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Supersesionismo Jesús rompe el pacto con sus asesinos.

La nueva Prefectesa de Comunicaciones, Montserrat Alvarado, encendió las alarmas de los fieles católicos, al declarar que el cristianismo no anula ni reemplaza la fe judía, calificando de «erróneo» el supersesionismo. Doctrina que promulgada por Jesús, rompe el pacto con sus asesinos. La prefectesa, Afirmó que; «Los judíos son nuestros hermanos, caminando de la mano con nosotros hacia la salvación».

Para la Iglesia de Cristo celosa de la Tradición, esta postura representa una grave herida doctrinal. Las palabras del mismo Cristo resuenan con fuerza condenatoria contra las autoridades de la Sinagoga, a quienes llamó «serpientes, raza de víboras» (Mateo 23:33) y «sepulcros blanqueados» (Mateo 23:27), sentenciando: «Vuestro padre es el diablo» (Juan 8:44). Al morir Jesús en la Cruz, el velo del templo se rasgó; la Antigua Alianza expiró tras el rechazo implacable al Mesías. La lampara no volvió a encender y el terremoto destruyó partes del templo. Los muertos y patriarcas resucitaron y fueron de casa en casa anunciando que los judíos habían matado al Mesias-Dios.

Por tanto, la prefectesa sitúa a la comunicación vaticana en contradicción con el mandato que el Salvador entregó a Pedro y a los Apóstoles al instituir los Sacramentos.

Pedro proclamó con absoluta firmeza ante el Sanedrín: «En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos» (Hechos 4:12).

Pretender que existe un camino de salvación paralelo y ajeno a la Sangre de Cristo despoja a la Cátedra de Pedro de su razón de ser. Y la resurrección del salvador pierde todo sentido.

Asimismo, contradice al Apóstol Pablo, quien enseñó que el fin de la Ley es Cristo (Romanos 10:4) y advirtió con severidad: «Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema» (Gálatas 1:9).

Desde esta óptica, la declaración de la prefecta no es un avance, sino una peligrosa claudicación ante el mundo. La Iglesia queda sumida en una crisis de identidad profunda, donde sus propios voceros oficiales parecen relativizar la Cruz, la Resurrección y la urgencia de la conversión para la salvación de las almas.

Asi, la iglesia que fundó occidente, la civilización en que vivimos, pierde su razón de existir.

«El mundo moderno no odia a la Iglesia porque sea santa; la odia cuando le recuerda la verdad. Pero cuando la Iglesia se adapta al mundo y diluye el dogma de la Salvación para no ofender, comete el peor de los adulterios espirituales. El Evangelio no vino a traer una paz diplomática, sino la espada de la Verdad que separa la luz de las tinieblas.» Castellani

Hay dos Israeles: el de la promesa, que se cumplió y continúa exclusivamente en la Iglesia Católica; y el de la carne, que al crucificar a Cristo quedó teológicamente descalificado. El judaísmo post-cristiano no es el hermano mayor del cristiano; es la antítesis militante de la Cruz. Afirmar que caminan de la mano hacia la salvación sin pasar por el bautismo es un error teológico que destruye la economía de la Redención.» Meinville.

Existen al menos 12 documentos de la máxima autoridad magisterial —entre bulas papales, decretos de concilios ecuménicos y encíclicas— que definen, ratifican y desarrollan formalmente el dogma dogmático del Extra Ecclesiam nulla salus (Fuera de la Iglesia no hay salvación) en el periodo que va desde el Concilio de Nicea (325) hasta las vísperas del Concilio Vaticano II (1962)

1. Grandes Concilios Ecuménicos (Definiciones Solemnes)

  • Cuarto Concilio de Letrán (1215): Emitió la primera definición dogmática y ex cátedra del dogma en su Capítulo 1 (De fide catholica): «Y hay una sola Iglesia universal de los fieles, fuera de la cual nadie absolutamente se salva». [1, 2, 3]
  • Concilio de Florencia (1442): A través de la bula Cantate Domino del Papa Eugenio IV, formuló la declaración más tajante y restrictiva de la historia de la Iglesia: «La Iglesia firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia Católica, no sólo paganos, sino también judíos, heréticos y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irán al fuego eterno… si antes del fin de su vida no se hubieren agregado a ella». [1]

2. Bulas Papales y Profesiones de Fe Obligatorias

  • Bula Unam Sanctam (1302) – Papa Bonifacio VIII: Documento cumbre de la teología eclesial medieval. Concluye con una definición dogmática infalible: «Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay una sola Santa Iglesia Católica y Apostólica… fuera de la cual no hay salvación ni remisión de los pecados… declaramos, decimos, definimos y pronunciamos que es absolutamente necesario para la salvación de toda criatura humana el estar sometida al Romano Pontífice». [1, 2, 3, 4]
  • Bula Injunctum Nobis (1564) – Papa Pío IV: Establece la Profesión de Fe Tridentina tras el Concilio de Trento, que todo converso y clérigo debía jurar: «Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse…».
  • Bula In Eminenti (1743) – Papa Benedicto XIV: Ratificó textualmente la profesión de fe tridentina, reiterando la estricta necesidad de pertenecer a la Iglesia para la justificación de las almas.

3. Encíclicas del Magisterio de los Siglos XIX y XX

Con la llegada de la Ilustración y el liberalismo, los Papas defendieron el dogma a través de encíclicas específicas contra el indiferentismo religioso:

  • Ubi Primum (1824) – Papa León XII: Condena la idea de que Dios aprueba todas las religiones, recordando que la salvación solo habita en el Arca de Noé (figura de la Iglesia).
  • Mirari Vos (1832) – Papa Gregorio XVI: Califica el indiferentismo como una «perversa opinión» y recuerda la máxima de San Cipriano: «Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre». [1, 2]
  • Singulari Quadem (1854) y Quanto Conficiamur Moerore (1863) – Papa Pío IX: Documentos clave porque, al tiempo que reafirman con vigor el dogma, introducen formalmente el concepto teológico de la «ignorancia invencible», aclarando que quienes no conocen la Iglesia sin culpa propia no son condenados por ello ante Dios. [1, 2, 3]
  • Mystici Corporis Christi (1943) – Papa Pío XII: Encíclica dogmática sobre el Cuerpo Místico de Cristo. En ella enseña que la Iglesia Católica y el Cuerpo Místico son exactamente la misma cosa, excluyendo de la membresía formal a los cismáticos, herejes y excomulgados. [1, 2]
  • Humani Generis (1950) – Papa Pío XII: Condena los errores teológicos modernos y reduce a doctrina obligatoria que la necesidad de pertenecer a la Iglesia visible para salvarse no es una fórmula vacía, sino un dogma real.

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De #bottegadivina

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