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La Conversión de un Liberal

TO GO WITH AFP STORIES ABOUT THE POPE’S VISIT IN GERMANYFILES – Picture taken in 1951 shows the family of Josef Ratzinger (up, R) in Freising, Bavaria, after the ordination of himself and his brother Georg (up L). Germany’s Cardinal Joseph Ratzinger was elected the 265th pope of the Roman Catholic Church on 19 April 2005 and took the name Benedict XVI. Bottom row : his sister Maria, his Mother Maria and his father Josef. AFP PHOTO HO

Como asesor del arzobispo de Colonia, Josef Frings, Joseph Ratzinger era un reformista, asistió el Concilio Vaticano II de 1962, donde se destacó por su progresismo.

El contexto histórico del concilio empieza con la revolución protestante cuando el mundo se dividió y naciones e imperios completos negaron las verdades eternas, los sacramentos, a los santos y la Virgen. Demolió y remodeló las iglesias para convertirlas en sitios ajenos al Dios hijo de la virgen Maria y sus santos. Lo que produjo guerras centenarias. La iglesia excomulgo a los protestantes.

Luego, la revolución francesa desencadenó otra guerra centenaria, que incluyó a los países de América, se desmontó la monarquía en favor de las repúblicas liberales, condenadas por la iglesia, Napoleón secuestró dos papas y uno de ellos murió en cautiverio, se expulsó a la iglesia y se le dio a los sacerdotes 5 días para casarse o adoptar un niño, la pena era la guillotina o la Guayana. Las iglesias fueron convertidas en establos y se adoraba la diosa razón. La iglesia excomulgo a napoleón y los revolucionarios.

El comunismo demolió las iglesias que quedaban, unas 4000 en Rusia, y declaró la iglesia prohibida y a Dios un mito, la iglesia excomulgo a los comunistas.

Los enciclopedistas y filósofos declararon muerto a Dios y la fe un Mito, en la enciclopedia de Diderot se lee, en la E de Eucaristía; definición: ver antropofagia.

Los liberales se apoderaron de los estados pontificios, el papa quedo prisionero en el vaticano y se le exige firmar convenios o concordatos con los nuevos gobernantes del mundo, generalmente hijos de la viuda. Que reducen al papel de empleados oficiales al clero, e incluso pagan sus sueldos, como sigue ocurriendo en algunos países.

Hace poco se descubrió un plan urdido por Stalin y ejecutado en EEUU, para introducir homosexuales en los seminarios e infiltrar y auto demoler la iglesia.

El papa invita a un concilio ecumenico universal. Juan XXIII, convoco el concilio vaticano II. Al que Fueron invitados musulmanes, indios americanos, todas las iglesias protestantes, y los Ortodoxos. Y se creó el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, de allí surgió la Comisión Luterano-Católico-Romana. Ambas comisiones existen desde entonces y luchan denodadamente por la unión de todas las confesiones.

Durante la inauguración la iglesia renunció a desempeñar su papel sagrado de ser guardiana de la verdad: Dijo Juan 23

«Siempre se opuso la Iglesia a estos errores. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar de la medicina de la misericordia más que de la severidad.».

Pablo VI en el discurso de inauguración de la 2ª sesión del concilio, el 29 de septiembre de 1963. Dijo lo mismo, la iglesia no se opondrá mas a los errores ni los condenará.

El concilio logra que todas las iglesias del mundo cambien los altares por mesas, y sean borradas todas las decoraciones internas de las iglesias y se pinten de blanco, algunas retiran los santos, se empiezan a construir iglesias con diseños científicos que se asemejan a pabellones de arte, o ciencia, que no están orientadas a Dios lumbre de oriente. Y la iglesia piede su forma de Cruz.

Se introduce la comunión en la mano, y se retiran los confesionarios de muchas parroquias.

Por primera vez en la historia los papas empiezan a visitar sinagogas, mezquitas, templos budistas, y a permitir ecumenismo en las iglesias católicas como el rezo de las suras, los oficios hebreos o introducir budas en las catedrales y ubicarlos en los altares para oraciones ecuménicas. Por primera vez en 1000 años se reúnen los papas con los patriarcas ortodoxos luego del sisma de Oriente y los papas celebran los 500 años de reforma protestante en los sitios de rito luterano o anglicano, en los países respectivos.

Se edita un nuevo catecismo luego de 500 años del concilio de Trento que fue el catecismo que inspiro al del padre astete, ripalba etc, y al nuevo catecismo se le hacen modificaciones permanentes.

Los papas excomulgan a los liberales, luego a los comunistas, luego a los modernistas, pero todas las antiguas herejías parecen renacer por todas partes.

Para el progresista Ratzinger esto es demasiado y entiende de un solo golpe al ver a los seminaristas hacer fila para «contemplar» una película pornográfica, enviados por su propio Obispo, que esto hay que detenerlo.

De hecho en su primer viaje apostólico a África se opuso al uso del preservativo como método en la lucha contra el sida, en un discurso pronunciado durante su visita. La receta que propuso el pontífice contra la enfermedad se basaba en la oración, la abstinencia y la lucha contra la pornografia.

Una nueva teología había surgido, llamada teología de la liberación, que rápidamente es adoptada por la mayoría de los grupos guerrilleros del mundo, juan pablo II la prohíbe y reduce al estado laical a los sacerdotes que la proclaman desde los pulpitos. Benedicto para entonces, era el Panzer Cardenal.

Juan pablo II logra la caída del muro de Berlín por lo que se cree que el comunismo ha muerto, pero lo que nadie parece notar por 20 años, es la infiltración comunista que se ha metaforseado y que gracias a las concesiones dadas por los estados- según denuncio en su momento Solzhenitsin- se infiltró en todos los entes educativos del mundo enseñando una nueva historia y una nueva teología, la del marxismo cultural ateo. Del que ahora, ya toda la juventud bebió y del cual quedaron envenenadas las nuevas generaciones, para lograrlo, suprimieron la enseñanza de historia y se sustituyó por adoctrinamiento de odio, e ideología de género, dictada obligatoriamente en todas las instituciones educativas del mundo, sin el conocimiento o consentimiento de los padres y muchas veces ni siquiera de los directivos de las instituciones, lo que demuestra la eficacia de la onu en el dictamen de lo que debe ser el nuevo “saber”.

Estudiando la historia de la Iglesia, desde los agitados días de Pío IX hasta el fin del pontificado de Benedicto XVI, se comprueba que los romanos pontífices fieles a esa misión “de enseñar, de santificar y de regir” el rebaño que les fue confiado por Cristo Jesús, no dudaron en condenar de modo tajante los errores del marxismo y alertaron sobre los graves trastornos que la aplicación de su doctrina acarrearía para el orden económico y social.

Los dos teólogos más jóvenes convocados al concilio, Joseph y Hanz Kung destacaron a lo largo de los seis años durante los que se prolongó el Concilio Vaticano II. Pero Joseph abrió los ojos y siguió el camino de la jerarquía eclesiástica hasta los más altos peldaños llegando a convertirse en Benedicto XVI. El otro sacerdote, Hans Küng considerado uno de los más importantes pensadores del siglo XX, se dedicó a demoler la iglesia para no someterse a los corsés dogmáticos dictados desde el evangelio, lo que le valdría en 1979 la declaración de teólogo no católico y la retirada de su autoridad para enseñar teología católica, es decir un Hereje.

Otro gran pensador, el mas grande teologo del concilio, Karl Rahner, Jesuita, proponia un Dios personal es decir ser su propio Dios. Este «giro antropocéntrico», que reemplaza a Dios por el hombre como el centro del pensamiento religioso, no es una novedad, pues hubo muchos en la historia del cristianismo. Lo nuevo es que, esta vez, se produce dentro de la teología católica y que es aprovechado para una finalidad muy concreta: acercar el cristianismo al marxismo.

Este es el ambiente que animó al concilio y Joseph, como Papa Benedicto XVI, los rechaza, recoge los errores de la juventud y los edita, entiende que hay que llamar la atención sobre lo que esta ocurriendo y por ello nos deja una formidable colección de escritos, que dejan claro su abrir de Ojos:

“La triste experiencia de las naciones que fueron y que en la actualidad son férreamente subyugadas por los partidos comunistas o socialistas es patente: hambre, tiranía, esclavitud y opresión. La historia reciente de la humanidad confirma que las condenaciones de Pío IX, León XIII, Pío X, Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI, en su calidad de Pastores y Maestros autorizados, tenían todo fundamento.

No obstante lo anterior, la misma historia confirma que en el campo eclesiástico Karl Marx no dejó de ejercer una extraña fascinación. Esta fascinación degeneró en la llamada “Teología de la Liberación” que Juan Pablo II, en estrecha colaboración con el Cardenal Ratzinger, denunciaron y condenaron:

 “El primer gran desafío que afrontamos fue la Teología de la Liberación que se estaba difundiendo en América Latina. Tanto en Europa como en América del Norte era opinión común que se trataba de un apoyo a los pobres y que por tanto de una causa que se debía aprobar sin duda. Pero era un error”

(Benedicto XVI. Entrevista sobre Juan Pablo II, 7 de marzo de 2014).

 La Doctrina Social de la Iglesia anuncia el amor de Cristo en la sociedad La Doctrina Social de la Iglesia responde a esta dinámica de caridad recibida y ofrecida. Es “caritas in veritate in re sociali”, anuncio de la verdad del amor de Cristo en la sociedad. Dicha doctrina es servicio de la caridad, pero en la verdad. La verdad preserva y expresa la fuerza liberadora de la caridad en los acontecimientos siempre nuevos de la historia. Es al mismo tiempo verdad de la fe y de la razón, en la distinción y la sinergia a la vez de los dos ámbitos cognitivos. El desarrollo, el bienestar social, una solución adecuada de los graves problemas socioeconómicos que afligen a la humanidad, necesitan esta verdad. Y necesitan aún más que se estime y dé testimonio de esta verdad. Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales. (Benedicto XVI. Encíclica Caritas in Veritate, n. 5, 29 de junio de 2009)

Los marxistas rechazan las obras de caridad cristiana porque, según ellos, paralizan la insurrección

“La actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos e ideologías. No es un medio para transformar el mundo de manera ideológica y no está al servicio de estrategias mundanas, sino que es la actualización aquí y ahora del amor que el hombre siempre necesita. Los tiempos modernos, sobre todo desde el siglo XIX, están dominados por una filosofía del progreso con diversas variantes, cuya forma más radical es el marxismo. Una parte de la estrategia marxista es la teoría del empobrecimiento: quien en una situación de poder injusto ayuda al hombre con iniciativas de caridad —afirma— se pone de hecho al servicio de ese sistema injusto, haciéndolo aparecer soportable, al menos hasta cierto punto. Se frena así el potencial revolucionario y, por tanto, se paraliza la insurrección hacia un mundo mejor. De aquí el rechazo y el ataque a la caridad como un sistema conservador del statu quo. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 31b, 25 de diciembre de 2005)

La colectivización de los medios de producción, “panacea marxista” para resolver los problemas sociales y alcanzar un mundo mejor

“El marxismo había presentado la revolución mundial y su preparación como la panacea para los problemas sociales: mediante la revolución y la consiguiente colectivización de los medios de producción —se afirmaba en dicha doctrina— todo iría repentinamente de modo diferente y mejor. Este sueño se ha desvanecido. En la difícil situación en la que nos encontramos hoy, a causa también de la globalización de la economía, la doctrina social de la Iglesia se ha convertido en una indicación fundamental, que propone orientaciones válidas mucho más allá de sus confines: estas orientaciones —ante el avance del progreso— se han de afrontar en diálogo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo. (Benedicto XVI. Encíclica Deus caritas est, n. 27, 25 de diciembre de 2005)

“Con precisión puntual, aunque de modo unilateral y parcial, Marx ha descrito la situación de su tiempo y ha ilustrado con gran capacidad analítica los caminos hacia la revolución, y no sólo teóricamente: con el partido comunista, nacido del manifiesto de 1848, dio inicio también concretamente a la revolución. Su promesa, gracias a la agudeza de sus análisis y a la clara indicación de los instrumentos para el cambio radical, fascinó y fascina todavía hoy de nuevo. Después, la revolución se implantó también, de manera más radical en Rusia. Pero con su victoria se puso de manifiesto también el error fundamental de Marx.

Él indicó con exactitud cómo lograr el cambio total de la situación. Pero no nos dijo cómo se debería proceder después. Suponía simplemente que, con la expropiación de la clase dominante, con la caída del poder político y con la socialización de los medios de producción, se establecería la Nueva Jerusalén. En efecto, entonces se anularían todas las contradicciones, por fin el hombre y el mundo habrían visto claramente en sí mismos. Entonces todo podría proceder por sí mismo por el recto camino, porque todo pertenecería a todos y todos querrían lo mejor unos para otros. Así, tras el éxito de la revolución, Lenin pudo percatarse de que en los escritos del maestro no había ninguna indicación sobre cómo proceder. Había hablado ciertamente de la fase intermedia de la dictadura del proletariado como de una necesidad que, sin embargo, en un segundo momento se habría demostrado caduca por sí misma. Esta “fase intermedia” la conocemos muy bien y también sabemos cuál ha sido su desarrollo posterior: en lugar de alumbrar un mundo sano, ha dejado tras de sí una destrucción desoladora. El error de Marx no consiste sólo en no haber ideado los ordenamientos necesarios para el nuevo mundo; en éste, en efecto, ya no habría necesidad de ellos. Que no diga nada de eso es una consecuencia lógica de su planteamiento. Su error está más al fondo. Ha olvidado que el hombre es siempre hombre. Ha olvidado al hombre y ha olvidado su libertad. Ha olvidado que la libertad es siempre libertad, incluso para el mal. Creyó que, una vez solucionada la economía, todo quedaría solucionado. Su verdadero error es el materialismo: en efecto, el hombre no es sólo el producto de condiciones económicas y no es posible curarlo sólo desde fuera, creando condiciones económicas favorables. (Benedicto XVI. Encíclica Spes Salvi, n. 20- 21, 30 de noviembre de 2007)

“Cambiar las estructuras sociales injustas no es suficiente para garantizar la felicidad de la persona humana. Por otra parte, como dije recientemente a los obispos reunidos en Aparecida, Brasil, el trabajo político “no es competencia inmediata de la Iglesia”. Más bien, su misión es promover el desarrollo integral de la persona humana.

Por esta razón, los grandes desafíos que se plantean en el mundo en este momento, como la globalización, los abusos de los derechos humanos y las estructuras sociales injustas, no se pueden afrontar y superar sin centrar la atención en las necesidades más profundas de la persona humana: la promoción de la dignidad humana, y, la salvación eterna. (Benedicto XVI. Discurso a los participantes en la XVIII Asamblea general de Caritas Internationalis, 8 de junio de 2007)

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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