La Iglesia Ortodoxa Tewahedo de Etiopía, conserva un canon biblico de 81 libros
¿De dónde viene el pueblo que conservó estos libros y qué memoria religiosa afirma custodiar?
La respuesta no comienza en el siglo IV con la conversión de Aksum.
Para responderla hay que remontarse a la genealogía bíblica de las naciones: Noé, Cam, Cus y Nimrod la maldición pronunciada por Noé sobre Canaán o sobre Cus. y, con él, la memoria bíblica de Babel;, la tradición etíope desarrollará otra línea de identidad vinculada a Saba, Salomón, Menelik y el Arca de la Alianza.
I. De Noé a Babel
Después del Diluvio, Génesis reconstruye la humanidad a partir de los hijos de Noé. Entre ellos aparece Cam, y de Cam nace Cus. De Cus procede Nimrod, presentado como un poderoso personaje y fundador de antiguos centros urbanos de Mesopotamia. Génesis 10 lo relaciona con Babel, Erec, Acad y Nínive, la tradición lo lleva a construir piramides.
Después llega Génesis 11:
la humanidad se concentra en Babel, intenta levantar una torre y Dios confunde sus lenguas.
Aquí nace uno de los grandes símbolos de toda la Biblia:
Babel como imagen de la humanidad que pretende organizarse contra Dios.
La tradición posterior desarrollará enormemente la figura de Nimrod, convirtiéndolo en paradigma del poder rebelde y asociándolo directamente con la construcción de Babel. Pero debemos distinguir: Génesis presenta a Nimrod como fundador de ciudades y sitúa Babel en su reino; la identificación directa de Nimrod como constructor de la torre pertenece a la tradición posterior.
La última etapa aparece en el Apocalipsis, donde “Babilonia la Grande” se convierte en símbolo de un poder mundial enfrentado a Dios. Allí la antigua Babel deja de ser solamente una ciudad histórica y se transforma en una categoría espiritual: la civilización que alcanza poder, riqueza y dominio, pero termina enfrentándose al juicio de Dios.
El Cus bíblico no puede identificarse sin más con la Etiopía moderna. El término hebreo Kûš abarcaba principalmente regiones al sur de Egipto, particularmente Nubia y el ámbito del antiguo reino de Kush.
Esto resulta extraordinariamente importante.
Porque al norte de la actual Etiopía, en el territorio del antiguo Kush/Nubia, encontramos una civilización africana antiquísima: Meroe, famosa por sus numerosas pirámides.
No tenemos ninguna evidencia histórica de que Nimrod construyera las pirámides de Meroe.
Pero tampoco debemos ignorar por ello la tradición que intenta conectar las antiguas genealogías bíblicas con los pueblos africanos.
Según el Kebra Nagast, la gran tradición nacional etíope, la reina de Saba —Makeda— habría tenido con Salomón un hijo, Menelik, y éste habría llevado a Etiopía el Arca de la Alianza.
Aquí debemos ser absolutamente rigurosos:
la Biblia no afirma que la reina de Saba tuviera un hijo con Salomón ni que el Arca fuera trasladada a Etiopía.
Es tradición etíope posterior.
Pero precisamente por eso es históricamente importante: porque explica cómo la propia Etiopía llegó a comprenderse a sí misma.
No como una nación pagana convertida tardíamente al cristianismo, sino como un pueblo que se consideraba vinculado desde antiguo a Israel, Salomón, Sión, la Ley y el Arca.
La tradición etíope sostiene hasta hoy que el Arca se encuentra en Aksum.
No poseemos una demostración arqueológica independiente de que el objeto conservado allí sea el Arca bíblica.
Babel representa la dispersión de la humanidad; Sión representa la presencia de Dios entre su pueblo.
La tradición etíope se sitúa a sí misma del lado de Sión.
Entonces aparece un personaje que ya no pertenece a la tradición medieval, sino al Nuevo Testamento.
En Hechos 8, Felipe recibe la orden de dirigirse hacia el camino de Jerusalén a Gaza.
Allí encuentra a un funcionario etíope, alto dignatario de la reina Candaces, que había peregrinado a Jerusalén y regresaba leyendo al profeta Isaías. Felipe sube a su carro, le explica que la profecía del Siervo se refiere a Cristo y el etíope pide inmediatamente el bautismo.
El primer etíope convertido que aparece explícitamente en el Nuevo Testamento no está buscando una religión desconocida.
Ya está relacionado con Jerusalén.
Ya adora al Dios de Israel.
Ya lee las Escrituras.
Y Felipe le anuncia que aquello que está leyendo encuentra su cumplimiento en Jesucristo.
La tradición cristiana etíope verá en este episodio el comienzo de su relación con el Evangelio, el cristianismo “debió llegar” a Etiopía con el tesorero de Candaces, aunque las primeras noticias históricas seguras de una Iglesia organizada aparecen posteriormente.
Felipe es el primer vínculo bíblico documentado.
Pero no podemos afirmar que Felipe fundara institucionalmente la Iglesia etíope.
En el siglo IV aparece el personaje que permite pasar de la tradición apostólica a la historia institucional:
En siglo IV, san Atanasio de Alejandría consagró a Frumencio obispo de Aksum.
Frumencio había llegado a la corte de Aksum junto con su hermano Edesio. Posteriormente regresó a Alejandría, informó a Atanasio de las posibilidades de evangelización y fue enviado nuevamente a Etiopía como obispo.
La Iglesia etíope no aparece aislada del cristianismo antiguo: nace vinculada a Alejandría.
Su historia queda unida a Egipto y al cristianismo oriental.
Etiopía no desarrollará simplemente una copia de la Iglesia latina, sino una tradición oriental propia, con influencias egipcias, sirias, bizantinas y jerosolimitanas y la influencia de los llamados Nueve Santos, llegados aproximadamente hacia el año 500.
Etiopía conservó en Ge’ez textos que en Occidente desaparecieron o sobrevivieron solamente en fragmentos.
La versión etiópica conservó íntegros Henoc y Jubileos, textos que durante mucho tiempo fueron conocidos en Occidente de manera fragmentaria.
Los Rollos del Mar Muerto demostraron que Henoc y Jubileos no eran invenciones tardías de la Iglesia etíope.
Fragmentos de 1 Henoc en arameo y de Jubileos en hebreo aparecieron en las cuevas de Qumrán. Los estudios actuales sitúan ambos textos en el judaísmo del Segundo Templo, siglos antes del cristianismo.
Esto es crucial.
Durante mucho tiempo, Henoc podía parecer una rareza conservada por Etiopía.
Qumrán mostró que no.
Henoc ya circulaba en Judea.
Jubileos ya circulaba en Judea.
En Qumrán aparecen múltiples manuscritos de Jubileos, y la literatura de Henoc tuvo una presencia importante en aquel mundo. Los especialistas incluso advierten que algunos textos parecen haber tenido allí un grado de autoridad comparable al de otros escritos que posteriormente entrarían en el canon bíblico.
Etiopía conservó textos que los Rollos de Qumrán demostraron que pertenecían al antiguo mundo religioso judío anterior al cristianismo.
La Iglesia Ortodoxa Tewahedo conserva una tradición canónica propia, tradicionalmente enumerada como 46 libros del Antiguo Testamento y 35 del Nuevo Testamento.
Dentro de ella aparecen textos que no forman parte del canon católico, entre ellos Henoc y Jubileos, y otras obras propias de la tradición etíope. La literatura académica confirma que Henoc y Jubileos forman parte del Antiguo Testamento etíope y que ambos tienen una historia anterior al cristianismo demostrada por Qumrán.
Los 81 libros son solamente la última estación de una historia muchísimo más antigua.
Los Evangelios narran las apariciones del Cristo Resucitado. Pero Hechos introduce una afirmación que abre una ventana:
Cristo se apareció a los apóstoles durante cuarenta días, hablándoles acerca del Reino de Dios.
Eso está explícitamente en Hechos 1,3.
La Biblia católica conserva el dato de esos cuarenta días.
Lo que no conserva es una transcripción completa de todo cuanto Cristo habría enseñado durante ese período.
Y aquí aparecen los Libros del Pacto / Mäṣḥafä Kidan
No debemos decir que contienen “las palabras secretas de Jesús” durante esos cuarenta días.
Eso sería ir más allá de la evidencia.
¿Qué son realmente los Libros del Pacto? ¿Qué tradición textual transmiten? ¿Por qué la tradición etíope los relaciona con la enseñanza de Cristo después de la Resurrección? ¿Qué contienen sobre la Iglesia, los sacramentos, la disciplina, el Reino de Dios y los últimos tiempos?
Y qué memoria religiosa sobrevivió en Etiopía, de dónde procede, qué parte puede documentarse, qué parte pertenece a la tradición y qué textos antiguos conservó que permiten mirar de nuevo hacia el mundo religioso anterior y contemporáneo al nacimiento del cristianismo.
La Biblia contiene el encuentro entre Salomón y la reina de Saba. En 1 Reyes 10 y 2 Crónicas 9 aparece una reina que llega a Jerusalén atraída por la fama de la sabiduría de Salomón, lo colma de riquezas y regresa a su país.
Pero la Biblia no dice que ella tuviera un hijo de Salomón.
Ese elemento aparece en la tradición etíope posterior, especialmente en el Kebra Nagast (Gloria de los Reyes). Allí la reina —llamada Makeda— regresa a Etiopía embarazada de Salomón y da a luz a Menelik I. Cuando Menelik crece, visita a su padre en Jerusalén y, según esa tradición, termina llevando el Arca de la Alianza a Etiopía. La propia Iglesia Ortodoxa Etíope presenta esta tradición como parte de su memoria histórica y religiosa.
En Hechos 8, un funcionario etíope de enorme autoridad, encargado del tesoro de la reina Candace, había ido a Jerusalén a adorar y regresaba a su país leyendo al profeta Isaías. El Espíritu envía a Felipe hacia su carroza; Felipe le explica que Isaías anuncia a Cristo y el funcionario pide inmediatamente el bautismo
El primer contacto explícitamente narrado entre el Evangelio y un personaje etíope ocurre precisamente mediante Felipe, y ese hombre ya venía de Jerusalén, ya adoraba al Dios de Israel y ya leía Isaías.
Felipe no lleva a Etiopía un pagano convertido de repente.
Encuentra a un hombre que ya está mirando hacia Jerusalén, leyendo las Escrituras de Israel y buscando su cumplimiento.
Y Felipe le muestra que ese cumplimiento es Jesucristo.
La tradición etíope no conservó solamente los libros que posteriormente compartirían católicos, ortodoxos y protestantes. En su Antiguo Testamento aparecen además obras que no forman parte del canon católico, entre ellas Henoc, Jubileos, los tres libros etíopes de Meqabyan y otras obras de la tradición de Esdras, Baruc y Josipón. Algunas de ellas son especialmente importantes porque los Rollos del Mar Muerto demostraron que no eran creaciones tardías de Etiopía: Henoc y Jubileos ya circulaban en el judaísmo del Segundo Templo, siglos antes de Cristo.
En el Nuevo Testamento etíope, además de los 27 libros compartidos por las demás grandes tradiciones cristianas, aparecen textos de carácter eclesiástico y normativo: los cuatro libros de Sinodos, los dos Libros del Pacto, el Clemente etíope y la Didascalia. La Iglesia etíope los incluye dentro de su tradición canónica de 81 libros.
Esto no significa que en algún momento un grupo de rabinos simplemente “eliminara” estos libros de la Biblia. La formación del canon fue un proceso histórico mucho más complejo, cuando los deicidas, en el Concilio de Jamnia, alrededor del año 90, decidió qué libros podían permanecer tratando de eliminar cualquier referencia al mesias, que dijo explícitamente, escudriñad las escrituras, ellas hablan de mi, el judaísmo rabínico terminó transmitiendo una colección determinada de Escrituras, y Occidente cristiano se apartó, por eso terminó recibiendo otra delimitación canónica, Etiopía conservó dentro de su propia tradición textos que permiten asomarnos a capas muy antiguas del judaísmo y del cristianismo.
Y aquí aparece el verdadero interés de nuestro estudio: no vamos a buscar simplemente “libros que faltan en la Biblia católica”, sino a investigar qué memoria textual sobrevivió en Etiopía, de dónde procede, qué antigüedad puede demostrarse y qué nos revela sobre el mundo religioso en el que nació el cristianismo.
Henoc.
Durante siglos, Occidente conoció el libro solamente de manera fragmentaria. La tradición etíope, en cambio, conservó el texto completo en Ge’ez y lo incorporó a su canon. La propia Iglesia Ortodoxa Tewahedo considera Henoc uno de sus libros del Antiguo Testamento y destaca su importancia para conocer el pensamiento judío anterior al cristianismo.
Entre los manuscritos encontrados en las cuevas de Qumrán aparecieron fragmentos arameos de varias partes de 1 Henoc. Uno de ellos, 4Q201, fue copiado aproximadamente entre los siglos III y II a.C.
Esto tiene una importancia enorme.
Significa que Henoc existía siglos antes del nacimiento de Jesús.
Y no era un texto aislado. La biblioteca de Qumrán contiene múltiples manuscritos relacionados con la tradición enóquica. Los especialistas consideran que 1 Henoc es en realidad una colección de varias obras antiguas, compuestas en diferentes momentos y posteriormente reunidas bajo la autoridad de Henoc.
¿Quién es Henoc?
El personaje procede del propio Génesis.
Después de Caín aparece una genealogía que conduce hasta Henoc, hijo de Jared, séptimo desde Adán según la genealogía de Génesis 5.
Y aquí aparece una frase extraordinaria:
«Henoc caminó con Dios, y desapareció, porque Dios se lo llevó.»
(Gn 5,24)
El texto bíblico no dice que Henoc muriera de la manera habitual.
Simplemente:
caminó con Dios → desapareció → Dios se lo llevó.
Ese pequeño versículo abrió una enorme imaginación religiosa.
Si Henoc fue llevado por Dios, entonces surgió una pregunta:
¿Qué pudo haber visto aquel hombre que caminó con Dios?
La literatura enóquica responde imaginando a Henoc como vidente, escriba celestial y receptor de secretos divinos.
El primer gran tema de Henoc conecta directamente con Génesis 6.
Génesis habla de los:
“hijos de Dios”
que tomaron mujeres humanas y de los Nefilim.
El relato bíblico es extraordinariamente breve.
Henoc desarrolla la historia.
Los llamados Vigilantes —ángeles que abandonan su lugar celestial— descienden a la tierra. Se unen a mujeres humanas y engendran gigantes. La violencia de estos seres contribuye a la corrupción de la humanidad y finalmente conduce al juicio del Diluvio.
Esto es fundamental porque Henoc convierte en una narración extensa algo que Génesis apenas menciona.
¿Qué ocurrió espiritualmente antes del Diluvio?
Henoc presenta el mundo anterior al Diluvio como una humanidad que ha sufrido una contaminación cósmica y moral.
Los Vigilantes transmiten conocimientos prohibidos a los hombres: secretos relacionados con artes, armas, astrología y otras formas de conocimiento.
¿Qué ocurre cuando el conocimiento recibido por el hombre deja de estar ordenado a Dios y se convierte en instrumento de corrupción?
Antes del Diluvio
Los Vigilantes transmiten conocimientos que aceleran la corrupción humana.
Babel
La humanidad concentra conocimiento, poder y voluntad colectiva para alcanzar el cielo.
Babilonia
El poder humano se convierte en imperio.
Apocalipsis
Babilonia la Grande representa la culminación simbólica de ese sistema de poder enfrentado a Dios.
Henoc no es simplemente un libro sobre ángeles.
Es una reflexión antiquísima sobre la corrupción del orden creado, el poder, el conocimiento, el juicio y la restauración final.
antes de los Rollos del Mar Muerto, Henoc podía parecer una curiosidad preservada por una Iglesia africana.
Después de Qumrán sabemos que:
Henoc pertenece al mundo intelectual del judaísmo del Segundo Templo.
Los fragmentos encontrados son anteriores a Cristo y permiten comparar el texto etíope posterior con materiales mucho más antiguos.
la relación exacta entre Henoc y la comunidad de Qumrán sigue siendo objeto de estudio.
Judas 14-15 contiene una referencia explícita a una profecía atribuida a Henoc:
«De éstos también profetizó Henoc, séptimo desde Adán…»
Es decir, un autor del Nuevo Testamento conocía la tradición enóquica.
La literatura enóquica formaba parte del universo religioso conocido por los primeros cristianos.
Etiopía conservó íntegramente 1 Henoc.
Qumrán conservó fragmentos antiquísimos de sus diferentes secciones.
El Nuevo Testamento conoce y utiliza la tradición enóquica.
Y los primeros cristianos vivieron en un mundo donde este tipo de literatura circulaba.
¿Qué nos revela Henoc sobre el mundo religioso en el que nació el cristianismo y sobre la tradición textual que Etiopía decidió conservar dentro de su propio canon?
El Libro de Henoc puede resumirse en cinco grandes bloques. El Libro de los Vigilantes presenta la corrupción del mundo anterior al Diluvio, el juicio de Dios y la esperanza de restauración. El Libro de las Parábolas desarrolla especialmente la figura del Elegido o Hijo del Hombre, asociado al juicio definitivo y a la vindicación de los justos. El Libro Astronómico intenta describir el orden de los cielos y del calendario; el Libro de los Sueños recorre simbólicamente la historia de Israel; y la Epístola de Henoc vuelve sobre la justicia, la perseverancia, el juicio y el destino final de justos e injustos.
Pero aquí debemos detenernos. No vamos a convertir estos elementos en una investigación sobre secretos cósmicos, calendarios ocultos, ángeles o conocimientos esotéricos. Ese no es el propósito de este estudio. Además, el hecho de que Henoc forme parte del canon etíope no significa que la Iglesia Católica lo considere Escritura inspirada, y precisamente por eso debemos acercarnos a él con discernimiento.
La regla ya está dada por san Pablo:
«No apaguéis el Espíritu, no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno.»
(1 Tes 5,19-21)
Henoc nos interesa porque nos permite entrar en el mundo religioso que precedió a Jesús: el juicio, la resurrección, la justicia de Dios, el Mesías, el Hijo del Hombre y la esperanza de la victoria definitiva sobre el mal.
Y aquí está nuestro criterio:
No buscamos en Henoc una doctrina superior al Evangelio. Buscamos aquello que permita comprender mejor el lenguaje, las expectativas y las preguntas a las que Cristo vino a responder.
EL LIBRO DE LOS JUBILEOS
Si Henoc nos abrió la puerta al mundo religioso anterior a Cristo, Jubileos nos entrega algo diferente: un reloj.
El libro no pretende simplemente repetir Génesis y Éxodo. Reescribe la historia desde la creación hasta Moisés dentro de una estructura precisa de semanas de años y jubileos. Su unidad fundamental es el jubileo, formado por 49 años, siete semanas de años. Además, propone un calendario de 364 días, dividido exactamente en 52 semanas. Ese calendario también aparece representado en los documentos de Qumrán.
Por eso Jubileos contiene una idea que será fundamental para nuestra investigación:
Dios crea, establece alianzas, permite que el hombre se aparte, juzga, corrige y conduce nuevamente la historia hacia una restauración.
El tiempo mismo queda incorporado a la historia de la salvación.
Esto es importante porque Jubileos pertenece al judaísmo anterior al cristianismo. Sus fragmentos hebreos encontrados en Qumrán demuestran que no estamos ante una composición medieval conservada accidentalmente por Etiopía. Allí aparecieron numerosos fragmentos de la obra, mientras que el texto completo sobrevivió fundamentalmente gracias a la tradición etíope.
Jubileos organiza la historia mediante ciclos de 49 años. En su propia cronología, el relato se encuentra estructurado alrededor de estos grandes períodos y llega a presentar la revelación del Sinaí en relación con el quincuagésimo jubileo desde la creación.
Aquí es donde nuestro estudio comienza a tocar la escatología.
La tradición bíblica ya había establecido una poderosa correspondencia:
seis días de creación → séptimo día de descanso.
El Sabbath no es simplemente un día libre. Es una señal de que la creación tiene un orden y una culminación.
Posteriormente, dentro de la tradición judía, aparece la idea de los seis mil años de historia humana seguidos por un séptimo milenio, concebido como una especie de gran Sabbath de la historia.
Existe una línea interpretativa que, utilizando una determinada cronología judía y la tradición de los seis mil años, sitúa nuestra generación extraordinariamente cerca del umbral escatológico, según la tradición Karaita el año 6000 correspondería al año 2029, mucho antes de Cristo ya existía una concepción religiosa según la cual la historia tenía una arquitectura temporal y caminaba hacia una consumación.
Aquí aparece el puente con Daniel.
Jubileos organiza la historia mediante semanas de años.
Daniel hablará de setenta semanas.
La tradición cristiana leerá posteriormente las palabras de Daniel junto con las advertencias de Jesús sobre:
- la tribulación;
- la abominación de la desolación;
- la persecución;
- la perseverancia;
- la venida del Hijo del Hombre;
- y la consumación de la historia.
El cristianismo ya vive en los “últimos tiempos” desde la venida de Cristo. La Encarnación, la muerte, la Resurrección y la Ascensión inauguraron la etapa definitiva de la historia de la salvación.
La pregunta es si nuestra generación se encuentra además ante una fase final de esa historia.
En la Biblia, el jubileo no significa simplemente que termina un período.
Significa liberación:
- las deudas son canceladas;
- los esclavos recuperan la libertad;
- la tierra vuelve a su dueño;
- el orden se restaura.
Por eso, cuando Jesús comienza su ministerio y entra en la sinagoga de Nazaret, lee precisamente el pasaje de Isaías sobre la liberación y el año de gracia del Señor.
Y entonces ocurre algo decisivo.
Cristo no anuncia:
“Ha comenzado un nuevo cálculo cronológico.”
Anuncia:
“Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír.”
El verdadero Jubileo deja entonces de ser solamente una cuenta de años.
Se convierte en una Persona.
Cristo es la liberación que los jubileos anunciaban.
DANIEL, LA HIGUERA Y LOS SIGNOS DEL TIEMPO
Daniel no habla simplemente de acontecimientos futuros. Habla de imperios que se levantan, poderes que persiguen, profanación del lugar santo, tribulación y, finalmente, la llegada del Reino de Dios.
La historia tiene un límite.
Los imperios pasan.
El Reino permanece.
Babilonia y las bestias
Daniel contempla primero la sucesión de los grandes poderes humanos. En el sueño de Nabucodonosor aparecen los imperios como una enorme estatua; después, en la visión de Daniel, aparecen como bestias.
La diferencia es reveladora.
El hombre puede contemplar un imperio y llamarlo grandeza.
Dios puede contemplarlo y ver una bestia.
Pero sobre esas bestias aparece una figura completamente diferente:
«Uno como hijo de hombre»
(Dn 7,13)
A él se le entrega dominio, gloria y reino.
Aquí aparece una de las claves cristológicas de toda la profecía: el Hijo del Hombre recibe un Reino que no pasa.
Y cuando Jesús hable de su venida, utilizará precisamente este lenguaje de Daniel.
Las setenta semanas
Daniel 9 introduce las setenta semanas, que tradicionalmente se han interpretado como semanas de años. Aquí el tiempo profético vuelve a adquirir una estructura.
Jubileos había mostrado:
semanas → jubileos → historia.
Daniel añade:
semanas → Mesías → tribulación → consumación.
Pero el centro no es el cálculo.
Es el Mesías.
La profecía conduce hacia Cristo y hacia la consumación de la historia, pero Cristo mismo advierte que nadie conoce el día y la hora.
Y entonces Jesús, en su discurso sobre los últimos tiempos, introduce una imagen aparentemente sencilla:
«De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, sabéis que está cerca el verano.»
(Mt 24,32)
La interpretación cristiana ha visto tradicionalmente en la higuera una imagen relacionada con Israel; Straubinger, en sus notas, identifica expresamente la higuera con Israel según la carne.
Aquí aparece el acontecimiento que ha dado origen a una de las principales interpretaciones proféticas modernas:
1948.
El nacimiento del Estado de Israel es interpretado por algunos como el brote de la higuera.
Jesús añade:
«No pasará esta generación hasta que todo esto suceda.»
Y el Salmo 90 habla de una vida de setenta años, y con vigor, ochenta.
1948 + 80 = 2028
Mateo 24 no presenta una única señal.
Presenta un conjunto:
«Oiréis de guerras y rumores de guerras».
Y continúa hablando de:
- nación contra nación;
- reino contra reino;
- hambres;
- terremotos;
- persecución;
- apostasía;
- falsos profetas;
- aumento de la maldad;
- enfriamiento de la caridad;
- y finalmente la predicación del Evangelio a las naciones.
«Todo esto será el comienzo de los dolores.»
Cristo no habla de una señal aislada.
Habla de una convergencia de signos.
Los presenta como dolores de parto.
La imagen es extraordinariamente precisa:
no significa que cada contracción sea el nacimiento; significa que las contracciones anuncian que algo se aproxima.
contemplamos invasiones, guerras prolongadas, amenazas entre potencias y una carrera armamentística global.
¿Estamos viendo nuevamente el tipo de mundo que Jesús describió cuando habló de los dolores que precederían a la consumación?
«Por haberse multiplicado la maldad, se enfriará la caridad de muchos.»
(Mt 24,12)
Entonces volvemos a Daniel.
Jesús dice:
«Cuando veáis la abominación de la desolación, de que habló el profeta Daniel…»
(Mt 24,15)
Aquí Daniel deja de ser un libro antiguo.
Jesús lo convierte en clave de su propia enseñanza escatológica.
La profanación, la persecución y la tribulación forman parte de una crisis que alcanza incluso el ámbito religioso.
«Cuando llegue el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?»
La Septuaginta, utilizada ampliamente por los primeros cristianos, contenía otros escritos y ampliaciones que el canon hebreo rabínico eliminó, buscando borrar la imagen del mesías que habían asesinado..
El judaísmo rabínico consolidó una colección diferente.
Muchos siglos después, Lutero adoptó la delimitación hebrea para su Antiguo Testamento. En su Biblia de 1534 elimino estos libros bajo el nombre de “Apócrifos”, declarando que no tenían el mismo rango que las Escrituras.
Pero aquí aparece una segunda cuestión todavía más profunda.
Santiago.
Lutero no solamente cuestionó los libros del Antiguo Testamento.
Su principio teológico de la justificación por la fe llegó a convertirse en un criterio para valorar los propios libros del Nuevo Testamento, consideró a Santiago una “epístola de paja” y expresó severas reservas también respecto de Hebreos, Judas y Apocalipsis.
¿Por qué?
«Veis que el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente.»
(St 2,24)
Y esto chocaba frontalmente con la formulación de sola fide de Lutero.
una fe que no produce obras está muerta.
La fe verdadera obra por la caridad.
Y aquí aparecen los Macabeos
¿Por qué resulta tan importante que nuestro siguiente paso sea un libro de tradición etíope relacionado temáticamente con los Meqabyan?
Porque los Macabeos bíblicos nos muestran en carne viva aquello que Santiago enseña doctrinalmente.
No basta decir:
“Creo.”
Cuando llega la persecución, la fe debe decidir.
Los mártires macabeos prefirieron morir antes que apostatar.
No negociaron la Ley.
No cambiaron de religión para conservar la vida.
No dijeron:
“Dios conoce mi corazón; puedo obedecer exteriormente al poder y seguir creyendo interiormente.”
Hicieron exactamente lo contrario.
La fe se convirtió en obra.
La prueba final no será solamente intelectual
Daniel había anunciado una época en que el poder perseguiría a los santos.
Cristo advertirá:
«Entonces os entregarán a la tribulación y os matarán.»
Y añade:
«El que persevere hasta el fin, ése se salvará.»
Los Macabeos muestran qué significa esa palabra cuando deja de ser teoría.
¿Seremos capaces de permanecer fieles cuando ser fieles tenga un precio?
La libre interpretación de la Escritura puede parecer, al principio, una liberación.
Pero contiene un problema profundo:
si cada individuo se convierte en juez último de lo que significa la Escritura, ¿quién garantiza que la Escritura siga diciendo algo distinto de lo que el lector ya quería creer?
¿Qué sucede cuando el principio de autoridad última pasa de una Iglesia que interpreta la Escritura a la conciencia individual que interpreta la Escritura?
Lutero colocó la Escritura por encima de la autoridad eclesial y desarrolló el principio de que la Escritura debía juzgar las demás autoridades. En su sistema, incluso la doctrina de la justificación funcionó como criterio para valorar determinados textos bíblicos.
Y aquí surge una paradoja:
que conserve la palabra “fe”, pero vacíe la fe de obediencia, sacrificio y obras.
Y entonces Santiago, los Macabeos y Cristo vuelven a encontrarse en un mismo punto:
«El que persevere hasta el fin, ése se salvará.»
Ese es el puente que nos permite entrar ahora, propiamente, en I Meqabyan, sin confundirlo con los Macabeos católicos y preguntándonos qué conserva la tradición etíope sobre fidelidad, idolatría, poder, martirio y juicio.
MACABEOS I–II: CUANDO LA FE ES PUESTA A PRUEBA
Después de Henoc, Jubileos y Daniel, llegamos a un punto decisivo. Ya no estamos solamente ante una visión del pasado, del tiempo o de la profecía. Estamos ante hombres concretos enfrentados a una decisión concreta:
¿Qué ocurre cuando el poder político exige al creyente que renuncie a Dios?
Los libros de 1 y 2 Macabeos responden con sangre.
Y aquí debemos hacer primero una distinción: 1 y 2 Macabeos sí pertenecen al canon católico, mientras que los Meqabyan etíopes son obras diferentes.
1. El mundo que quería borrar la identidad de Israel
La crisis comienza bajo Antíoco IV Epífanes, rey seléucida.
Su proyecto no consistía simplemente en conquistar militarmente Judea. Pretendía helenizarla, es decir, transformar sus costumbres, instituciones y culto. Es como si la ONU dirigiera el papado.
La presión llegó al punto de prohibir prácticas fundamentales de la religión y profanar el Templo La persecución incluyó la destrucción de libros sagrados y la pena de muerte para quienes mantuvieran determinadas prácticas religiosas. Cambiar el canon y prohibir el rito tradicional diríamos en nuestros días.
Aquí aparece una cuestión que será fundamental para nuestra lectura escatológica:
el poder no quería solamente controlar al pueblo.
Quería redefinirlo.
El primer capítulo de 1 Macabeos describe precisamente cómo algunos israelitas aceptaron la helenización:
«Hagamos alianza con las naciones que nos rodean…»
El problema comenzó antes de la persecución abierta.
Comenzó con la adaptación.
La apostasía rara vez comienza diciendo “renuncio a Dios”.
Muchas veces comienza diciendo:
“No exageremos.”
“Hay que adaptarse.” Seamos tolerantes
“No vale la pena enfrentarse.” Hagamos ecumenismo
“Podemos conservar la fe en privado.” Seamos sinodales.
En ese contexto aparece Matatías, sacerdote de la familia asmonea.
«Aunque todas las naciones que viven en los dominios del rey abandonen cada una el culto de sus antepasados y se sometan a sus órdenes, yo, mis hijos y mis hermanos viviremos según la alianza de nuestros padres.»
Esta es la esencia de Macabeos.
Una familia es sometida a una prueba brutal: se les exige violar la Ley y abandonar la fidelidad de sus padres.
Ellos prefieren morir.
Aquí aparece una de las afirmaciones más importantes de toda la literatura bíblica sobre la resurrección.
Uno de los hermanos, antes de morir, declara su esperanza en que Dios resucitará a quienes mueren por fidelidad a Él.
El mártir no dice:
«Mi vida no vale nada.»
Dice exactamente lo contrario:
«Mi vida pertenece a Dios y por eso no puedo comprarla al precio de negar la verdad.»
En Daniel:
el santuario es profanado.
En Macabeos:
el santuario es purificado.
En Cristo:
el verdadero Templo será Él mismo.
Y finalmente, en el Nuevo Testamento, el templo adquiere también una dimensión espiritual en el cuerpo de Cristo y en la Iglesia.
La rebelión que comenzó con Matatías y sus hijos. También cambia.
¿Qué sucede cuando quienes defendieron la Ley adquieren poder político y religioso?
La dinastía asmonea acumuló autoridad política y sacerdotal.
Siglos después, Jesús no condenará la Ley.
Al contrario:
«No penséis que he venido a abolir la Ley o los Profetas.»
Lo que combate es algo diferente:
la posibilidad de que la Ley exterior se convierta en sustituto de la conversión interior.
Por eso sus palabras contra algunos dirigentes religiosos son tan duras:
«Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres.»
(Mt 23,4)
Hemos llegado al punto correcto para volver a nuestro canon etíope.
1 y 2 Macabeos nos han dado el contexto histórico y espiritual.
Ahora podemos estudiar I Meqabyan,
¿Cómo permanece fiel el hombre a Cristo cuando llega la prueba?
| Libro / bloque | Qué nos aporta | Importancia para nuestro estudio |
| 1 Henoc | Juicio, corrupción anterior al Diluvio, Vigilantes, Elegido/Hijo del Hombre y destino final de justos e injustos. | Contexto religioso anterior a Cristo y lenguaje que ayuda a comprender el mundo en que aparece el título «Hijo del Hombre». |
| Jubileos | Reorganiza Génesis–Éxodo mediante semanas de años, jubileos y un calendario sagrado. | El tiempo como estructura de la historia de la salvación y antecedente para estudiar las expectativas escatológicas. |
| Daniel | Imperios, bestias, Hijo del Hombre, setenta semanas, persecución, abominación de la desolación, resurrección y Reino eterno. | El gran puente hacia la escatología de Jesús. |
| 1–2 Macabeos | Persecución de Antíoco, martirio, resistencia a la idolatría, purificación del Templo y esperanza de la resurrección. | Muestra cómo se vive la fe cuando llega la prueba. |
| Meqabyan | Tradición etíope sobre fidelidad, idolatría, poder, juicio y perseverancia. | Complemento de la memoria etíope. |
Los 8 adicionales de la tradición etíope para llegar a 81
Aquí está lo nuevo:
- Sirate Tsion — Libro del Orden
- Tizaz — Libro de los Mandatos/Anuncios
- Gitsew
- Abtilis — relacionado con los Cánones de los Apóstoles
- Primer Libro de Dominos
- Segundo Libro de Dominos
- Libro de Clemente
- Didascalia
En la tradición etíope, los textos se agrupan aproximadamente así:
- Sinodos — cuatro libros de ordenanzas y tradición eclesiástica.
- Libros del Pacto (Mäṣḥafä Kidan) — dos libros.
- Clemente — dos libros en la clasificación amplia.
- Didascalia — un libro.
Por tanto, Mashafaeda/Mäṣḥafä Kidan serían específicamente los Libros del Pacto
los cuatro primeros —Sirate Tsion, Tizaz, Gitsew y Abtilis— forman el bloque de Sinodos; los dos Dominos corresponden a los dos Libros del Pacto; y luego aparecen Clemente y Didascalia. Esta es la división que encontramos en estudios del canon etíope y coincide con la lista oficial de la Iglesia Tewahedo.
Los siete libros antes del Libro del Pacto
1. Sirate Tsion — «Orden de Sión»
Es un conjunto de cánones de orden eclesial atribuidos tradicionalmente a los Apóstoles, relacionado con las normas para organizar la comunidad cristiana después de la Ascensión. La tradición lo presenta como un texto de gobierno, disciplina y orden de la Iglesia.
2. Tizaz — «Mandato» o «Heraldo»
Continúa el material de Sinodos y desarrolla normas y disposiciones atribuidas a la autoridad apostólica. Su preocupación principal es cómo debe estructurarse y gobernarse la comunidad cristiana.
3. Gitsew / Gessew
Otro de los cuatro componentes de Sinodos. Conserva una colección de cánones y exhortaciones apostólicas, orientados a la conducta y disciplina de la comunidad.
4. Abtilis / Abtelis
Es el cuarto componente de Sinodos y está particularmente relacionado con las colecciones de cánones apostólicos. Las tradiciones manuscritas presentan distintas numeraciones y recensiones, por lo que tampoco debemos reducirlo simplemente a una traducción de un único texto occidental.
5. I Libro del Pacto — Mäṣḥafä Kidan I
Este es el primero de los dos textos que la tradición identifica como Libros del Pacto. En la clasificación etíope aparece como The I Book of Dominos, y en otras fuentes como Book of the Covenant I.
6. II Libro del Pacto — Mäṣḥafä Kidan II
La tradición lo considera el segundo Libro del Pacto. Algunas descripciones modernas de la tradición etíope destacan que contiene material relacionado con enseñanzas de Cristo y cuestiones escatológicas.
7. Clemente — Qälëmentos
El Clemente etíope es una tradición distinta de la conocida Primera Carta de Clemente de Occidente. Contiene material pseudo-clementino y tradiciones atribuidas a Pedro y Clemente, con elementos de enseñanza, disciplina y también material de carácter apocalíptico.
8. Didascalia — Didesqelya
Es una obra de orden y vida cristiana: moral, ministros, matrimonio, viudas, bautismo, ayuno, fiestas, disciplina, herejías, oración y cuidado de los fieles. La Iglesia Tewahedo conserva una versión etíope particular, relacionada históricamente con la antigua Didascalia Apostolorum y con las Constituciones Apostólicas.
Sí. Este es el capítulo central, pero aquí debemos cambiar el nivel de rigor: precisamente porque el texto es extraordinario, no conviene presentarlo como si hubiéramos demostrado que poseemos una transcripción literal de las palabras de Jesús. La tradición etíope lo presenta como enseñanza del Señor resucitado; históricamente, la obra que conocemos como Mäṣḥafä Kidan / Testamentum Domini es una obra cristiana antigua cuya composición suele situarse hacia finales del siglo IV o comienzos del V, aunque incorpora tradiciones anteriores. (Biblia)
Los cuarenta días: ¿qué enseñó Cristo después de la Resurrección?
Aquí llegamos al motivo por el que emprendimos todo este recorrido.
Los Evangelios terminan sin contarnos detalladamente todo lo que Jesús enseñó después de resucitar. Lucas dice que se apareció a los Apóstoles durante cuarenta días y que les habló del Reino de Dios.
«A ellos también, después de su pasión, se presentó vivo con muchas pruebas, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del Reino de Dios.»
(Hch 1,3)
La tradición etíope lo conserva en dos partes dentro de su canon amplio. La primera comprende las secciones 1–60 y está dedicada fundamentalmente al orden de la Iglesia; la sección 61 constituye un discurso atribuido al Señor dirigido a sus discípulos en Galilea después de la Resurrección. (Conciencia Islámica)
Y aquí debemos detenernos.
Esto cambia completamente nuestra investigación.
Aquí aparece una de las coincidencias más sugestivas de todo nuestro estudio.
Hechos 1,3 dice que Jesús enseñó durante cuarenta días.
El Mäṣḥafä Kidan se presenta precisamente como una recopilación de esa enseñanza posterior a la Resurrección.
El nombre Mäṣḥafä Kidan significa esencialmente Libro del Pacto.
Y el pacto es una palabra fundamental de toda la Biblia.
| Tema | Evangelios / NT | Libro del Pacto | ¿Qué aporta? |
| Reino de Dios | Jesús anuncia el Reino y después de la Resurrección habla de él durante 40 días (Hch 1,3). | La obra se presenta como instrucción del Resucitado y termina orientando a la Iglesia hacia la consumación. | Une escatología y vida concreta de la Iglesia. |
| Signos del fin | Mateo 24, Marcos 13, Lucas 21: guerras, engaño, persecución, tribulación. | Su introducción es una pequeña apocalipsis sobre los signos del fin. | Es una expansión apocalíptica del esquema evangélico, no un tema totalmente nuevo. (Wikisource) |
| Perseverancia | «El que persevere hasta el fin se salvará». | La comunidad recibe normas para permanecer ordenada y fiel mientras espera el final. | Convierte la vigilancia escatológica en disciplina comunitaria. |
| Iglesia | Jesús funda y envía; Hechos muestra su crecimiento. | Desarrolla minuciosamente obispo, presbítero, diácono, subdiácono, lector, viudas, vírgenes y otros ministerios. | Muchísimo más concreto que los Evangelios. (Wikisource) |
| Bautismo | Jesús manda bautizar; aparecen bautismos en Hechos. | Detalla preparación, catecumenado, rito y oración. | Desarrollo litúrgico posterior de la tradición apostólica. (De Gruyter Brill) |
| Eucaristía | Institución en la Última Cena; Hechos y Pablo muestran su práctica. | Contiene varias formulaciones litúrgicas y oraciones eucarísticas. | Testimonio muy importante para la historia de la liturgia. (De Gruyter Brill) |
| Oración | Jesús enseña el Padrenuestro y manda velar y orar. | Establece momentos concretos de oración y salmodia. | Convierte la exhortación de Jesús en regla diaria. (Wikisource) |
| Ayuno | Jesús enseña sobre el ayuno. | Lo integra dentro del calendario y disciplina de la comunidad. | Desarrollo práctico. |
| Pascua / Pentecostés | Son acontecimientos fundamentales del NT. | Regula litúrgicamente su celebración. | Calendario cristiano desarrollado. (Wikisource) |
| Enfermos y muertos | Hay curaciones, resurrección y enseñanza sobre la muerte. | Regula visita a enfermos y entierro. | Pasa de la narración evangélica a la práctica pastoral. |
| Templo/iglesia | Jesús habla del Templo y de su propio cuerpo como templo. | Da incluso instrucciones sobre la arquitectura del edificio de culto. | Elemento prácticamente ausente de los Evangelios. (Persée) |
| Gobierno eclesial | Los Apóstoles reciben autoridad. | Describe funciones, ordenaciones y responsabilidades. | Es quizá la mayor aportación documental del texto. |
| Escatología + organización | Jesús anuncia el fin; Hechos muestra la misión. | Junta ambas cosas: el fin se aproxima y la Iglesia debe organizarse para esperarlo. | Este es el gran puente conceptual de la obra. |
El Libro del Pacto no nos entrega un “evangelio perdido” que sustituya a Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Nos entrega algo diferente: una antigua visión cristiana en la que el Cristo resucitado aparece como legislador y maestro de una Iglesia que debe atravesar la historia hasta la consumación.
Lo novedoso no es tanto una doctrina completamente desconocida, sino la unión de tres elementos que en el Nuevo Testamento aparecen dispersos: la revelación escatológica, la organización concreta de la Iglesia y la disciplina sacramental de la comunidad.
El resultado es una imagen poderosa: Cristo no prepara a los Apóstoles para escapar de la historia, sino para gobernar, santificar y conservar su Iglesia dentro de ella hasta el fin.
la preparación de una Iglesia que debe saber cómo vivir cuando el mundo llegue a su prueba final.
