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Arte Sacro

Un siglo desatado

León XIII lo vio

El contrato del siglo, y la cláusula que nadie firmó


La visión de León XIII en 1884 llevo al papa luego de ver el permiso obtenido para destruir la obra de Dios a componer la oración a San Miguel y mandó rezarla al final de cada misa.


Cuenta la tradición que el 13 de octubre de 1884, terminada la misa, León XIII se quedó inmóvil frente al altar. Que oyó dos voces. Que una pedía permiso y un plazo.

Dejemos por un momento la visión y miremos el año.

En 1884, un profesor alemán de treinta y nueve años estaba escribiendo un libro donde un profeta baja de la montaña para anunciar que Dios ha muerto y que el hombre debe ocupar su sitio. Nietzsche publicaría Así habló Zaratustra por partes entre 1883 y 1885.

En julio de ese mismo año de 1884, un neurólogo vienés de veintiocho años publicó un ensayo titulado Über Coca, en el que recomendaba la cocaína como tónico, como antidepresivo y como cura de la adicción al alcoholismo y a la morfina. Se la administró a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow, que era morfinómano. Lo convirtió en cocainómano. Fleischl murió en 1891, a los cuarenta y cinco años. Sigmund Freud pasó el resto de su vida sin volver a hablar mucho del asunto, pero murió de sobredosis.

Y un siglo antes, en 1784, Kant había definido la Ilustración como la salida del hombre de su minoría de edad: sapere aude, atrévete a saber. La frase era noble. Su versión degradada tardó exactamente cien años en llegar: si el hombre ha alcanzado la mayoría de edad, entonces Dios era el tutor del que hay que emanciparse.

Tres cosas en el mismo año. Un Dios declarado muerto. Una droga recetada como medicina. Y un Papa que, según la tradición, se quedó pálido frente a un altar.

Imaginemos los términos del permiso.

No pide ejércitos. No pide plagas. No pide poder para crear nada, porque crear no sabe. Pide únicamente esto:

«Déjame pedirle permiso al hombre. No inventaré una sola pasión nueva. Usaré las que ya tiene, y le enseñaré a convertirlas en instituciones.»

Y elige la más antigua: la envidia de Caín. Porque Caín no mató por hambre ni por miedo. Mató porque miró el bien de su hermano y no pudo soportar que lo tuviera.

El Décimo Mandamiento no prohíbe robar —de eso se ocupa el Séptimo—. Prohíbe codiciar. Legisla sobre lo que ocurre dentro, antes de que ocurra nada fuera. Y la envidia tiene una propiedad que ninguna otra pasión posee: no quiere el bien ajeno, quiere que el otro no lo tenga. Se conforma con la ceniza.

Lo que sigue son las cláusulas.


I — LA CÁTEDRA

Toda destrucción necesita primero un permiso intelectual, y el siglo lo obtuvo de la universidad antes que de ningún parlamento.

Si Dios ha muerto, la ley moral es una convención. Si es una convención, se puede reescribir. Y si se puede reescribir, entonces no hay nada que un Estado suficientemente decidido no pueda declarar legal.

Dostoyevski lo había visto venir con una claridad que asusta: si Dios no existe, todo está permitido. No lo escribió como blasfemia sino como advertencia, y el siglo siguiente se encargó de comprobarlo en escala industrial.

De la cátedra salieron también las coartadas técnicas. La eugenesia no nació en un búnker: nació en departamentos de estadística, con revistas arbitradas y congresos internacionales. En 1927, el Tribunal Supremo de Estados Unidos avaló la esterilización forzosa de Carrie Buck con una frase que firmó el juez Holmes: tres generaciones de imbéciles son suficientes. No fue una sentencia de un régimen totalitario. Fue la mayor democracia del mundo, ocho votos contra uno.

Los campos vinieron después. Las notas a pie de página vinieron antes.


II — LA CONFISCACIÓN

1917. La envidia deja de ser un pecado privado y se convierte en un ministerio.

Ya no dice quiero lo que tiene mi vecino. Dice algo más limpio, más presentable, más fácil de votar: nadie debería tenerlo.

En 1918 se nacionalizan los bienes de la familia imperial. Diez años después llega la deskulakización: campesinos cuyo delito consistía en haber prosperado. Alrededor de 1,8 millones de deportados solo entre 1930 y 1931. El que producía, el que ahorraba, el que guardaba grano para el invierno, pasó a ser enemigo del pueblo por una razón aritmética.

Después vino el hambre. Entre 1932 y 1933 murieron en Ucrania 20 millones de personas en un país que exportaba cereal. Les robaron la semilla.

En China, el Gran Salto Adelante produjo entre 1958 y 1962 la mayor hambruna de la historia humana. Frank Dikötter, trabajando sobre archivos provinciales, la cifra en unos 45 millones de muertos.

La herencia —el único mecanismo por el que una generación entrega algo a la siguiente— fue identificada correctamente como el enemigo, y desmontada. Ahora solo se puede heredar la envidia, el vicio y algo genital…


III — EL ALTAR

Un régimen que confisca bienes acaba confiscando el sentido.

En marzo de 1922, Lenin escribe una carta secreta al Politburó ordenando aprovechar la hambruna para requisar los bienes de la Iglesia y fusilar a cuanto más clero mejor. Rusia tenía unas 54.000 parroquias antes de 1917; al terminar los años treinta quedaban unas pocas abiertas. El monasterio de Solovkí, fundado en el siglo XV, se convirtió en el primer campo del archipiélago.

No fue solo Rusia. En México, la Ley Calles desata la guerra cristera: unos 90.000 muertos. El padre Miguel Pro es fusilado en 1927 sin juicio, con los brazos en cruz; el gobierno fotografió la ejecución para escarmiento y consiguió lo contrario.

En España, entre 1936 y 1939, son asesinados cerca de 6.800 sacerdotes, religiosos y religiosas, y trece obispos. Más de 500.000 yacen en el valle de los caídos.

Y donde no se podía fusilar, se fabricaba. El cardenal Mindszenty fue detenido en 1948, torturado durante semanas y exhibido en 1949 con una confesión escrita por sus carceleros. El método se repitió en toda Europa del Este: no se prohíbe la fe, se deshonra al que la predica. Es más barato y dura más. Y luego la mentira, los reduce a pederastas con acusaciones que tienen décadas, indemostrables y falsas, pero se juzgan culpables, ahora todo el clero es sospechoso y en China prohíben la entrada a iglesias a menores de edad…


IV — EL EXPLOSIVO

Alfred Nobel patentó la dinamita en 1867 para abrir túneles y minas. Murió en 1896 dejando su fortuna a cinco premios, uno de ellos de la Paz.

No sirvió de nada. Para entonces la química había entregado al siglo algo que ninguna guerra anterior tuvo: la capacidad industrial de deshacer un cuerpo humano.

En la Gran Guerra, el 70 % de los muertos y heridos lo fueron por fuego de artillería. Entre cinco y seis millones de hombres quedaron mutilados. Aparece una categoría médica nueva, les gueules cassées, los rostros rotos, y con ella la cirugía reconstructiva moderna, que nació para reparar lo que el obús dejaba.

Pero la cifra que hay que mirar no es la de muertos. Es la de desaparecidos. La Puerta de Menin, en Ypres, existe porque hubo decenas de miles de hombres de los que no quedó nada que enterrar. No fueron sepultados: fueron pulverizados. Sus nombres están grabados en piedra porque no había otro sitio donde ponerlos.

El siglo XX inventó una forma de morir que no deja cadáver. Nunca antes se había masacrado así a los hijos de Dios.


V — EL CUERPO COMO MATERIAL

Si el hombre no tiene alma, el hombre es material.

En 1935 Egas Moniz practica la primera leucotomía prefrontal. En 1949 recibe el Nobel de Medicina, que nunca ha sido retirado. Walter Freeman lleva el procedimiento a Estados Unidos, lo simplifica con un punzón introducido por la cuenca del ojo y lo aplica unas 3.500 veces, a veces en habitaciones de hotel, a veces en menores. Rosemary Kennedy tenía veintitrés años; pasó el resto de su vida sin poder hablar con claridad. Lobotomias que luego se practicarían con Drogas sin avisarle al consumidor, inspiradas en un accidente ferroviario, para destruir el alma.

No era curar. Era reducir la fricción.

Al mismo tiempo, en Manchuria, la Unidad 731 practicaba vivisecciones sin anestesia sobre prisioneros a los que llamaba «troncos». Al terminar la guerra, Estados Unidos concedió inmunidad a sus responsables a cambio de los datos.

Entre 1932 y 1972, en Tuskegee, 399 hombres negros con sífilis fueron observados sin tratamiento durante cuarenta años. La penicilina existía desde 1947; no se les administró porque habría arruinado el estudio. Y entre 1946 y 1948, médicos estadounidenses infectaron deliberadamente a más de mil guatemaltecos. El gobierno pidió perdón en 2010.

Ninguno de estos hombres se creía un monstruo. Todos creían estar haciendo ciencia. Para no mencionar lo que hicieron los alemanes y que seguimos consumiendo…


VI — EL AÑO CERO

En 1975 alguien lleva la premisa hasta el final.

Los jemeres rojos entran en Nom Pen y vacían la ciudad en cuarenta y ocho horas. Abolen el dinero. Abolen la propiedad. Abolen la escuela, el mercado, el correo, el reloj. Declaran el Año Cero: la historia empieza de nuevo y todo lo anterior sobra.

Sobraban los médicos. Sobraban los maestros. Sobraban los monjes budistas, los que hablaban francés, los que tenían las manos blandas. Llevar gafas era prueba suficiente, porque delataba a alguien que había leído.

En cuatro años murió alrededor de una cuarta parte de la población: unos dos millones sobre ocho. No hubo cámaras de gas ni trenes. Hubo hambre administrada, trabajo hasta la muerte y ejecución manual. Las balas son más caras que una pica bien puesta.

La antigua escuela de Tuol Svay Prey se convirtió en la prisión S-21. Por ella pasaron más de 18.000 personas y sobrevivió alrededor de una docena. Fotografiaban a cada detenido a su llegada, con una placa numerada al cuello, y a muchos después de la tortura; esas fotografías cubren hoy las paredes del museo, sala tras sala, y casi todos los que miran a la cámara fueron asesinados en las semanas siguientes.

A quince kilómetros está Choeung Ek. Se han exhumado allí 8.895 cuerpos, y es uno de unos trescientos campos iguales. A la mayoría los mataron a golpes de pico y de azada, para no gastar munición.

Hoy, en el centro del campo, hay una estupa de cristal con unos ocho mil cráneos ordenados por edad y por sexo. Muchos conservan el orificio o el corte del golpe.

Eso es una montaña de cabezas. No es una figura retórica. Está catalogada, tiene horario de visita y cobra entrada.


VII — LA RAZA

Camboya mató por clase. El resto del siglo mató por sangre.

1915: el Imperio otomano deporta y extermina a la población armenia. Las estimaciones más aceptadas rondan el millón y medio.

1941-1945: la Shoah. Seis millones de judíos asesinados dentro de un sistema con presupuesto, horarios de tren, proveedores y actas de reunión. La novedad no fue el odio, que es viejo. Fue el organigrama.

1994: Ruanda. Unas 800.000 personas asesinadas en cien días, en su mayoría a machetazos, coordinadas por una emisora de radio que leía en voz alta nombres y direcciones. El mundo tenía la información en tiempo real y discutió durante semanas si la palabra «genocidio» era jurídicamente aplicable, porque pronunciarla obligaba a intervenir.

1995: Srebrenica. Ocho mil hombres y niños asesinados en una zona declarada segura por Naciones Unidas, con cascos azules presentes.

Cada vez se dijo nunca más. Cada vez el nunca más duró menos que la generación que lo pronunció.


VIII — LA CADENA QUÍMICA

Hay una forma de conquistar un país sin invadirlo: paralizar su voluntad.

Gran Bretaña lo demostró dos veces, en 1839 y en 1856. Las Guerras del Opio no se libraron para abrir mercados en abstracto: se libraron para obligar a China a comprar una droga. Al terminar el siglo, decenas de millones de chinos eran adictos. A eso lo llamaron libre comercio.

Siglo y medio después, la operación se repite en el hemisferio contrario. En 1996 Purdue Pharma lanza el OxyContin asegurando a los médicos que el riesgo de adicción era inferior al uno por ciento. La empresa se declaró culpable de fraude en 2007 y otra vez en 2020, con un acuerdo cercano a los 8.000 millones de dólares. Estados Unidos lleva más de un millón de muertes por sobredosis desde 1999.

El eslabón final son los opioides sintéticos, cuyos precursores químicos salen mayoritariamente de laboratorios chinos y han sido objeto de imputaciones federales.

La simetría es demasiado perfecta para no verla: el imperio que drogó a China durante un siglo es hoy el mundo que se droga con lo que sale de China. Y el patrón se repitió siempre igual: primero se receta como medicina —la cocaína de Freud, la heroína que Bayer vendió como jarabe para la tos, el OxyContin—, y solo después, cuando ya hay mercado, se descubre el problema.


IX — EL SIGLO DE LA VIOLACIÓN

1945 no es solo el año de la victoria.

Es el año de la mayor agresión sexual masiva documentada de la historia. Solo en Berlín, las estimaciones hablan de unas 100.000 mujeres; en el conjunto de Alemania, las cifras que manejan Beevor y Naimark alcanzan órdenes de magnitud cercanas a los 15 millones, allí está la estatua del violador anónimo, los musulmanes entraron delante del ejército, en un país sin policía ni hombres en edad de oponerse.

No fue cosa de un bando. El ejército imperial japonés había institucionalizado el sistema de las llamadas mujeres de consuelo: entre cincuenta mil y doscientas mil mujeres esclavizadas con papeleo, con horarios y con tarifas.

Lo que distingue al siglo XX no es la crueldad, que es antigua. Es la burocracia de la crueldad. El formulario.


X — EL EXPOLIO

Antes de los estados totalitarios existieron las compañías.

La Compañía Británica de las Indias Orientales fue una empresa privada con ejército propio, más numeroso que el de muchos reinos europeos. En 1770, bajo su administración fiscal, la hambruna de Bengala mató a unos diez millones de personas, en torno a un tercio de la población de la región. La Compañía no bajó los impuestos. Los subió.

En el Congo, a partir de 1885 —un año después de la visión—, Leopoldo II administró un territorio ochenta veces mayor que Bélgica como propiedad personal. El caucho se extraía por cuotas, y a quien no las cumplía se le cortaba la mano. Existen las fotografías. Las tomaron misioneros.

La piratería con licencia real, la concesión y la compañía fueron el instrumento con el que se despojó a continentes enteros sin declarar una sola guerra en nombre propio. La compañía de las indias tenía la flota pirata más grande que ha existido, lo que hicieron tomaría demasiados volúmenes.


XI — LA SEMILLA

En la India se han quitado la vida unos 290.000 agricultores en dos décadas. La cifra es del propio registro nacional de criminalidad, y la causa que encabeza las estadísticas es siempre la misma: la deuda.

Se ha repetido mucho que el algodón transgénico de Monsanto causó esos suicidios. No es sostenible: la epidemia empezó bastante antes de que el algodón Bt se autorizara en 2002, y la revisión de la literatura hecha por el IFPRI no encontró correlación entre la adopción del cultivo y las tasas de suicidio.

Lo que sí es cierto es más estructural y más difícil de desmentir. El campesino indio pasó de guardar su propia semilla a comprarla cada año a un proveedor. Cerca del 75 % de la deuda rural procede de la compra de insumos. Quien controla la semilla controla el ciclo entero, y una mala cosecha deja de ser una desgracia para convertirse en una insolvencia.

La semilla guardada del año anterior era la forma más antigua de propiedad que existe: patrimonio, herencia y seguro al mismo tiempo. Convertirla en licencia anual no fue un crimen. Fue un modelo de negocio. Y volvemos a la primera cláusula, porque el resultado es el mismo: se desmontó el mecanismo por el que una generación entrega algo a la siguiente. Ahora guardar semilla es delito y el precio es la tierra, que pasa a las multinacionales.


XII — LA MESA

Si no puedes quitarle la tierra, adultérale la comida.

En 2008 se descubrió en China que varias empresas lácteas añadían melamina a la leche. La melamina es un plástico industrial, y se usaba porque eleva artificialmente la lectura de proteína en los análisis. Es decir: no servía para alimentar, servía para que el laboratorio creyera que alimentaba. Resultado: unos 300.000 lactantes afectados, más de 50.000 hospitalizados y seis muertos. Dos responsables fueron ejecutados.

Es la definición exacta de comida falsificada: algo que aprueba el control de calidad y no nutre. Ahora se exporta al mundo…

Algo parecido a la solución al hambre en la Francia de Napoleón, llenarlos de gelatina, parece comida pero no alimenta, los que la consumían morían de inanición y el estado decía que había solucionado el problema del hambre…

En el otro extremo del mundo, el problema no es el fraude sino el diseño. La industria alimentaria emplea desde hace décadas a especialistas en dar con el punto exacto de azúcar, sal y grasa en que el paladar deja de saciarse y pide más. No es una metáfora: es ingeniería de apetito, y funciona.

Y hay un caso que merece contarse con precisión. La empresa Senomyx desarrolló potenciadores del sabor usando como banco de pruebas células HEK293, una línea celular procedente del riñón de un feto abortado en 1973. Las células no están en el producto: se les insertan receptores del gusto y sirven de sensor para cribar miles de compuestos a gran velocidad, en lugar de emplear catadores humanos. PepsiCo firmó en 2010 un contrato de cuatro años y treinta millones de dólares. Tras el boicot de Children of God for Life, Campbell Soup rompió con la empresa en 2011 y PepsiCo se comprometió en 2012 a no financiar investigación con tejidos de origen embrionario.

Una criatura muerta hace medio siglo se convirtió en instrumento industrial permanente para conseguir que un refresco resulte más difícil de soltar. Y el consumidor no puede saberlo, porque los potenciadores de sabor no necesitan declararse: entran en la categoría genérica de aromas naturales y artificiales. Ahora todos los productos de consumo masivo llevan senomyx y nadie puede parar de comer…


XIII — LA NIÑA

En 1980 China promulgó la política del hijo único y la mantuvo treinta y cinco años.

Fue el único caso de la historia en que un gobierno logró restringir por coerción las decisiones reproductivas de una población entera. Multas ruinosas, pérdida del empleo, esterilizaciones y abortos forzados —hay casos documentados a los siete meses de gestación—, y funcionarios locales con cuotas que cumplir.

La proporción natural de sexos al nacer es de unos 105 o 106 niños por cada 100 niñas. En China llegó a 121 en 2005. La aritmética de esa diferencia tiene un nombre: aborto selectivo, abandono e infanticidio de niñas.

Las estimaciones de «niñas desaparecidas» rondan los veinte millones, y algunos demógrafos las elevan bastante más. En 2013, los varones menores de veinticinco años superaban a las mujeres de su edad en veintitrés millones.

Y aquí está la parte que casi nunca se cuenta, porque llega décadas después: esos millones de hombres sin posibilidad de casarse crearon una demanda. La consecuencia ha sido el secuestro y la trata de mujeres desde el sudeste asiático y África para matrimonios forzados dentro de China.

Matar niñas en 1990 produjo esclavas en 2020. Los pecados contra la vida no prescriben: cobran intereses.


XIV — LA BANCA DEL VICIO

Hay una cláusula que no necesitó dictadura ninguna: basta con que el Estado descubra que el vicio recauda.

Los gobiernos que prohibían el juego acabaron administrándolo. La lotería estatal, las casas de apuestas con licencia, los monopolios del tabaco y del alcohol convirtieron la debilidad del ciudadano en línea presupuestaria. Y como todo impuesto sobre el vicio, es regresivo: lo paga desproporcionadamente quien menos tiene, porque es quien más necesita creer que el azar lo sacará de donde está.

La novedad del siglo XXI es que el casino se mudó al bolsillo. La apuesta deportiva en el móvil está disponible veinticuatro horas, patrocina a los equipos que el apostador sigue desde niño y se dirige a adolescentes con la misma arquitectura de recompensa variable que diseñó Skinner para las palomas.

Un Estado que se financia con la ruina de sus ciudadanos tiene un conflicto de intereses estructural con su obligación de protegerlos. No hay maldad personal en ello. Hay una hoja de cálculo.


XV — LA MONEDA QUE SE DERRITE

La confiscación más eficaz no requiere policía. Requiere una imprenta.

En 1913 la onza de oro costaba 20,67 dólares, y ese precio se mantuvo hasta 1933. En Bretton Woods se fijó en 35. En 1971 Nixon cerró la ventanilla del oro y la referencia desapareció.

Hoy esa misma onza cuesta casi 5 mil dólares. El oro no ha subido: la moneda se ha disuelto. El dólar ha perdido en torno al 97 % de su poder adquisitivo en poco más de un siglo.

Charles Ponzi fue condenado en 1920 por prometer rendimientos que solo podían pagarse con el dinero de los siguientes. El ahorro de una vida entera —el de la viuda, el del que no especula, el del que hizo exactamente lo que se le dijo que hiciera— se evapora sin que nadie firme una orden de embargo.


XVI — EL MAESTRO

Queda una cláusula silenciosa, y es la que garantiza que ninguna de las anteriores se aprenda.

La historia fue perdiendo horas en los planes de estudio de medio mundo, y donde sobrevive, sobrevive troceada en competencias y efemérides. Un adolescente puede terminar la secundaria sin saber qué fue el Holodomor, quién era Pol Pot o por qué existe la Puerta de Menin.

El resultado no es la ignorancia, que sería reparable. Es la indefensión: un pueblo que no reconoce el patrón no puede verlo repetirse. Cada generación recibe la oferta como si fuera nueva.

Orwell lo formuló con una economía que no se ha mejorado: quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado. No hace falta quemar libros. Basta con reducir las horas, retirar la exigencia y esperar a que la generación que recordaba se muera de vieja.

La memoria histórica no es orgullo patrio ni nostalgia. Es el sistema inmunitario de un pueblo. Y este siglo ha demostrado que se puede desactivar sin prohibir nada.


XVII — EL HIJO

Y al final, la descendencia.

La Organización Mundial de la Salud estima unos 73 millones de abortos inducidos al año en el mundo. En términos puramente numéricos, no hay otra causa de muerte humana comparable.

Al mismo tiempo, las sociedades más ricas de la historia han dejado de tener hijos. Corea del Sur ha bajado de 0,8 hijos por mujer. España e Italia rondan el 1,2. El hijo dejó de ser bendición y pasó a computarse como coste.

Y en el margen más frágil, el de los adolescentes que sufren, la medicina volvió a correr antes de saber. El informe Cass, publicado en el Reino Unido en abril de 2024, concluyó que la base de evidencia de los bloqueadores de la pubertad en menores era notablemente débil. El NHS inglés dejó de prescribirlos de forma rutinaria. Suecia, Finlandia y Noruega habían restringido antes. La clínica Tavistock cerró.

No hizo falta malicia. Bastó con la prisa, y con que nadie se atreviera a decir no sabemos.


LA SUMA

¿Cuánto es todo esto junto?

El Libro negro del comunismo cifró en unos 94 millones las víctimas de los regímenes comunistas.

Hay una contabilidad más amplia. El politólogo R. J. Rummel revisó más de ocho mil informes de muertes causadas por gobiernos y acuñó una palabra para lo que encontró: democidio, el asesinato de personas desarmadas por agentes del Estado, excluidos expresamente los caídos en combate.

Su cifra para el siglo XX es de 262 millones de personas.

Y su hallazgo central debería figurar en todos los manuales y no figura en ninguno: murieron seis veces más personas a manos de su propio gobierno que en todas las batallas del siglo.

No fue la guerra. Fue la administración.


Porque el golpe más eficaz del siglo contra la Iglesia no lo dio Calles, ni Lenin, ni el tribunal que torturó a Mindszenty.

Lo dieron sacerdotes.

El informe Sauvé, encargado por la propia Iglesia francesa y publicado en 2021, estimó en torno a 216.000 menores abusados por clérigos entre 1950 y 2020. El informe John Jay contabilizó en Estados Unidos más de cuatro mil sacerdotes acusados. Y en muchos casos el crimen fue seguido de algo que lo agravó: el traslado, el silencio, la protección del prestigio de la institución por encima del cuerpo de un niño.

Hubo calumnias contra la Iglesia, y fueron reales, y hay mártires de esas calumnias. Pero no se puede invocar a los calumniados para tapar a los culpables, porque entonces se hace con los muertos exactamente lo que se denuncia.


EL EPÍLOGO: EL PLAZO

Aquí la ficción se rompe, y se rompe a propósito.

Hay quien cuenta el plazo desde 1884 y lo da por vencido en 1984. Hay quien recuerda que los tiempos de Dios no se miden con nuestros calendarios, y que en la Escritura un siglo suele significar una edad y no cien vueltas al sol.

Da lo mismo. La conclusión es idéntica en los dos casos.

Porque si el plazo venció, Ruanda, Srebrenica, la melamina, el fentanilo y el hundimiento de la natalidad ocurrieron después, sin que nadie renovara nada. Y si el plazo sigue corriendo, entonces la fecha nunca fue el punto.

Nadie necesita un demonio para envidiar al hermano que prospera, ni para preferir que nadie tenga antes que aceptar que otro tenga. La visión de 1884, fuera lo que fuere, no describía una posesión. Describía un permiso. Y el permiso se concede todos los días, en cosas del tamaño exacto de nuestra vida.

Hay un detalle en Choeung Ek que resume el siglo mejor que cualquier estadística. A los condenados los mataban a golpes de pico para ahorrar balas.

Alguien hizo ese cálculo. Se sentó, comparó el coste de la munición con el coste del esfuerzo y tomó una decisión razonable.

Esa es la firma del siglo XX. No la furia. La hoja de cálculo. La melamina se añadía para aprobar un análisis. Las células HEK293 se usaban para ahorrar catadores. La lotería recauda. La semilla se licencia cada año. Ninguna de estas decisiones la tomó un monstruo: todas las tomó un profesional competente que estaba optimizando algo.

Solzhenitsyn, que vio funcionar todo esto desde dentro y lo pagó con ocho años de campo, escribió la única frase que impide convertir este texto en un ajuste de cuentas con los demás:

La línea que separa el bien del mal no pasa entre estados, ni entre clases, ni entre partidos. Pasa por el corazón de cada hombre.

También por el mío.

Y si eso es cierto, el siglo no se cierra con una denuncia. Se cierra con una pregunta que cada uno debe responderse solo, y responderla en indicativo:

¿Dónde, esta semana, preferí que el otro no tuviera?

León XIII lo vio ·  la Iglesia acertó todos los diagnósticos y no cambió nada



En 1884 —el mismo año de la visión— Félix Sardá y Salvany publica El liberalismo es pecado, y la Sagrada Congregación del Índice responde en 1887 avalando la doctrina del opúsculo. En 1888, León XIII firma Libertas praestantissimum sobre la verdadera naturaleza de la libertad. En 1891, Rerum novarum condena a la vez el socialismo y el capitalismo sin freno, y lo hace veintiséis años antes de la Revolución de Octubre.

En 1907, san Pío X publica Pascendi dominici gregis contra el modernismo, al que llama la síntesis de todas las herejías, e impone el juramento antimodernista.

En 1931, Pío XI condena el fascismo italiano en Non abbiamo bisogno. En 1937 firma dos encíclicas en cinco días: Mit brennender Sorge, escrita en alemán y leída desde los púlpitos del Reich un Domingo de Ramos, y Divini Redemptoris, que declara el comunismo intrínsecamente perverso y prohíbe cualquier colaboración con él. En 1949, el Santo Oficio decreta la excomunión de los católicos que militen en partidos comunistas.

Y en 1984 el cardenal Ratzinger firma Libertatis nuntius, condenando las corrientes de la teología de la liberación que asumen el análisis marxista. En 1985 se impone a Leonardo Boff un año de silencio obsequioso. Y en 1983, en la pista del aeropuerto de Managua, Juan Pablo II reprende públicamente a Ernesto Cardenal con el dedo levantado, delante de las cámaras del mundo.

La Iglesia no se equivocó en el diagnóstico. Acertó en todos y cada uno.

Y ahí está la acusación.


II — ACERTARON, Y NO OBEDECIERON

Vuelve la escena de Mateo 21.

Cristo somete a los sumos sacerdotes el caso de los dos hijos. Ellos responden correctamente: cumplió la voluntad del padre el que dijo que no y fue. Y el versículo siguiente registra el resultado: ni aun viéndolo os arrepentisteis después.

No falló el conocimiento. Falló la voluntad.

Eso es exactamente lo que ocurrió con aquel magnífico corpus doctrinal. Se escribió en latín, se publicó en el Acta Apostolicae Sedis, se archivó y no se aplicó.

Porque una condena sin consecuencias no es una condena: es literatura. El comunismo fue declarado intrínsecamente perverso en 1937, y cuarenta años después había sacerdotes al mando de columnas armadas marxistas sin que la estructura reaccionara hasta que el escándalo fue público. El modernismo fue declarado la síntesis de todas las herejías en 1907, y sesenta años más tarde ocupaba cátedras de teología en universidades pontificias.

El atalaya de Ezequiel tiene dos obligaciones: ver la espada y tocar la trompeta. La Iglesia del siglo XX cumplió la primera con una lucidez que todavía asombra.

Lo que no hizo fue lo que viene después de tocar: bajar de la torre.


III — LOS QUE SE FUERON AL MONTE

Y aquí el estudio deja Europa y llega a casa.

El 15 de febrero de 1966, en las montañas de Santander, muere en su primer combate un sacerdote colombiano de treinta y siete años. Camilo Torres Restrepo era hijo de una familia acomodada de Bogotá, capellán de la Universidad Nacional y fundador de su Facultad de Sociología. Había escrito que para el cristiano la revolución no solo está permitida, sino que es obligatoria. Duró cuatro meses en el ELN. Su cuerpo estuvo desaparecido sesenta años; el hallazgo se confirmó este mismo año. Ahora le construyen mausoleos al que murió matando policías.

No fue el único, ni el más grave.

Tres sacerdotes aragoneses —Manuel Pérez, Domingo Laín y José Antonio Jiménez— llegaron a Colombia como misioneros, trabajaron en los barrios pobres de Cartagena, fueron deportados por agitación y regresaron con identidades falsas para incorporarse a la guerrilla.

Manuel Pérez Martínez, sacerdote ordenado, comandó el Ejército de Liberación Nacional durante casi dos décadas, hasta su muerte en Cuba en 1998. Bajo su mando el ELN se financió con extorsión a petroleras, impuestos a cocaleros y secuestro. Según la Comisión de la Verdad, el ELN es responsable del 17 % de todos los secuestros del conflicto armado colombiano: más de 9.500 personas.

Y hay un dato que debería estar en el centro de cualquier examen de conciencia de la Iglesia latinoamericana: el cura Pérez fue excomulgado por el asesinato de monseñor Jesús Emilio Jaramillo, obispo de Arauca, ocurrido en 1989.

Un sacerdote católico al mando de un ejército que asesinó a un obispo católico.

Las cifras del conjunto, según la Comisión de la Verdad para el periodo 1985-2018: unas 450.000 víctimas mortales, de las cuales 122.813 atribuidas a las guerrillas. Más de 210.000 desaparecidos. Millones de desplazados y exiliados.

Roma condenó la teología de la liberación en 1984. Pero para 1984 el cura Pérez ya llevaba años en el monte, y siguió catorce más.

La condena llegó a tiempo en el papel y tarde en la montaña. Y esa distancia —entre el documento correcto y la diócesis que no actúa— es la culpa interna.


IV — EL CONCILIO

Aquí hay que distinguir entre lo que es hecho y lo que es juicio, porque mezclarlo destruye la credibilidad de lo demás.

Los hechos son estos. El Concilio Vaticano II (1962-1965) fue seguido de una reforma litúrgica que culminó en el Misal de 1969. Después del Concilio, la práctica religiosa se desplomó en el mundo occidental, y con ella las vocaciones: decenas de miles de sacerdotes pidieron la dispensa en los años inmediatamente posteriores, y órdenes religiosas enteras perdieron la mayor parte de sus miembros en dos décadas. Ningún dato de esto está en discusión. Más del 45% del clero colgó los hábitos.

El juicio es lo discutido, y conviene formularlo como lo que es: una controversia interna abierta.

Una corriente sostiene que existe causalidad. Que la reforma litúrgica rompió la continuidad del rito, que la ambigüedad de algunos textos conciliares abrió la puerta a lecturas relativistas, y que el modernismo condenado en 1907 entró por la ventana en 1965. Romano Amerio lo argumentó en Iota unum, y esa es la posición de buena parte del mundo tradicional.

El desplome afectó por igual a confesiones protestantes que no tuvieron concilio ninguno, pero participaron infiltrado la iglesia, con libros como «Honesto para con Dios» que produjo el movimiento hippie, hagan el amor , no la guerra, y las mismas décadas trajeron la anticoncepción, la televisión, la prosperidad y la urbanización masiva, y atribuirlo todo a un misal es confundir el síntoma con la enfermedad.

Este estudio no zanja esa disputa, y quien la zanje en un párrafo está haciendo propaganda, no análisis.

Pero hay algo que sí puede afirmarse sin entrar en ella, y es lo que importa para nuestro argumento: si la Iglesia hubiera cumplido lo que ella misma tenía escrito, la discusión sería irrelevante. No hacía falta un concilio para aplicar Divini Redemptoris. No hacía falta un misal nuevo para que un obispo destituyera a un sacerdote que predicaba la lucha armada. La parálisis no vino del rito. Vino de la voluntad, que es de lo que venimos hablando desde la primera línea.


V — LO QUE NO ADMITE DEBATE

Sobre los abusos no hay dos corrientes. Hay actas.

El informe Sauvé fue benévolo.  Sus cerca de 216.000 menores abusados por clérigos en Francia entre 1950 y 2020 —330.000 incluyendo laicos al servicio de la Iglesia— constituyen una de las estimaciones más altas producidas en cualquier país. Lo encargó la propia Conferencia Episcopal Francesa, todo era una farsa, la Académie Catholique de France cuestionó la extrapolación estadística, era excesiva.

El informe John Jay documentó en Estados Unidos más de cuatro mil sacerdotes acusados. Los informes Ryan y Murphy en Irlanda destaparon un sistema. La Comisión Real australiana, otro.

Y el agravante no es el crimen individual, que existe en toda institución humana. Es el patrón administrativo: el traslado del culpable a otra parroquia, el acuerdo de confidencialidad, la presión sobre la familia, la prioridad del prestigio institucional sobre el cuerpo de un niño.

Volvemos a la misma firma que cerraba la primera parte. No fue la furia. Fue la gestión del riesgo reputacional.

Un obispo que traslada a un abusador está optimizando algo. Igual que el funcionario que añadía melamina para aprobar el análisis, igual que el que mataba con azadas para ahorrar munición.

Y aquí la Iglesia pierde el único privilegio que le quedaba, que era el de la excepción. Porque hizo con sus niños lo mismo que el siglo hacía con los suyos, y lo hizo con la misma hoja de cálculo.


VI — LA PIRÁMIDE INVERTIDA

América Latina fue durante siglos el continente joven, y ha dejado de serlo en una sola generación.

Colombia tiene hoy una tasa de fecundidad en torno a 1,1 o 1,2 hijos por mujer. Chile está por debajo de 1,2. Brasil, alrededor de 1,6. Son cifras inferiores a las de China, y en algunos casos comparables a las de Corea del Sur.

Conviene precisar el mecanismo, porque la comparación fácil es errónea. Aquí no hubo política de hijo único: no hubo cuotas, ni funcionarios con metas, ni abortos forzados a los siete meses. La mayoría de los países del continente mantiene legislaciones restrictivas, aunque Colombia despenalizó en febrero de 2022 hasta la semana veinticuatro.

El resultado demográfico, sin embargo, es el mismo o peor. Y eso es precisamente lo que hay que explicar, porque tiene una consecuencia incómoda para todos: China necesitó coerción de Estado durante treinta y cinco años para conseguir lo que América Latina ha conseguido voluntariamente en veinte.

No hizo falta un gobierno que lo impusiera. Bastó con que dejáramos de encontrarle sentido.

Esa es la pregunta que el continente más católico del mundo debería estar haciéndose, y que no se hace. La pirámide se ha invertido sin que nadie firmara un decreto.


VII — EL AGRAVIO COMO PROGRAMA

El agravio histórico convertido en instrumento político.

El mecanismo es simple. Se toma un despojo que forma parte de una leyenda negra, cuando lo que hubo fue la transferencia tecnológica más grande de la historia y se declara permanente e irreparable, y se convierte en título de crédito contra los vivos. Ya no se trata de reparar una injusticia a una víctima concreta, sino de mantener abierta una deuda que no puede saldarse nunca, porque su utilidad consiste precisamente en no saldarse.

Y aquí es donde conecta con la cláusula del maestro, la de la historia borrada. Cuando la enseñanza de la historia se desmonta, el hueco no queda vacío: lo llena una versión simplificada y utilizable. Quien crece sin poder distinguir la Corona de la encomienda, o la Compañía de las Indias de un virreinato, no es un hombre inferior. Es un hombre desarmado. Y el desarmado acepta la versión que le den.

El resultado práctico es el de siempre, y ya lo describimos en la primera cláusula: expropiaciones justificadas por deuda histórica, inseguridad jurídica, capital que huye, patrimonio familiar que se disuelve en una generación. Venezuela nacionalizó más de mil empresas a partir de 2007 y hoy no produce ni su propio combustible.

No es envidia de pueblos. Es la envidia de Caín, que es universal, administrada por quien sabe que rinde votos.


VIII — EL DICTAMEN SOBRE LA CASA

La Iglesia del siglo XX no pecó por ceguera, sino por cobardía ilustrada: vio con una claridad que nadie más tuvo, lo escribió magníficamente y no hizo nada.

Creo que un documento sin sanción es una forma elegante de no decidir, y que no decidir también decide.

Creo que cuando un sacerdote pudo comandar durante veinte años una guerrilla que secuestró a nueve mil personas y mató a un obispo, el problema no fue de doctrina, porque la doctrina estaba escrita desde 1937. Fue que nadie con autoridad quiso pagar el precio de aplicarla.

Creo que el traslado del abusador de parroquia es teológicamente peor que el abuso, porque el abuso es un pecado y el traslado es una política.

Y si el Concilio causó el desplome es, casi una distracción cómoda: permite discutir sobre rúbricas a quienes no quieren discutir sobre obediencia.

Natán no le contó la parábola a un enemigo de Israel. Se la contó al rey.

¿Qué os parece?

:El bombardeo aliado a la [Abadía de Monte Cassino](https://www.google.com/search?kgmid=/g/11b6gb746w) en 1944 —fundada por [San Benito](https://www.google.com/search?q=san+benito&kgmid=/m/019kw) en el siglo VI— representó la pulverización física del epicentro del monacato occidental. En círculos tradicionales, este evento es catalogado como un hito de destrucción espiritual que golpeó directamente la raíz del orden cristiano europeo.
* El holocausto nuclear en Nagasaki: Cuando el 9 de agosto de 1945 se detonó la bomba atómica sobre [Nagasaki](https://www.google.com/search?kgmid=/m/05gqf), el artefacto explotó sobre el distrito de [Urakami](https://www.google.com/search?kgmid=/m/09q8z1), el corazón histórico del catolicismo japonés. Dos tercios de la población católica local fallecieron instantáneamente y la catedral fue arrasada, destruyendo la comunidad más antigua y fiel de la región por una decisión militar aliada.
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## II. La Infiltración y el Giro Teológico Interno

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* La influencia pentecostal: El surgimiento de la Renovación Carismática dentro de la Iglesia es evaluado por sus críticos como una asimilación de formas de culto de origen protestante. Sostienen que la emocionalidad y las prácticas de estos movimientos diluyen la solemnidad litúrgica e introducen un paradigma ajeno a la mística latina clásica.
* El viraje papal hacia la periferia: La famosa frase de [Jorge Mario Bergoglio](https://www.google.com/search?q=jorge+mario+bergoglio&kgmid=/m/05ngt2) («¿Quién soy yo para juzgar?») marcó un cambio de tono definitivo en la retórica del Vaticano. Esta línea de apertura social ha sido continuada por el actual [Papa León XIV (Robert Prevost)](https://www.google.com/search?q=papa+le%C3%B3n+xiv+%28robert+prevost%29&kgmid=/m/09g9hkq). En su exhortación apostólica [Dilexi te](https://www.vidanuevadigital.com/2025/10/09/leon-xiv-canoniza-la-teologia-de-la-liberacion-resituada-en-aparecida-en-su-primera-exhortacion/) y en entrevistas biográficas, León XIV ha defendido abiertamente la validez de la [Teología de la Liberación](https://www.vidanuevadigital.com/2025/09/29/leon-xiv-con-la-teologia-de-la-liberacion-el-evangelio-nos-llama-a-todos-a-la-libertad/) bajo la perspectiva original de [Gustavo Gutiérrez](https://www.google.com/search?q=gustavo+guti%C3%A9rrez&kgmid=/m/05cw44), argumentando que mirar a través de los ojos de los pobres es una exigencia evangélica y no necesariamente una promoción de la ideología marxista.
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## III. El Desmantelamiento de la Estructura Tradicional

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* El cerco a la Misa Tridentina y los comisariados: A partir de restricciones rigurosas a la liturgia preconciliar, la Santa Sede ha limitado drásticamente la celebración de la Misa tradicional en latín. Paralelamente, el comisariado y la intervención canónica de decenas de comunidades de corte tradicionalista han neutralizado los focos de resistencia interna a las reformas.
* La agenda de frontera: El proceso de la sinodalidad y documentos que abren las puertas a las bendiciones de parejas diversas han fragmentado la cohesión doctrinal interna. Asimismo, los estudios formales sobre el diaconado femenino y la ordenación de hombres casados (viri probati) para zonas remotas son vistos como el paso previo a la abolición del celibato eclesiástico y del sacerdocio puramente masculino.
* El auge del Neopaganismo frente al vacío occidental: Mientras las iglesias cristianas se vacían debido al colapso demográfico y la secularización, corrientes neopaganas y esotéricas como la Wicca experimentan un crecimiento sostenido en Occidente. Aunque no operan formalmente bajo el estatus jurídico de «religión de Estado», gozan de pleno reconocimiento legal, protección institucional y asimilación cultural en las legislaciones civiles de libertad de cultos en varios países desarrollados.


FUENTES

Sardá y Salvany, El liberalismo es pecado (1884), con la respuesta de la Sagrada Congregación del Índice (1887) · León XIII, Libertas praestantissimum (1888) y Rerum novarum (1891) · Pío X, Pascendi dominici gregis (1907) · Pío XI, Non abbiamo bisogno (1931), Mit brennender Sorge y Divini Redemptoris (1937) · Decreto del Santo Oficio contra el comunismo (1949) · Congregación para la Doctrina de la Fe, Libertatis nuntius (1984) y Libertatis conscientia (1986) · Comisión de la Verdad de Colombia, informe final (2022), cifras del periodo 1985-2018 · Walter J. Broderick, biografías de Camilo Torres y Manuel Pérez · Informe Sauvé/CIASE (2021) y observaciones de la Académie Catholique de France (2021) · Informe John Jay (2004) · Corte Constitucional de Colombia, Sentencia C-055 de 2022 · Romano Amerio, Iota unum (1985) · Datos de fecundidad del Banco Mundial y del DANE.


FUENTES

Nietzsche, Así habló Zaratustra (1883-1885) · Freud, Über Coca (1884) · Buck v. Bell, 274 U.S. 200 (1927) · Carta de Lenin al Politburó, 19 de marzo de 1922 · Frank Dikötter, La gran hambruna en la China de Mao (2010) · R. J. Rummel, Death by Government (1994), tabla 1.6 · Stéphane Courtois et al., El libro negro del comunismo (1997), con las reservas indicadas · Centro de Documentación de Camboya y Cámaras Extraordinarias, caso 001/01 · National Crime Records Bureau de la India; Gruère y Sengupta / IFPRI sobre algodón Bt y suicidios · Administración General de Supervisión de Calidad de China e informes de la OMS sobre el caso de la melamina, 2008 · Patentes de Senomyx; correspondencia de PepsiCo con Children of God for Life, abril de 2012 · China Statistics Press (2013) y censo de 2021 para la proporción de sexos · Informe Cass, NHS Inglaterra, abril de 2024 · Informes John Jay (2004) y Sauvé/CIASE (2021) · Comisión Presidencial de Bioética de EE. UU. sobre Guatemala (2011) · Acuerdos judiciales de Purdue Pharma, 2007 y 2020 · Estimaciones de la OMS sobre aborto inducido · Antony Beevor, Berlín: la caída (2002) · Norman Naimark, Los rusos en Alemania (1995) · Adam Hochschild, El fantasma del rey Leopoldo (1998).

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