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San Pablo en España

El Viaje y la documentación de los Hechos, en Hispania, está envuelto en la más completa obscuridad; nuestras únicas fuentes son algunas tradiciones dispersas y las citas dispersas de las epístolas. Pablo deseó pasar por España desde mucho tiempo antes (Rom., xv, 24, 28) y no hay pruebas de que cambiase su plan. Hacia el fin de su cautiverio, cuando anuncia su llegada a Filemón (22) y a los filipenses (ii, 23-24), no parece considerar esta visita como inminente, dado que promete a los filipenses enviarles un mensajero en cuanto conozca la conclusión de su juicio y, por consiguiente, él preparaba otro viaje antes de su vuelta a oriente. Sin necesidad de citar los testimonios de San Cirilo de Jerusalén, San Epifanio, San Jerónimo, San Crisóstomo y Teodoreto diremos finalmente que el testimonio de San Clemente de Roma, bien conocido, el testimonio del «Canon Muratorio», y el «Acta Pauli» hacen más que probable el viaje de San Pablo a España. En cualquier caso, no pudo quedarse allá por mucho tiempo, dada su prisa por visitar las iglesias del este. Pudo sin embargo haber vuelto a España a través de la Galia, como algunos padres pensaron, y no a Galacia, a la que Crescencio fue enviado más tarde. (II Tim., iv, 10). Es verosímil que, después, cumpliera su promesa de visitar a su amigo Filemón y que, en tal ocasión, visitara las iglesias del valle de Licaonia, Laodicea, Colosos, y Hierapolis.

Por lo cual me he visto impedido muchas veces de llegar hasta vosotros; pero ahora, no teniendo ya campo en estas regiones y deseando ir hacia vosotros desde hace bastantes años, espero veros al pasar, cuando vaya a España, y ser allá acompañado por vosotros […]. Mas ahora parto para Jerusalén en servicio de los santos, porque Macedonia y Acaya han tenido a bien hacer una colecta a beneficio de los pobres de entre los santos de Jerusalén. […]. Una vez cumplido esto, cuando les entregue este fruto, pasando por vosotros, me encaminaré a España, […].” (Romanos 15:19-28).

Después de estar dos años preso en Roma, quedó en libertad en la primavera del año 63. Desde esta fecha hasta su muerte en el año 67 (Profesores de Salamanca, Biblia Comentada, tomo VI, p. 234) tenía Pablo unos cuatro años para continuar con sus actividades. Entonces, hizo su proyectado viaje a España. Entre los cristianos de Roma que lo acompañaron, estaba Clemente Romano, que según dice Eusebio de Cesarea, en su Historia Eclesiástica, V, 6:1-2, fue el tercer obispo de Roma. Este Clemente escribió, entre los años 95-96, una carta a los corintios; en ella, les cuenta ese viaje a España, y al mismo tiempo hace un resumen de los sufrimientos que había pasado Pablo durante su ministerio; así lo dice: “Por seis veces fue cargado de cadenas; fue desterrado, apedreado; hecho heraldo de Cristo en Oriente y Occidente, alcanzó la noble fama de su fe; y después de haber enseñado a todo el mundo la justicia y de haber llegado hasta el límite de Occidente y dado su testimonio ante los príncipes(*)salió así de este mundo y marchó al lugar santo(**), dejándonos el más alto dechado de paciencia.” (Daniel Ruiz Bueno, Padres Apostólicos, BAC, 1967, pp. 115, 182).

(*) El término griego traducido por “príncipes” está usado en el NT para referirse a los dirigentes judíos en Juan 3:1. Por tanto, habló con los responsables de los judíos en el lugar (o lugares) que visitó en España, en la región de Cádiz, “el límite del Occidente”, el “Non Terrae Plus Ultra” de los romanos refiriéndose al Estrecho de Gibraltar.

(**) La expresión “lugar santo” se refiere al lugar (o campo santo) donde los cristianos llevaban a enterrar los restos de los cristianos que habían sido martirizados, como hicieron tras el martirio de Esteban (Hechos 8:2).

7) Por tanto, Pablo llegó a la zona de Cádiz y visitó allí a los dirigentes de los judíos, como había hecho antes en todos sus viajes por Asia Menor; en cuanto llegaba a una ciudad por primera vez, iba a la sinagoga y daba su testimonio sobre Cristo a los judíos, para terminar hablando con los responsables de la sinagoga; es decir, Pablo hizo en la zona de Cádiz lo que venía haciendo en todos sus viajes misioneros. Así, Pablo realizó el encargo que Jesús hizo a sus seguidores: que fueran testigos suyos hasta lo último de la tierra, según Hechos 1:8.

8) ¿Por qué sabía Clemente Romano hasta dónde llegó Pablo y a quién dio testimonio? Porque Pablo no conocía el latín, que era la lengua que se hablaba en la parte occidental del imperio romano, y Clemente, que conocía el griego y el latín, acompañó a Pablo y fue su traductor; y esa predicación de Pablo en España duró, por lo menos, unos dos años de los cuatro mencionados más arriba, y todavía le quedaron otros dos años, de esos cuatro, para hacer un viaje a Oriente.

San Cirilo de Jerusalén (n.315-m.386), San Epifanio (n.h.438-m.h.496), San Juan Crisóstomo (n.344-m.407). Y por encima de todos ellos, San Clemente, discípulo él mismo de Pablo, y muy posiblemente el mismo que la historia eclesiástica tiene por cuarto papa de la Iglesia, que lo fue entre los años 88 y 97, quien en su “Carta a los Corintios” que cabe datar del año 96, afirma:

 “Después de haber estado [Pablo] siete veces en grillos, de haber sido desterrado, apedreado, predicado en el Oriente y el Occidente, ganó el noble renombre que fue el premio de su fe, habiendo enseñado justicia a todo el mundo y alcanzado los extremos más distantes del Occidente [esto es, España]” (EpClm. 5).

 A San Jerónimo (n.345-m.419), aún más preciso que Clemente, debemos la información de que Pablo habría desembarcado en España por Tarragona, donde por cierto, aún se venera el lugar en el que habría predicado. Un menologio (=martirologio, santoral) griego, señala que Pablo habría convertido en España a Xantipa, mujer del prefecto Probo, y a su hermana Polixena.

En la más antigua literatura apócrifa también se registran referencias a la estancia española de Pablo. Así, los “Hechos de Pedro”, apócrifo muy antiguo que bien podrían datar de antes del año 200, con ocasión de la llegada del príncipe de los apóstoles, Pedro, a la capital del Imperio, explicita:

            “Afirmaba Aristón [el que aloja a Pedro en Roma] que desde que Pablo había partido para España no había hallado ningún hermano del que pudiera recibir refrigerio espiritual” (HchPd. 6, 3).

Lucio Anneo Séneca  (Corduba, 4 a. C.-Roma, 65 d. C.), llamado Séneca el Joven para distinguirlo de su padre, fue un filósofo, político, orador y escritor romano conocido por sus obras de carácter moral. Hijo del orador Marco Anneo Séneca, fue cuestorpretorsenador y cónsul sufecto durante los gobiernos de TiberioCalígulaClaudio y Nerón, además de tutor y consejero del emperador Nerón. Era Español, de Córdoba.

Trajano, Adriano y Teodosio, tres emperadores romanos que nacieron en España.

Flavio Teodosiof fue emperador de los romanos desde 379 hasta su muerte, siendo el último emperador en gobernar todo el mundo romano al unir las porciones oriental y occidental del Imperio. No obstante, después de su muerte, las dos partes del Imperio se separaron definitivamente. Sobre su lugar de nacimiento no cabe duda de que fue en Hispania, pero el debate está en si fue en Cauca (actual Coca, Segovia) o en Itálica (cerca de Sevilla), como distintos historiadores han apuntado. Teodosio prohibio los olimpicos y las arenas.

Marco Ulpio Trajano nació el 18 de septiembre de 53 d. C. en la ciudad de Itálica, a escasos kilómetros de Hispalis (Sevilla) , y se convirtió a los 45 años en el primer emperador romano que no procedía de la Península Itálica, a excepción de Claudio que por casualidades del destino nació en la Galia. Una muestra de la incipiente importancia de Hispania dentro del sistema político de Roma.

Publio Elio Adriano fue uno de los conocidos como cinco emperadores buenos. Su reforma de la administración permitió modernizar el sistema administrativo estatal ascendiendo a expertos y tecnócratas, lo que supuso que muchas secciones de la administración quedaran en manos de estos funcionarios.

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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