Dicen que llegará el día en que habrá que pelear para demostrar que el pasto es verde.
Pero ese día no llegó de golpe.
Fue preparado… palabra por palabra.
El nihilismo es una doctrina filosófica que sostiene que la vida carece de sentido,
propósito o valor intrínseco. Proviene del latín nihil («nada»)
y niega la existencia de verdades absolutas, y es la base del comunismo que niega una moral
moral objetiva o una finalidad trascendente.
A menudo asociado con el pesimismo extremo,
el escepticismo radical y la negación de autoridad,
considera que el ser humano y el universo carecen de un significado inherente.
Querido discípulo, no destruyas la verdad… eso es vulgar.
Haz algo mejor: vuélvela innecesaria.
Urogario no es un hombre.
Es una mentalidad.
Es el sofista que inquietó a Sócrates,
el maniqueismo que combatió Agustín,
y el león rugiente buscando a quien devorar
que la iglesia han denunciado durante dos siglos.
Todo comenzó cuando algunos hombres descubrieron algo peligroso:
que podían usar el lenguaje no para decir la verdad, sino para reemplazarla.
“El hombre es la medida de todas las cosas”, decía Protágoras.
Es decir: cada uno decide loque es real.
Pero Platón vio el peligro:
si la verdad desaparece, el poder ocupa su lugar.
Siglos después, la pregunta cambió.
Ya no era “¿qué es verdad?”, sino “¿qué funciona?”. Que nos sirve?
No niegues el bien. Redefínelo.
Haz que signifique utilidad.
Aquí es donde el Magisterio interviene.
Pío IX advirtió que cuando el hombre se cree fuente de la verdad, pierde toda referencia.
León XIII explicó que cuando se rompe el orden natural, la sociedad comienza a descomponerse.
Pío XI afirmó que cuando se elimina a Dios, el hombre es reducido a pieza de un sistema.
No necesitas destruir al hombre.
Solo redúcelo.
Redúcelo a un consumidor,
a un votante,
a un perfil de datos.
Haz que crea que eso es todo lo que es.
Y llamará libertad a su propia simplificación.
Este es el núcleo del problema:
no se destruye al hombre, se le vacía.
«Si se le aplicase a la realidad humana, una voluntad arbitraria que prescinde del bien como sistema de dominio, se producirían consecuencias devastadoras de atrocidades y dolor para la familia humana». Advertía duns scoto
En Veritatis Splendor, Juan Pablo II responde con claridad:
“La libertad se debilita y se extingue cuando el hombre no reconoce su vínculo con la verdad”.
No es una opinión. Es un diagnóstico.
Sin verdad, el lenguaje se rompe.
Sin verdad, la moral se disuelve.
Sin verdad, la libertad se pierde.
Hoy no vivimos una rebelión contra la verdad.
Vivimos algo más sutil: su olvido.
Posverdad
Fake news
No necesitan negar nada… si ya no buscan nada.
En Fátima, en 1917, se advirtió que los errores de Rusia se extenderían por el mundo.
No es solo un sistema político, sino una forma de pensar:
una humanidad sin trascendencia, sin verdad, sin alma.
El evangelio de la envidia
El dolor del bien ajeno
Pero también se anunció algo más:
que la verdad no desaparece… solo puede ser olvidada.
Porque basta un hombre, uno solo,
que mire el mundo y diga: “esto es la verdad”
para que toda la arquitectura del vacío comience a caer.
Porque la verdad no se inventa.
Se reconoce.
Y cuando se reconoce,
la nada pierde su poder.
El nihilismo que se camufla con otros nombres
Pierde su poder
