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“Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se desazona, No vale ya para nada.

“Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se desazona, ¿con qué se salará? No vale ya para nada, sino para ser echada fuera y pisada por los hombres”. Mateo 5:13

Cristo quiso compartir nuestra condición, pero no la corrupción del pecado, ni la Corrupción de la iglesia. Según Benedicto XVI

Jesús da preceptos sublimes y para que no dijesen: “¿cómo podremos cumplirlos?” los calma con alabanzas, diciéndoles: “Vosotros sois la sal de la tierra”. como si les dijese: “No os envío por vuestra vida, ni por una nación, sino por todo el mundo. Y si al herir el corazón humano, éste os injuria, alegraos”. Ese es el efecto de la sal, morder lo que es de naturaleza laxa, puesto que cuando se esparce sobre los cuerpos, les introduce la incorrupción y los hace aptos para percibir un buen sabor en los sentidos. Los Apóstoles son los predicadores de las cosas celestiales y son como los saladores de la eternidad. Con toda razón, pues, se les llama sal de la tierra, porque por la virtud de su predicación preservan los cuerpos salándolos para la eternidad.

La sal también cambia de naturaleza por medio del agua, el ardor del sol y la violencia del viento. Así los varones apostólicos, por el agua del bautismo, por el ardor del amor y por el soplo del Espíritu Santo se transforman en una naturaleza espiritual. La sabiduría celestial, predicada por los Apóstoles, purifica las obras materiales, quita el mal olor y podredumbre de la mala conversación y el gusano de los malos pensamientos, por ellos se condimenta el género humano.

Cuando un sabio está adornado de todas las virtudes mencionadas, entonces se le considera como una sal perfecta y todo el pueblo se condimenta de él viéndolo y oyéndolo.

No se ofrecía a Dios ningún sacrificio en el Antiguo Testamento (Lev 2) si primero no se condimentaba con sal, porque ninguno puede ofrecer un sacrificio que sea agradable a Dios si no se lo ofrece con el sabor de la sabiduría celestial.

“Y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada?” Esto es, si el doctor se equivoca, ¿qué otro doctor lo enmendara?

Y si vosotros, por quienes deben ser condimentados los pueblos, perdiéreis el Reino de los Cielos por miedo de las cosas del mundo, ¿qué harán los hombres que debieron ser libres del error por vosotros? También dice “si la sal se desvaneciese”, manifestando que deben considerarse como necios todos aquellos que, siguiendo la abundancia o temiendo la escasez de los bienes temporales, pierden los eternos, que no pueden ser dados ni arrebatados por los hombres.

Por ello sigue: “No vale ya para nada, sino para ser echada fuera y pisada por los hombres”.

El ejemplo está tomado de la agricultura. La sal es necesaria para condimento de las comidas y para secar las carnes, pero no tiene otro uso. Cuando aquellos que son cabezas de otros faltan, no aprovechan para nada, sino para ser arrojados de su oficio de enseñar.

Por eso el apóstol debe tener su corazón fijo en el cielo.

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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