el primero, o porque comprendió a todo el mundo -constando como consta que muchos puntos de la tierra habían sido empadronados otras veces en particular-, o porque se llevó a cabo cuando Cirino fue enviado a Siria.
San Ambrosio. Con toda oportunidad se dice el nombre del presidente para señalar la época en que tuvo lugar, porque si se inscriben los nombres de los cónsules en las tablas de los contratos ¿con cuánta más razón debe inscribirse también el tiempo de la redención de todos?
Beda. Por disposición superior se hizo la inscripción del censo de tal modo que se mandaba que cada cual fuese al pueblo donde había nacido, conforme con lo que sigue: «Y todos iban a empadronarse, cada cual a su ciudad». Por lo cual sucedió que nuestro Señor fue concebido en un sitio y nació en otro, para evitar así con más seguridad el furor de Herodes. Y prosigue: «José subió también de Galilea», etc.
San Juan Crisóstomo, in diem natalem Christi. Augusto dio este edicto por disposición de Dios para servir a la presencia de su Unigénito. Porque este edicto obligaba a la Madre a ir a su patria, que ya habían anunciado los profetas, esto es, a Belén de Judea. Así es que dice: «A la ciudad de David, que se llama Belén».
Expositor Griego. Por esto añade «a la ciudad de David», para anunciar que se había cumplido ya la promesa que Dios hizo a David (que había de nacer de su descendencia el rey inmortal de los siglos) Y prosigue: «Como era de la casa y familia de David». Como José era de la descendencia de David, ha querido decir el evangelista que la Santísima Virgen también era de la misma familia, porque la ley divina mandaba que se casasen los descendientes de una misma familia, por esto dice: «Con María, su esposa», etc.
San Cirilo.Dice, pues, su esposa, insinuando que no estaban más que desposados cuando se verificó la concepción, porque la Santísima Virgen no concibió por obra de varón.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia, 8. En sentido místico se empadrona el mundo cuando ha de nacer el Señor, porque aquél que aparecía en carne mortal, debía inscribir a sus escogidos en la eternidad.
San Ambrosio. Y cuando se trata de la inscripción temporal, se comprende también la espiritual, no para el Rey de la tierra, sino para el del cielo. Esta profesión de fe es el censo de las almas, pues abolido el antiguo censo de la sinagoga, se preparaba el nuevo de la Iglesia. Finalmente, para que se comprenda que este censo no es obra de Augusto, sino de Cristo, se manda a todo el mundo que se inscriba. ¿Quién, pues, podría exigir el empadronamiento de todo el mundo, sino aquél que tiene dominio sobre todo el orbe? Pues el mundo no es de Augusto, sino que «del Señor es la tierra», etc. (Ps 23)
Beda. Cumplió perfectamente el nombre de Augusto, porque deseó aumentar los suyos, siendo poderoso para aumentarlos.
Teofilacto. Era también conveniente que desapareciese el culto de muchos dioses por medio de Jesucristo, y que sólo fuese adorado el único Dios.
Orígenes, in Lucam hom. 11. Parece que en esto se da a conocer la figura de un sacramento a quien la medite con atención. Porque en el censo de todo el mundo fue conveniente que figurase Jesucristo puesto que, como había de santificar a todos, debía ser contado en el censo del universo general, para ponerse en comunidad con él.
Beda. Así, pues, como cuando mandaba Augusto, y siendo presidente Cirino, iban todos a sus pueblos para inscribirse en el censo, así ahora, mandando Jesucristo por medio de sus doctores (los jefes de la Iglesia), debemos inscribirnos en el censo de la justicia.
San Ambrosio. Esta es, pues, la primera declaración de las almas al Señor, para quien todas se declaran. Hecha no a la voz de un pregón, sino del profeta que dice (Ps 46,2): «Naciones todas, dad palmadas de aplauso». Por último, para hacer ver que el censo se hace con justicia, vienen a obedecerlo José y María, esto es, un justo y una virgen; aquél, que había de proteger al Verbo y ésta que había de darlo a luz.
Beda. Nuestra ciudad y nuestra patria son la eterna felicidad, a la cual debemos ir, creciendo todos los días en las virtudes. La Iglesia Santa con sus doctores, abandonando el trato mundano, que es lo que significa Galilea, y subiendo a la ciudad de Judá, que significa confesión y alabanza, paga el censo de su devoción al Rey eterno. Y, a semejanza de la bienaventurada Virgen María, nos concibe virgen por obra del Espíritu Santo. Desposada con Cristo por El, unida de una manera visible al pontífice -su jefe- es colmada de la invisible virtud del Espíritu Santo, dando a entender con su mismo nombre que los esfuerzos del maestro que habla nada valen si, para ser entendido, no recibe el auxilio de la gracia divina.
LUCAS 2,6-7
Y sucedió que, hallándose allí, le llegó la hora del parto, y parió a su hijo primogénito, y envolvióle en pañales, y recostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. (vv. 6-7)
San Ambrosio. San Lucas explicó brevemente el modo, el tiempo, y aun el lugar, en que Jesucristo nació según la carne, diciendo: «Y sucedió que, hallándose allí, le llegó la hora del parto», etc. El modo, en realidad de verdad, porque como desposada había concebido, pero como virgen había engendrado.
San Gregorio Niseno, in diem nat. Christi. Apareciendo como hombre, no se somete en todo a las leyes de la naturaleza humana. El nacer de la mujer demuestra la naturaleza humana. Pero la virginidad, que había servido para aquel nacimiento, manifiesta que es superior al hombre. Su Madre lo lleva con alegría, su origen es inmaculado, fácil el parto, su nacimiento sin mancha y sin dolores. Porque convenía que, así como fue condenada a alumbrar con dolores la que por su culpa introdujo la muerte en nuestra naturaleza, alumbrase por el contrario con alegría la Madre de la vida. Viene a la vida de los mortales por la pureza virginal en el momento en que empiezan a disiparse las tinieblas y aquella oscuridad nocturna e inmensa desaparece por la fuerza del rayo vivificador. Porque la muerte era el fin de la gravedad del pecado y ahora va a ser destruida ante la presencia de la verdadera luz, que habrá de iluminar a todo el mundo por medio de los rayos evangélicos.
Beda. También el Señor se dignó encarnar en un tiempo en que inmediatamente pudo ser inscrito en el censo del César, sometiéndose así a la servidumbre por nuestra libertad. Además nace en Belén no sólo para manifestar su distintivo de rey, sino también por el sentido oculto de este nombre.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia.
Porque Belén quiere decir casa del pan y El mismo es quien dice: «Yo soy el pan vivo que bajé del cielo» (Jn 6,41) El lugar en que nace el Señor se llamaba antes casa del pan, porque había de suceder que aparecería allí, según la carne, aquel que había de robustecer las almas de sus escogidos con una saciedad interior.
Beda. Pero el Señor no dejará de ser concebido en Nazaret, ni de nacer en Belén hasta la consumación de los siglos, porque cada uno de aquellos que recibiere la flor de su palabra será convertido en habitación del pan eterno, siendo concebido cada día por la fe en el seno virginal, esto es, en el corazón de los creyentes y engendrado por el bautismo.
«Y dio a luz -prosigue- a su hijo primogénito», etc.
San Jerónimo, contra Helvidium. Fundado en esto, Helvidio defiende que no puede llamarse primogénito sino aquél que tiene hermanos, así como se llama unigénito aquél que es hijo único. Nosotros lo explicamos así: todo unigénito es primogénito; pero no todo primogénito es unigénito. Decimos que no es primogénito aquél a quien siguen otros, sino el que ha sido engendrado primero. De otro modo, si no es primogénito más que aquel a quien siguen sus hermanos, no hubieran tenido derecho a recibir las primicias los sacerdotes hasta que no hubiesen nacido otros. Porque no teniendo otro hijo, el primero era único hijo y no primogénito.
Beda. También es unigénito, según la divinidad; primogénito, según la acepción humana. Primogénito, según la gracia, y unigénito, según la naturaleza.
San Jerónimo, contra Helvidium. Allí no hubo quien recibiera al Niño, ni intervino la solicitud de las mujeres. La Madre envuelve al Niño en los pañales, y sirve a la vez de madre y de matrona, por lo cual dice: «Y envolvióle en pañales».
Beda. Aquél, que viste a todo el mundo con tanta variedad de adornos, es envuelto en pobres pañales, para que nosotros podamos recibir la primera vestidura. Las manos y los pies de Aquél que ha hecho todas las cosas son ligados para que nuestras manos estén siempre dispuestas a obrar el bien y nuestros pies a marchar por el camino de la paz.
Expositor Griego. ¡Oh, admirable tortura y extremada penuria, a que se ve sometido el que gobierna al universo! Desde el principio se apropia toda la pobreza y la enriquece, o la honra, en sí mismo.
San Juan Crisóstomo, homilia in diem Christi natal. Además, si hubiera querido, pudo venir estremeciendo al cielo, agitando la tierra y lanzando rayos. Pero no vino así porque no quería perdernos, sino salvarnos, y quería también desde el primer momento de su vida abatir la soberbia humana. Por esto, no solamente se hace hombre, sino hombre pobre, y eligió una Madre pobre, que carecía incluso de cuna en donde poder reclinar al recién nacido. Y continúa: «Y recostóle en un pesebre».
Beda. Y se ve en la estrechez de un pesebre duro Aquel a quien el cielo sirve de asiento, para poder ofrecernos las alegrías del reino de los cielos. Aquél -que es el pan de los ángeles- está recostado en un pesebre para poder fortificarnos como animales santos con el trigo de su carne.
San Cirilo.Encontró al hombre embrutecido en su alma y por esto fue colocado en un pesebre como alimento para que, transformando la vida bestial, podamos ser llevados a una vida conforme con la dignidad humana tomando, no el heno, sino el pan celestial que es el cuerpo de vida.
Beda. El que se sienta a la derecha del Padre se halla en lugar pobre y desabrigado, para prepararnos muchas mansiones en la casa de su Padre (Jn 14) De aquí prosigue: «Porque no hubo lugar para ellos en el mesón». No nace en la casa de sus padres, sino en un mesón, y en el camino, porque por medio del misterio de la encarnación se hizo el camino por el cual nos lleva a la patria, en donde disfrutaremos de la verdad de la vida.
San Gregorio, homilia in Evangelia, 8. Para mostrar que por la humildad de que se había revestido nacía -por decirlo así- en lugar extranjero, no según el poder, sino según la naturaleza.
San Ambrosio. Por nosotros, pues, está en la debilidad; por El en el poder. Por nosotros en la pobreza, por El en la opulencia. No nos detengamos, pues, en lo que vemos, sino en que hemos sido redimidos. Señor, más te debo por haber sido redimido en virtud de tus injurias, que por haber sido criado entre tus obras. De nada me aprovecharía el haber nacido, si a la vez no hubiera sido redimido.
Mat 1:23 Advierte; «Mirad, la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Emmanuel», que significa «Dios-con-nosotros».
Ya cristo había dicho, escudriñad las escrituras, ellas hablan de Mi, asi que “todo esto fue hecho para que se cumpliese lo que habló el Señor por el Profeta, que dice: He aquí la Virgen concebirá, y parirá hijo: y llamarán su nombre Emmanuel, que quiere decir «con nosotros Dios». (v. 22-23)
Remigio
Fue costumbre del evangelista comprobar sus asertos con testimonios del Antiguo Testamento. Además para que los judíos que habían creído en Cristo reconociesen haberse cumplido las predicciones hechas en la antigua ley en la gracia del Evangelio añade: «Mas todo esto fue hecho». Se podría, no obstante, preguntar sobre este lugar, por qué dice «todo esto fue hecho», si antes no nos ha referido más que la concepción. Lo dice para enseñarnos que todo esto se verificó en la presencia de Dios antes que se realizase en el tiempo entre los hombres. O también, como narrador de cosas pasadas, nos dice que todo esto fue hecho, porque ya todo se había verificado cuando él lo escribió.
Rábano
O dice que fue hecho todo esto, es decir, que la Virgen se desposaría, que se mantendría perfectamente casta, que se hallaría fecunda, que el ángel lo revelaría, para que la predicción se cumpliese. Pues mal podría cumplirse que la Virgen concibiera y diese a luz de no estar antes desposada, para que no la apedreasen, y sin que el ángel descubriese el secreto, para que José la recibiese, puesto que repudiada, se diría haberlo sido por infamia y moriría apedreada. Si antes del parto moría, quedaría sin cumplimiento la profecía que dice: «Parirá un hijo».
La glosa
la profecía no se cumplió porque la predicción estaba hecha, sino que se cumplía como ilativa, en el sentido que la vemos usada en el Génesis, cuando jose interpreta el sueño del copero del rey y el panadero a quien jose le dijo que le colgarían y mas tarde dice: «Colgó al otro en una horca, de manera que se acreditó la verdad del intérprete» (Gén_40:22). Y así debe entenderse en este caso: que verificado esto que estaba predicho, la profecía se cumplió.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 5
O que el ángel contempló la profundidad de la misericordia divina, traspasadas las leyes de la naturaleza, y contempló a Aquel que era superior a todos, haber descendido hasta el hombre, que era inferior a todos. Y muestra este prodigio en una sola expresión: «Mas todo esto fue hecho», como si dijera: «No creas que todo esto es del agrado de Dios ahora solamente», hace tiempo que está de antemano ordenado. Y con mucha razón, el ángel aduce la profecía no a la Virgen y sí a José, como a hombre que meditaba en los profetas, y versado en su lectura. Porque es de notar que primero había llamado cónyuge a la Virgen, mientras que ahora la llama Virgen con el profeta, para que oyesen esto mismo del profeta, porque hacía mucho tiempo que estaba pensado. Por eso, en prueba de lo que estaba diciendo, aduce las palabras de Isaías o más bien de Dios: porque no dice: «Para que se cumpliese lo que habló Isaías», sino «lo que habló el Señor por Isaías».
San Jerónimo, in Isaiam, 7
A las palabras aducidas del profeta, preceden estas otras: «El mismo Señor os dará una señal». Esta señal debe ser cosa nueva y admirable. Ahora bien, si -como pretenden los judíos y los protestantes-, quien ha de parir es una muchacha, una jovencita, no una virgen, ¿qué señal puede llamarse tal suceso, cuando el nombre de jovencita o muchacha no indica más que la edad y no integridad? Cierto que la palabra virgen se expresa en hebreo por la de bethula, y que no está consignada en la profecía, sino que se pone la de almah,2 que las versiones -con excepción de los Setenta- han vertido por la de «jovencita». Pero la voz almah entre los hebreos tiene dos significaciones «jovencita» y «ocultada», luego la voz almah no sólo expresa una muchacha o virgen cualquiera, sino una virgen escondida y retirada, jamás expuesta a las miradas de los hombres, antes bien, guardada por sus padres con el mayor cuidado. Además, la lengua fenicia, derivada del hebreo, da con propiedad a la voz almah el significado de virgen, y nuestro idioma el de santa. A pesar de que los hebreos emplean en su lengua vocablos de casi todas las otras no recuerdo, por más que torturo mi memoria, haber leído jamás la palabra almah para expresar una mujer casada, sino siempre la que es virgen. Y no simplemente virgen, sino en los años de la adolescencia, porque también una vieja puede ser virgen; una virgen en los años de la pubertad, no una muchacha incapaz todavía de conocer varón.
San Jerónimo, in evangelium Matthaei
El evangelista dice: «Tendrá en su seno»; el profeta, como que predice lo que ha de ser, escribió: «Recibirá». El evangelista, como que refiere lo sucedido, no lo futuro, omitió el «recibirá» y puso «tendrá»; porque el que ya tiene, mal podrá recibir. Pero dice: «He aquí la Virgen concebirá y parirá hijo».
San León Magno, ad Flavianum, 28,2
Fue, sin duda, concebido del Espíritu Santo, dentro del útero de su Madre Virgen, que lo dio a luz, salvando su virginidad, igual como concibió sin detrimento de ésta.
San Agustín, in sermonibus de Nativitate
El que con sólo su tacto podía volver a su primera integridad los miembros de los cuerpos en los otros, hechos pedazos, ¿con cuánta más razón al nacer no conservaría inalterable en su Madre lo que en Ella encontró íntegro? Su nacimiento, pues, aumentó más bien que disminuyó la integridad corporal, y lejos de hacer desaparecer la virginidad, la agrandó más y más.
Teodoreto, homiliae 1 et 2 in concilio Ephesino
Pero, como dice Fotino, es un simple hombre el que ha nacido (sin ver en su nacimiento el de Dios). Y al que salió del seno nos lo presenta como un hombre cualquiera, y no unido a la divinidad, díganos ahora, cómo la humana naturaleza nacida del seno virginal, ha conservado incorrupta la virginidad. Nunca ha permanecido virgen la madre de ningún hombre. Pero como Dios Verbo nació en carne, conservó la virginidad maternal mostrando en tal nacimiento que El era el Verbo. Pues si al ser producido nuestro verbo, no daña la mente, menos aún lastimó su virginidad el Verbo de Dios, al nacer por elección suya de Mujer. Sigue luego: «Y llamarán su nombre Emmanuel «.
San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 5
En realidad aquí se pone nombre a un hecho. Acostumbra la Escritura poner por nombre los hechos mismos que se verifican. Así, al decir: «Llamarán su nombre Emmanuel», es como si dijera: «Verán a Dios entre los hombres». Por eso no dice «lo llamarás», sino «lo llamarán», es decir, así lo llamarán las gentes y así lo confirmarán los hechos.
Rábano
Primero, los ángeles entonando cánticos; segundo, los apóstoles predicando; luego, los santos mártires; y por fin, todos los creyentes.
San Jerónimo, in Isaiam 7,14
Los Setenta, y los otros tres traductores, vertieron asimismo «llamarás» por el «llamarán» que aquí está escrito y que no está en el hebreo: pues el verbo qarathi, que todos han traducido «llamarás», puede traducirse también «llamará»; es decir, que la misma Virgen que concebirá y parirá al Cristo, lo llamará Emmanuel, o Dios con nosotros.
Remigio
Habría que investigar quién ha explicado este nombre: si el profeta, el evangelista o algún traductor. El profeta no lo explicó, y el santo evangelista no tenía necesidad de explicarlo puesto que escribía en hebreo.3 Tal vez porque este nombre era de oscuro sentido entre los hebreos merecía explicación. Pero más creíble parece que lo explicara algún traductor para que los latinos lo entendiesen, después de todo, por este nombre se designan las dos naturalezas -divina y humana- en la unidad de persona de Nuestro Señor Jesucristo. Esto es, que el engendrado por Dios Padre antes de todos los siglos de una manera inefable, ése mismo se hizo en la plenitud de los tiempos Emmanuel, Dios con nosotros, de una Madre Virgen. Este nombre «Dios con nosotros» puede significar que se hizo, como nosotros, pasible, mortal, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado, o que unió a su naturaleza divina en unidad de persona nuestra frágil naturaleza que se dignó asumir.
San Jerónimo, in Isaiam 7,14
Mas, es de saber que los hebreos pretenden que esta profecía concierne a Ezequías hijo de Akaz, porque en su reinado fue tomada Samaria. Afirmación que no pueden probar de modo alguno, porque Akaz, hijo de Joatam reinó sobre Judá y Jerusalén dieciséis años, a quien sucedió en el reino de su hijo Ezequías, a los veintitrés años de edad, y reinó sobre Judá y Jerusalén veintinueve años. ¿Cómo, pues, la profecía hecha a Akaz en el primer año de su reinado podía referirse a la concepción y nacimiento de Ezequías, siendo así que éste tenía ya nueve años cuando empezó a reinar su padre Akaz? A menos que digan que el sexto año del reinado de Ezequías, en el que Samaria fue tomada, se llama la infancia de éste, pero no infancia de edad, sino de mando, interpretación forzada y violenta a todas luces. Un judaizante de los nuestros sostiene que el profeta Isaías tuvo dos hijos: Jasub y Emmanuel; y que el Emmanuel nació de su mujer la profetisa como figura del Señor y Salvador; pero esto es pura fábula.
Pedro Alfonso, in dialogo contra Iudaeos
Pues no se sabe que ningún hombre de aquel tiempo se haya llamado Emmanuel. Mas objeta el hebreo: ¿Cómo puede sostenerse que esto se haya dicho por Cristo y María, habiendo mediado desde Akaz hasta María tantos centenares de años? Aunque el profeta habla a Akaz, la profecía no se dijo para él sólo ni para su época, pues dice: «Oíd, casa de David» y no «Oye tú Akaz». Además, «El mismo Señor os dará una señal» añade el profeta, como si dijera «el Señor y no otro»; de lo que cualquiera puede inferir que el Señor mismo, en persona, había de ser la señal. Y al decir en plural a vosotros y no a ti, en singular, se deduce que no precisamente por Akaz, o sólo a Akaz se dijo el contenido de la profecía.
San Jerónimo, in Isaiam 7,14
Debe, pues, entenderse lo que se dice a Akaz en este sentido: Casa de David, este niño que nacerá de la Virgen, se llama ahora Emmanuel, porque los sucesos mismos te demostrarán, una vez librada de dos reyes enemigos, que Dios te tiene presente. Pero después será llamado Jesús, es decir, Salvador, porque El salvará a todo el linaje humano. No te admires, por tanto, Casa de David, de que la Virgen dé a luz a Dios, que tiene tan grande poder, que habiendo de nacer después de mucho tiempo, te libra ahora sólo por haber sido invocado.
San Agustín, contra Faustum, 12,45 y 13,7
¿Quién, por loco que se le suponga, diría con los maniqueos que es propio de una fe débil no creer en Cristo sin algún testimonio, cuando el apóstol dice: «¿Cómo creerán a aquél que no oyeron? ¿Y cómo oirán sin predicador?» (Rom_10:14). Mas para que no se despreciase ni se tuviese por fábula lo que anunciaban los apóstoles, se ha hecho ver que lo sucedido estaba ya vaticinado por los profetas. Porque aunque los milagros atestiguaban la verdad de sus anuncios, no hubiera faltado quien atribuyese a poderes mágicos los milagros mismos, de no salir al encuentro el testimonio profético, convenciendo a su vez a los que así pensaran. Porque no creo que haya nadie que avance hasta la afirmación de que El se dio a sí mismo profetas que le anunciasen mucho antes de nacer. Si dijéramos además a un gentil: Cree en Cristo porque es Dios, y respondiera: ¿Por qué lo he de creer? E invocando la autoridad de los profetas, nos dijera que no lo admite, le demostraríamos que la fe en los profetas está justificada por la evidencia que tenemos de haber sucedido todo lo que ellos predijeron. Creo que se rendiría al hecho evidente del triunfo de la religión cristiana sobre las naciones y los reyes de la tierra, después de haber sufrido tantas persecuciones, todo lo cual habían desde mucho antes anunciado los profetas. Y oyendo las profecías y viendo que se han realizado en todas partes, le movería a creer tantos testimonios.
La glosa
El error de éstos queda fuera de lugar con lo que dice el evangelista: «Para que se cumpliese lo que habló el Señor por el profeta». Hay varias clases de profecías. Una es por predeterminación de Dios. Su cumplimiento se verifica necesariamente, sin mezclarse en nada para ello nuestro libre albedrío, como la profecía de que hablamos, y por eso dice: «He aquí» para demostrar la certeza de la profecía. Otra es por la presciencia de Dios, en cuya realización toma parte nuestro albedrío, y con la cooperación de la gracia alcanzamos el premio, o abandonados por ella, a causa de nuestra culpa, nos hacemos reos del tormento. Y hay otra profecía, que no es de presciencia precisamente, sino cierta amenaza formulada al modo humano, como la del profeta Jonás «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida» (Jon_3:4); es decir, si los ninivitas no se enmiendan.
Lucas 2:6-7
Y sucedió que, hallándose allí, le llegó la hora del parto, y parió a su hijo primogénito, y envolvióle en pañales, y recostóle en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón. (vv. 6-7)
San Ambrosio
San Lucas explicó brevemente el modo, el tiempo, y aun el lugar, en que Jesucristo nació según la carne, diciendo: «Y sucedió que, hallándose allí, le llegó la hora del parto», etc. El modo, en realidad de verdad, porque como desposada había concebido, pero como virgen había engendrado.
San Gregorio Niseno, in diem nat. Christi
Apareciendo como hombre, no se somete en todo a las leyes de la naturaleza humana. El nacer de la mujer demuestra la naturaleza humana. Pero la virginidad, que había servido para aquel nacimiento, manifiesta que es superior al hombre. Su Madre lo lleva con alegría, su origen es inmaculado, fácil el parto, su nacimiento sin mancha y sin dolores. Porque convenía que, así como fue condenada a alumbrar con dolores la que por su culpa introdujo la muerte en nuestra naturaleza, alumbrase por el contrario con alegría la Madre de la vida. Viene a la vida de los mortales por la pureza virginal en el momento en que empiezan a disiparse las tinieblas y aquella oscuridad nocturna e inmensa desaparece por la fuerza del rayo vivificador. Porque la muerte era el fin de la gravedad del pecado y ahora va a ser destruida ante la presencia de la verdadera luz, que habrá de iluminar a todo el mundo por medio de los rayos evangélicos.
Beda
También el Señor se dignó encarnar en un tiempo en que inmediatamente pudo ser inscrito en el censo del César, sometiéndose así a la servidumbre por nuestra libertad. Además nace en Belén no sólo para manifestar su distintivo de rey, sino también por el sentido oculto de este nombre.
San Gregorio Magno, homiliae in Evangelia
Porque Belén quiere decir casa del pan y El mismo es quien dice: «Yo soy el pan vivo que bajé del cielo» (Jua_6:41). El lugar en que nace el Señor se llamaba antes casa del pan, porque había de suceder que aparecería allí, según la carne, aquel que había de robustecer las almas de sus escogidos con una saciedad interior.
Beda
Pero el Señor no dejará de ser concebido en Nazaret, ni de nacer en Belén hasta la consumación de los siglos, porque cada uno de aquellos que recibiere la flor de su palabra será convertido en habitación del pan eterno, siendo concebido cada día por la fe en el seno virginal, esto es, en el corazón de los creyentes y engendrado por el bautismo.
«Y dio a luz -prosigue- a su hijo primogénito», etc.
San Jerónimo, contra Helvidium
Fundado en esto, Helvidio defiende que no puede llamarse primogénito sino aquél que tiene hermanos, así como se llama unigénito aquél que es hijo único. Nosotros lo explicamos así: todo unigénito es primogénito; pero no todo primogénito es unigénito. Decimos que no es primogénito aquél a quien siguen otros, sino el que ha sido engendrado primero. De otro modo, si no es primogénito más que aquel a quien siguen sus hermanos, no hubieran tenido derecho a recibir las primicias los sacerdotes hasta que no hubiesen nacido otros. Porque no teniendo otro hijo, el primero era único hijo y no primogénito.
Beda
También es unigénito, según la divinidad; primogénito, según la acepción humana. Primogénito, según la gracia, y unigénito, según la naturaleza.
San Jerónimo, contra Helvidium
Allí no hubo quien recibiera al Niño, ni intervino la solicitud de las mujeres. La Madre envuelve al Niño en los pañales, y sirve a la vez de madre y de matrona, por lo cual dice: «Y envolvióle en pañales».
Beda
Aquél, que viste a todo el mundo con tanta variedad de adornos, es envuelto en pobres pañales, para que nosotros podamos recibir la primera vestidura. Las manos y los pies de Aquél que ha hecho todas las cosas son ligados para que nuestras manos estén siempre dispuestas a obrar el bien y nuestros pies a marchar por el camino de la paz.
Griego
¡Oh, admirable tortura y extremada penuria, a que se ve sometido el que gobierna al universo! Desde el principio se apropia toda la pobreza y la enriquece, o la honra, en sí mismo.
San Juan Crisóstomo, homilia in diem Christi natal
Además, si hubiera querido, pudo venir estremeciendo al cielo, agitando la tierra y lanzando rayos. Pero no vino así porque no quería perdernos, sino salvarnos, y quería también desde el primer momento de su vida abatir la soberbia humana. Por esto, no solamente se hace hombre, sino hombre pobre, y eligió una Madre pobre, que carecía incluso de cuna en donde poder reclinar al recién nacido. Y continúa: «Y recostóle en un pesebre».
Beda
Y se ve en la estrechez de un pesebre duro Aquel a quien el cielo sirve de asiento, para poder ofrecernos las alegrías del reino de los cielos. Aquél -que es el pan de los ángeles- está recostado en un pesebre para poder fortificarnos como animales santos con el trigo de su carne.
San Cirilo
Encontró al hombre embrutecido en su alma y por esto fue colocado en un pesebre como alimento para que, transformando la vida bestial, podamos ser llevados a una vida conforme con la dignidad humana tomando, no el heno, sino el pan celestial que es el cuerpo de vida.
Beda
El que se sienta a la derecha del Padre se halla en lugar pobre y desabrigado, para prepararnos muchas mansiones en la casa de su Padre (Jn 14). De aquí prosigue: «Porque no hubo lugar para ellos en el mesón». No nace en la casa de sus padres, sino en un mesón, y en el camino, porque por medio del misterio de la encarnación se hizo el camino por el cual nos lleva a la patria, en donde disfrutaremos de la verdad de la vida.
San Gregorio, homilia in Evangelia, 8
Para mostrar que por la humildad de que se había revestido nacía -por decirlo así- en lugar extranjero, no según el poder, sino según la naturaleza.
San Ambrosio
Por nosotros, pues, está en la debilidad; por El en el poder. Por nosotros en la pobreza, por El en la opulencia. No nos detengamos, pues, en lo que vemos, sino en que hemos sido redimidos. Señor, más te debo por haber sido redimido en virtud de tus injurias, que por haber sido criado entre tus obras. De nada me aprovecharía el haber nacido, si a la vez no hubiera sido redimido.
Nacimiento según María Valtorta
José, para no dejarse vencer otra vez del sueño, se pone de rodillas cerca del fuego y ora. Ora con las manos juntas sobre la cara. Las mueve algunas veces para echar más leña al fuego y luego vuelve a su ferviente plegaria. Fuera del rumor de la leña que chisporrotea, y del que produce el borriquillo que algunas veces golpea su pesuña contra el suelo, otra cosa no se oye.
Un rayo de luna se cuela por entre una grieta del techo y parece como hilo plateado que buscase a María. Se alarga, conforme la luna se alza en lo alto del cielo, y finalmente la alcanza. Ahora está sobre su cabeza que ora. La nimba de su candor.
María levanta su cabeza como si de lo alto alguien la llamase, nuevamente se pone de rodillas. ¡Oh, qué bello es aquí! Levanta su cabeza que parece brillar con la luz blanca de la luna, y una sonrisa sobrehumana transforma su rostro. ¿Qué cosa está viendo? ¿Qué oyendo? ¿Qué cosa experimenta? Sólo Ella puede decir lo que vio, sintió y experimentó en la hora dichosa de su Maternidad. Yo sólo veo que a su alrededor la luz aumenta, aumenta, aumenta. Parece como si bajara del cielo, parece como si manara de las pobres cosas que están a su alrededor, sobre todo parece como si de Ella procediese.
Su vestido azul oscuro, ahora parece estar teñido de un suave color de miosotis, sus manos y su rostro parecen tomar el azulino de un zafiro intensamente pálido puesto al fuego. Este color, que me recuerda, aunque muy tenue, el que veo en las visiones del santo paraíso, y el que vi en la visión de cuando vinieron los Magos, se difunde cada vez más sobre todas las cosas, las viste, purifica, las hace brillantes.
La luz emana cada vez con más fuerza del cuerpo de María; absorbe la de la luna, parece como que Ella atrajese hacia sí la que le pudiese venir de lo alto. Ya es la Depositaria de la Luz. La que será la Luz del mundo. Y esta beatífica, incalculable, inconmensurable, eterna, divina Luz que está para darse, se anuncia con un alba, una alborada, un coro de átomos de luz que aumentan, aumentan cual marea, que suben, que suben cual incienso, que bajan como una avenida, que se esparcen cual un velo…
La bóveda, llena de agujeros, telarañas, escombros que por milagro se balancean en el aire y no se caen; la bóveda negra, llena de humo, apestosa, parece la bóveda de una sala real. Cualquier piedra es un macizo de plata, cualquier agujero un brillar de ópalos, cualquier telaraña un preciosismo baldaquín tejido de plata y diamantes. Una lagartija que está entre dos piedras, parece un collar de esmeraldas que alguna reina dejara allí; y unos murciélagos que descansan parecen una hoguera preciosa de ónix. El heno que sale de la parte superior del pesebre, no es más hierba, es hilo de plata y plata pura que se balancea en el aire cual se mece una cabellera suelta.
El pesebre es, en su madera negra, un bloque de plata bruñida. Las paredes están cubiertas con un brocado en que el candor de la seda desaparece ante el recamo de perlas en relieve; y el suelo… ¿ qué es ahora? Un cristal encendido con luz blanca; los salientes parecen rosas de luz tiradas como homenaje a él; y los hoyos, copas preciosas de las que broten aromas y perfumes.
La luz crece cada vez más. Es irresistible a los ojos. En medio de ella desaparece, como absorbida por un velo de incandescencia, la Virgen… y de ella emerge la Madre.
Sí. Cuando soy capaz de ver nuevamente la luz, veo a María con su Hijo recién nacido entre los brazos. Un Pequeñín, de color rosado y gordito, que gesticula y mueve Sus manitas gorditas como capullo de rosa, y Sus piecitos que podrían estar en la corola de una rosa; que llora con una vocecita trémula, como la de un corderito que acaba de nacer, abriendo Su boquita que parece una fresa selvática y que enseña una lengûita que se mueve contra el paladar rosado; que mueve Su cabecita tan rubia que parece como si no tuviese ni un cabello, una cabecita redonda que la Mamá sostiene en la palma de su mano, mientras mira a su Hijito, y lo adora ya sonriendo, ya llorando; se inclina a besarlo no sobre Su cabecita, sino sobre Su pecho, donde palpita Su corazoncito, que palpita por nosotros… allí donde un día recibirá la lanzada. Se la cura de antemano Su Mamita con un beso inmaculado.
El buey, que se ha despertado al ver la claridad, se levanta dando fuertes patadas sobre el suelo y muge. El borrico vuelve su cabeza y rebuzna. Es la luz la que lo despierta, pero yo me imagino que quisieron saludar a su Creador, creador de ellos, creador de todos los animales.
José que oraba tan profundamente que apenas si caía en la cuenta de lo que le rodeaba, se estremece, y por entre sus dedos que tiene ante la cara, ve que se filtra una luz. Se quita las manos de la cara, levanta la cabeza, se voltea. El buey que está parado no deja ver a María.
Ella grita: « José, ven. »
José corre. Y cuando ve, se detiene, presa de reverencia, y está para caer de rodillas donde se encuentra, si no es que María insiste: « Ven, José», se sostiene con la mano izquierda sobre el heno, mientras que con la derecha aprieta contra su corazón al Pequeñín. Se levanta y va a José que camina temeroso, entre el deseo de ir y el temor de ser irreverente.
A los pies de la cama de paja ambos esposos se encuentran y se miran con lágrimas llenas de felicidad.
« Ven, ofrezcamos a Jesús al Padre» dice María.
Y mientras José se arrodilla, Ella de pie entre dos troncos que sostienen la bóveda, levanta a su Hijo entre los brazos y dice: « Heme aquí. En Su Nombre, ¡ oh Dios! te digo esto. Heme aquí para hacer Tu Voluntad. Y con El, yo, María y José, mi esposo. Aquí están Tus siervos, Señor. Que siempre hagamos a cada momento, en cualquier cosa, Tu Voluntad, para gloria Tuya y por amor Tuyo. » Luego María se inclina y dice: « Tómalo, José» y ofrece al Pequeñín.
« ¿ Yo? ¿ Me toca a mí? ¡ Oh, no! ¡ No soy digno! » José está terriblemente despavorido, aniquilado ante la idea de tocar a Dios.
Pero María sonriente insiste: « Eres digno de ello. Nadie más que tú, y por eso el Altísimo te escogió. Tómalo, José y tenlo mientras voy a buscar los pañales. »
José, rojo como la púrpura, extiende sus brazos, toma ese montoncito de carne que chilla de frío y cuando lo tiene entre sus brazos no siente más el deseo de tenerlo separado de sí por respeto, se lo estrecha contra el corazón diciendo en medio de un estallido de lágrimas: « ¡ Oh, Señor, Dios mío! » y se inclina a besar los piececitos y los siente fríos. Se sienta, lo pone sobre sus rodillas y con su vestido café, con sus manos procura cubrirlo, calentarlo, defenderlo del viento helado de la noche. Quisiera ir al fuego, pero allí la corriente de aire que entra es peor. Es mejor quedarse aquí. No. Mejor ir entre los dos animales que defienden del aire y que despiden calor. Y se va entre el buey y el asno y se está con las espaldas contra la entrada, inclinado sobre el Recién nacido para hacer de su pecho una hornacina cuyas paredes laterales son una cabeza gris de largas orejas, un grande hocico blanco cuya nariz despide vapor y cuyos ojos miran bonachonamente.
María abrió ya el cofre, y sacó ya lienzos y fajas. Ha ido a la hoguera a calentarlos. Viene a donde está José, envuelve al Niño en lienzos tibios y luego en su velo para proteger Su cabecita. «¿ Dónde lo pondremos ahora?» pregunta.
José mira a su alrededor. Piensa… « Espera » dice. « Vamos a echar más acá a los dos animales y su paja. Tomaremos más de aquella que está allí arriba, y la ponemos aquí dentro. Las tablas del pesebre lo protegerán del aire; el heno le servirá de almohada y el buey con su aliento lo calentará un poco. Mejor el buey. Es más paciente y quieto. » Y se pone hacer lo dicho, entre tanto María arrulla a su Pequeñín apretándoselo contra su corazón, y poniendo sus mejillas sobre la cabecita para darle calor. José vuelve a atizar la hoguera, sin darse descanso, para que se levante una buena llama. Seca el heno y según lo va sintiendo un poco caliente lo mete dentro para que no se enfríe. Cuando tiene suficiente, va al pesebre y lo coloca de modo que sirva para hacer una cunita. « Ya está » dice. « Ahora se necesita una manta, porque el heno espina y para cubrirlo completamente … »
« Toma mi manto » dice María.
« Tendrás frío. »
« ¡ Oh, no importa! La capa es muy tosca; el manto es delicado y caliente. No tengo frío para nada. Con tal de que no sufra Él. »
José toma el ancho manto de delicada lana de color azul oscuro, y lo pone doblado sobre el heno, con una punta que pende fuera del pesebre. El primer lecho del Salvador está ya preparado.
María, con su dulce caminar, lo trae, lo coloca, lo cubre con la extremidad del manto; le envuelve la cabecita desnuda que sobresale del heno y la que protege muy flojamente su velo sutil. Tan solo su rostro pequeñito queda descubierto, gordito como el puño de un hombre, y los dos, inclinados sobre el pesebre, bienaventurados, lo ven dormir su primer sueño, porque el calor de los pañales y del heno han calmado Su llanto y han hecho dormir al dulce Jesús.
En muchas ocasiones el Nuevo Testamento compara a Cristo con Moisés, que guió al pueblo de Israel en su éxodo. Pero, sobre todo, la Carta a los Hebreros nos dice: «Por lo dicho, hermanos santos que compartís el mismo llamamiento celeste, considerad al enviado y sumo sacerdote de la fe que profesamos: a Jesús, fiel al que lo nombró, como lo fue Moisés en la entera familia de Dios… Moisés ciertamente fue fiel, como criado, en la entera familia de Dios; su misión era transmitir lo que Dios dijera. Cristo, en cambio, como hijo que es, está al frente de la familia de Dios; y esa familia somos nosotros, con tal que mantengamos firme esa seguridad y esa honra que es la esperanza… ¡Atención, hermanos! Que ninguno de vosotros tenga un corazón malo e incrédulo, que lo lleve a desertar del Dios vivo…, dado que dice: «Si hoy ois su voz, no endurezcáis el corazón como en el tiempo de la rebeldía.» ¿Quiénes se rebelaron al oírlo? Ciertamente todos los que salieron de Egipto por obra de Moisés… Temamos, no sea que, estando aun en vigor la promesa de entrar en su descanso, alguno de vosotros crea que ha perdido la oportunidad» (Hb 3, 1-19; 4, 1).
La promesa de que los israelitas entrarían en el reposo, no se cumplió en aquel pueblo obstinado. De lo contrario, Dios no la habría repetido
por medio de David (3, 7-8). Las palabras tienen un sentido mesiánico y se cumplirán tan sólo en el Nuevo Testamento, siendo la fe la condición para entrar en el reino de Dios.

Profecías Mesías Antiguo Testamento
En Jesucristo se cumplen las profecías que hablan de Él en el Antiguo Testamento, son más de 300.
El cumplimiento de esas profecías comprueba que la Biblia está inspirada por el Espíritu Santo.
Leyendo Isaías en la sinagoga de Nazaret, Jesús afirma: “Hoy se está cumpliendo ante vosotros esta escritura” (Lc. 4, 21).
A los fariseos que rehúsan creer en El, les dice: “Escudriñad las Escrituras ya que en ellas esperáis tener la vida eterna; ellas testifican de mí” (Jn. 5, 39).
La primera profecía parece polémica, hemos sido creados a imagen de Dios, el verbo se hizo carne… semejantes en el amor, un cuerpo físico con libre albedrio y un alma inmortal…
- El verbo se hizo carne y Habito entre nosotros.
- Gén 1:26 Díjose entonces Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza.”
- Descendiente de la tribu de Judá
Génesis 49:10 “El cetro no se apartará de Judá ni el bastón de mando de entre sus piernas, hasta que llegue aquel a quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia”.
- Nacimiento en Belén
Miqueas 5:1 “Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial”.
- Nacimiento de una virgen
Isaías 7:14 “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llevará por nombre Emanuel.”
- Matanza de los niños de Belén
Jeremías 31:15 “Así habla el Señor: ¡Escuchen! En Ramá se oyen lamentos, llantos de amargura: es Raquel que llora a sus hijos; ella no quiere ser consolada, porque ya no existen..”
- Huida a Egipto
Oseas 11:1 “Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.”
- Predicación en Galilea y en las cercanías del río Jordán
Isaías 8:23 “En un primer tiempo, el Señor humilló al país de Zabulón y al país de Neftalí, pero en el futuro llenará de gloria la ruta del mar, el otro lado del Jordán, el distrito de los paganos
Isaías 9:1 “El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz: sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz.”
Mateo 4:12-16 “12. Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. 13. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, 14. para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: 15. “¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! 16. El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz”.
- Desprecio del pueblo judío
Isaías 53:3 “Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por nada”.
- Entrada triunfal en Jerusalén sobre un pollino
Zacarías 9:9 “¡Alégrate mucho, hija de Sión! ¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti; él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un asno, sobre la cría de un asna”.
Juan 12:13-14 “Tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel! Y halló Jesús un asnillo, y montó sobre él, como está escrito”.
- Traicionado por uno de los suyos
Salmo 41:10“Hasta mi amigo más íntimo, en quien yo confiaba, el que comió mi pan, se puso contra mí”.
Marcos 14:10 “Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo.”
- Sería vendido por 30 piezas de plata
Zacarías 11:12 “Yo les dije: «Si les parece bien, páguenme mi salario; y si no, déjenlo». Ellos pesaron mi salario: treinta siclos de plata.”
Mateo 26:15 “Y les dijo: ¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré? Y ellos le asignaron treinta piezas de plata.”
- El precio sería devuelto
Zacarías 11:13 “Pero el Señor me dijo: « ¡Echa al Tesoro ese lindo precio en que he sido valuado por ellos!». Yo tomé los treinta siclos de plata y los eché en el Tesoro de la Casa del Señor.”
Mateo 27:6-7 “Los principales sacerdotes, tomando las piezas de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque es precio de sangre. Y después de consultar, compraron con ellas el campo del alfarero, para sepultura de los extranjeros”.
- Durante su juicio se mantendría en silencio
Isaías 53:7 “Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca”.
Mateo 26:62-63 “Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Más Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios”.
- Sufriría por los demás
Isaías 53:4-5 “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”.
Mateo 8:16-17 “Y como fue ya tarde, trajeron a él muchos endemoniados: y echó los demonios con la palabra, y sanó a todos los enfermos; Para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta Isaías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”.
- Crucificado con malhechores
Isaías 53:12 “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”.
Mateo 27:38 “Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda.”
- Sus manos y pies serían perforados
Salmo 22:16 “Porque perros me han rodeado; Me ha cercado cuadrilla de malignos; Horadaron mis manos y mis pies”.
Juan 20:27 “Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.”
- Sería escarnecido y despreciado
Salmo 22:6-8 “Mas yo soy gusano, y no hombre; Oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo. 7. Todos los que me ven me escarnecen; Estiran la boca, menean la cabeza, diciendo: 8. Se encomendó al Señor; líbrele él; Sálvele, puesto que en él se complacía.”
Mateo 27:39-40 “Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, 40. y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.”
- Le darían a beber vinagre
Salmo 69:21 “Me pusieron además hiel por comida, Y en mi sed me dieron a beber vinagre”.
Juan 19:29 “Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca”.
- Su costado sería traspasado
Zacarías 12:10 “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.”
Juan 19:34 “Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua”.
- Sobre sus ropas echarían suertes
Salmo 22:18 “Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes”.
Marcos 15:24 “Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno”.
- Ninguno de sus huesos serían quebrados
Salmo 34:20 “El guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos será quebrantado”.
Juan 19:33 “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas”.
- Sepultado en una tumba de ricos
Isaías 53:9 “Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.”
Mateo 27:57-60 “Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, 60. y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue”.
- Resucitaría después de su muerte
Salmo 16:10 “Porque no dejarás mi alma en el Seol, Ni permitirás que tu santo vea corrupción”.
Mateo 28:9 “He aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron”.
- Ascendería al cielo
Salmo 68:18 “Subiste a lo alto, cautivaste la cautividad, Tomaste dones para los hombres, Y también para los rebeldes, para que habite entre ellos Dios”.
Lucas 24:50-51 “Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo”.
Isaías
Isaías nació en 765 a.A.C. y estaba emparentado con la familia real, fue primo de Ozías.
Isaías hijo de Amós, murió aserrado (partido) durante la persecución provocada por el rey Manasés; Isaias profetizo la venida del mesías desde su nacimiento, con impresionantes detalles. En el libro de Isaias se identifican cuatro cánticos del Siervo sufriente.
Jesús mismo habla de Sí como de un siervo, aludiendo claramente a Is 53, cuando dice: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10, 45; Mt 20, 28) y expresa el mismo concepto cuando lava los pies a los Apóstoles (Jn 13, 3-4; 12-15).
Cuatro cánticos de Isaías al siervo sufriente
- Primer canto
Dios escoge a su siervo y lo presenta al mundo
“He aquí a mi siervo, a quien sostengo yo mi elegido en quien se complace mi alma. He puesto mi espíritu sobre él; él dará el derecho a las naciones. No gritará, no hablará recio ni hará oír su voz en las plazas. No romperá la caña cascada ni apagará la mecha que se extingue… sin cansarse ni desmayar, hasta que establezca el derecho en la tierra…” (Is 42, 1-4).
“Yo, Yahvéh… te he formado y te he puesto por alianza del pueblo y para luz de las gentes, para abrir los ojos de los ciegos, para sacar de la cárcel a los presos, del calabozo a los que moran en las tinieblas” (Is 42, 6-7). Hasta los milagros que habría de hacer están relatados
- SEGUNDO CANTO
“Oídme, islas; atended, pueblos lejanos: Yavé me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre me llamó por mi nombre. Y puso mi boca como cortante espada, me ha guardado a la sombra de su mano, hizo de mí aguda saeta y me guardó en su aljaba” (Is 49, 6). “Dijo: ligera cosa es para mí que seas tú mi siervo, para restablecer las tribus de Jacob… Yo te he puesto para luz de las gentes, para llevar mi salvación hasta los confines de la tierra” (Is 49, 6). “El Señor, Yahvéh, me ha dado lengua de discípulo, para saber sostener con palabras al cansado” (Is 50, 4). Y también: “Así se admirarán muchos pueblos y los reyes cerrarán ante él su boca” (Is 52, 15). “El Justo, mi Siervo, justificará a muchos y cargará con las iniquidades de ellos” (Is 53, 11).
- Tercer canto
“El Señor, Yahvé, me ha abierto los oídos, y yo no me resisto, no me echo atrás.
He dado mis espaldas a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba. Y no escondí mi rostro ante las injurias y los escupitajos. Isa 50:5-6
- Cuarto canto
“He aquí que mi Siervo prosperará, será elevado, ensalzado y puesto muy alto.
Como de él se pasmaron muchos, tan desfigurado estaba su aspecto, que no parecía ser de hombre, así se admirarán muchos pueblos, y los reyes cerrarán ante él su boca, porque vieron lo que no se les había contado y comprendieron lo que no habían oído. Isa 52:13-15
Isa 53:3 Despreciado y abandonado de los hombres, varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento, y como uno ante el cual se oculta el rostro, menospreciado sin que le tengamos en cuenta.
Isa 53:4 Pero fue él ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, mientras que nosotros le tuvimos por castigado, herido por Dios y abatido.
Isa 53:5 Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados. El castigo de nuestra paz fue sobre él, y en sus llagas hemos sido curados,
Isa 53:6 Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino, y Yahvé cargó sobre él la iniquidad de todos nosotros.
Isa 53:7 Maltratado, mas él se sometió, no abrió la boca, como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante los trasquiladores.
Isa 53:8 Fue arrebatado por un juicio inicuo, sin que nadie defendiera su causa, pues fue arrancado de la tierra de los vivientes y herido de muerte por el crimen de su pueblo.
Isa 53:9 Dispuesta estaba entre los impíos su sepultura, y fue en la muerte igualado a los malhechores, a pesar de no haber cometido maldad ni haber mentira en su boca.
Isa 53:10 Quiso Yahvé quebrantarle con padecimientos. Ofreciendo su vida en sacrificio por el pecado, verá descendencia que prolongará sus días, y el deseo de Yahvé prosperará en sus manos.
Isa 53:11 Por la fatiga de su alma verá y se saciará de su conocimiento. El Justo, mi Siervo, justificará a muchos y cargará con las iniquidades de ellos.
Isa 53:12 Por eso yo le daré por parte suya muchedumbres, y dividirá la presa con los poderosos por haberse entregado a la muerte y haber sido contado entre los pecadores, llevando sobre sí los pecados de muchos e intercediendo por los pecadores.

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