Reuniré a todas las gentes y las haré bajar al valle de Josafat, y litigaré en juicio con ellos a propósito de mi pueblo y de mi heredad, que ellos dispersaron entre las naciones. Joel 3,2
El Valle de Josafat, también conocido como el Valle del Cedrón o Torrente del Cedrón, es un lugar lleno de significado en la tradición cristiana y está cargado de simbolismo bíblico. Se encuentra entre el Monte de los Olivos y la ciudad vieja de Jerusalén, separando estos dos lugares sagrados. Este valle es mencionado en varias fuentes bíblicas y es considerado un lugar de juicio final, por su confluencia con la Gehena , donde se arrojaban los falsos dioses.

Jesús, atormentado, fue arrojado en el Torrente Cedrón sintiendo que se ahogaba, «los perversos judíos te empujan en él y al empujarte hacen que te golpees en una piedra que ahí se encuentra, pero con tanta fuerza, que empiezas a derramar de tu boca tu preciosísima sangre, dejando marcada aquella piedra. Y después, jalándote, te arrastran por debajo de aquellas aguas llenas de podredumbre, nauseabundas y frías».

En la Biblia aparece la mención del Cedrón o valle de Josafat, por vez primera en la descripción de la huida de David ante su hijo Absalón (1 San 15,23); se aplicaba el nombre Cedrón al menos a la sección que de N a S bordeaba Jerusalén, y que David atraviesa para subir al Monte de los Olivos. Años más tarde, y por hallarse en él las dos únicas fuentes de Jerusalén, fue testigo de la difícil sucesión de David, al reunir Adonías a sus partidarios en `En Rogel, el profeta Natán consigue el permiso del anciano rey para consagrar a Salomón en la fuente de Gilion (1 Reg 1,1-53). También, cada vez que se purifica el Templo, las abominaciones son arrojadas al Cedrón.
El rey Asa quemó allí la ‘Aserah, o su símbolo (ASTARTÉ; BAAL), que profanaba el templo, y al cual daba culto su propia madre (1 Reg 15,13). Ezequías dio orden a los levitas de arrojar al Cedón todo cuanto impuro había sido colocado por sus antecesores en el Templo (2 Par 29,16). Igualmente tosías, en su célebre reforma, ordena quemar en el valle del Cedón el ajuar cúltico de baales y astartés, la nueva ‘Aserah y los altares idolátricos (2 Reg 23,4-12).
Ezequías construyó el canal, que es conocido con su nombre, para llevar las aguas del Gihon al interior de la ciudad, a la piscina llamada hasta hoy de Siloé; la inscripción contemporánea muestra en su brevedad el valor de la obra.
Isaías pronunció junto al Cedrón su célebre profecía del Emmanuel (Is 7,3). Casi desde el mismo lugar, al pie de la muralla, el embajador de Senaquerib amenazará más tarde a los sitiados de Jerusalén (2 Reg 18,17). Ezequiel, en su profecía del abandono de la ciudad santa por la Gloria de Dios (Ez 11,23), hace seguir a la Gloria de Dios el mismo camino que había utilizado David para huir de la ciudad: desde el templo baja al Cedrón y desde el torrente sube al Monte de los Olivos. Camino inverso tomará Jesucristo hacia el calvario…

