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La fe es, la aceptación de un testimonio por la autoridad del que lo da. Si el que da ese testimonio es un hombre y lo creemos por la confianza que nos merece en cuanto tal persona, tenemos la fe humana; si el que da ese testimonio es Dios y lo creemos por su autoridad divina, que no puede engañarse ni engañarnos, tenemos la fe divina.

La fe (del latín fides) es la seguridad o confianza en Dios y, como tal, se manifiesta por encima de la necesidad de poseer evidencias; es una virtud teologal y se basa en la obra y enseñanzas de Jesús de Nazaret. ​ En lugar de ser pasiva, la fe conduce una vida activa alineada con los ideales y ejemplo de vida de Jesús.

Es, la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Heb 11:1

“La fe es tener por verdaderas ciertas afirmaciones intelectuales, bajo el influjo y la adhesión de la voluntad”. Una virtud que, por la gracia de Dios, creemos ser verdadero lo que por El ha sido revelado, no por la verdad percibida por la luz de la razón, sino por la autoridad del mismo Dios que revela, el cual no puede engañarse ni engañarnos

La fe es una gracia, un don de Dios; para dar respuesta a la fe es necesaria la gracia de Dios que ayuda y se adelanta a las personas y mueve sus corazones para dirigirlos a El. Sin embargo, creer es un acto auténticamente humano, que no es contrario a la inteligencia ni a la libertad del hombre. La fe es cierta, más que cualquier conocimiento humano, pues se basa en la palabra de Dios, que no puede mentir ya que Él es la Verdad. La certeza que da la luz divina es mayor que la que da la luz de la razón natural.

La fe abre los ojos del corazón dice San Pablo en su carta a los Efesios y San Agustín —serm. 43, 7, 9— dice que “creo para comprender y comprendo para creer mejor”. Las realidades de fe y las profanas tienen su mismo origen: Dios.

Cuando una persona se siente llamada por Dios a servirle, queda vinculada por su conciencia, pero no coaccionada. El propio Jesucristo invitó a la fe y a la conversión, pero no forzó a nadie a seguirle. Él es el único que resucita muertos y se resucito a si mismo, como esta demostrado, no por fe sino por verdad y hechos demostrados por el método científico y el método legal.

Si se tiene fe, para perseverar en ella, debe alimentarse con la palabra de Dios y ser sostenida por la esperanza.

La gracia de la Fe la reciben los niños juntamente con la gracia Santificante, en el momento del bautismo.

No SON SUJETOS DE LA FE, porque su estado es incompatible con ella:

Los ángeles y bienaventurados del cielo, que gozan de la visión de Dios y ya no la necesitan. Y

Los demonios y condenados del infierno, que están enteramente privados de todo rastro y vestigio de vida sobrenatural. Poseen tan sólo evidencia forzada, por la evidencia del castigo que sufren de parte de Dios. En este sentido dice el apóstol Santiago que los demonios «creen y tiemblan»

Hay que creer con fe divina y católica todo lo que se contiene en la palabra de Dios escrita o transmitida por la tradición, y que la Iglesia por definición solemne o por su magisterio ordinario y universal conserva como divinamente revelado.

La fe es necesaria a todos los hombres, de tal manera que sin ella nadie se puede salvar. Dios premia a los buenos y castiga a los malos.

En tiempo de persecución religiosa, si la autoridad pública diera un edicto general mandando que los cristianos manifiesten públicamente su fe, nadie está obligado a obedecer (aunque en el edicto se dijera que el que no se presente se entiende que renuncia a su religión), porque esa pretendida ley es completamente injusta y no puede obligar a nadie en conciencia. Por lo que, en tiempo de persecución religiosa, los sacerdotes o simples fieles pueden ocultarse y aun huir, según las palabras de Cristo: Si os persiguen en una ciudad, huid a otra (Mt. 10,23), confirmadas por su propio ejemplo (Io. 8,59; 10,39) y el de sus apóstoles (2 Cor. 11,33; Act. 12, 8-11). Se exceptúa el caso de los pastores (obispos, párrocos…) cuya fuga expusiera a sus fieles a grave peligro de apostasía: en este caso tendrían que permanecer allí, aun con grave peligro de su vida, a ejemplo del Buen Pastor, que dió su vida por sus ovejas.

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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