
El 6 de julio de 1535 Santo Tomás Moro, era decapitado.
Era el abogado más culto y talentoso de Inglaterra, admirado además por su integridad y honorabilidad moral.
Fue un pensador, teólogo, político, y escritor inglés, lord canciller de Enrique VIII y se opuso al adulterio que su mejor amigo desde su infancia, el Rey, iba a cometer al divorciarse de la reina Catalina de Aragón, hija de los reyes católicos de España, para casarse con la hija de una mujer que había sido su amante, toda una abominación.
Moro se oponía a la Reforma protestante y, en especial a Martín Lutero, un exsacerdote hereje alemán que vivía con una monja.
Enrique VIII quería tener poder total sobre la iglesia, los obispos, el clero y los fieles de la Iglesia además aspiraba a incrementar su riqueza a través de la confiscación de las tierras y propiedades de conventos, órdenes religiosas, iglesias y monasterios. Exigió la «Sumisión del clero» y se proclamó como suprema cabeza de la Iglesia en Inglaterra sin ningún límite o matización. Era el 15 de mayo de 1532, al otro día Tomás Moro renuncia al cargo de canciller del Reino.
Fue acusado de alta traición, por no aceptar la Iglesia anglicana, fundada por Enrique y de la cual se declaró “Papa”, declaraba a Inglaterra como un Imperio aparte del Romano- germánico del cual ya no hacía parte y se dedicó a ejecutar sin piedad a todos quienes se atrevieron a oponerse, eliminó a todo el clero, los obispos y religiosas que no lo reverenciaban como papa.
En la única religión fundada por Dios No existe el divorcio.
“Felices los que saben mirar con seriedad las pequeñas cosas y tranquilidad las cosas grandes, porque irán lejos en la vida.
Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque no se turbarán por lo imprevisible.
Felices ustedes si saben callar y ojalá sonreír cuando les quitan la palabra, se les contradice o cuando les pisan los pies, porque el Evangelio comienza a penetrar en su corazón.
Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.
Felices los que están atentos a las necesidades de los demás, sin sentirse indispensables, porque serán distribuidores de alegría.
Felices los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desprecio, porque su camino será pleno de sol.
Felices sobretodo, ustedes, si saben reconocer al Señor en todos los que encuentran, entonces habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría.”
(Santo Tomás Moro)
