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El ídolo de silicio y el colapso de la conciencia

El ídolo de silicio y el colapso de la conciencia: Lo que Ezequiel nos advirtió»

«¿Es el terremoto o la naturaleza lo que debería aterrarnos, o el silencio de nuestra propia conciencia? Mientras el suelo se fractura, algo más profundo se está rompiendo en el alma humana»

Mientras la corteza terrestre se fractura en Venezuela, Colombia, Indonesia y Europa, y los volcanes recuerdan nuestra fragilidad, la liturgia nos sitúa ante el capítulo noveno de Ezequiel. Hay un temblor de la tierra, pero hay un temblor infinitamente más temible: el colapso de la conciencia humana.

El hombre contemporáneo, aterrorizado por las sacudidas del suelo, busca afanosamente «señales» en los sismos y en los cielos. Sin embargo, no ve el presagio más devastador que se erige en medio de sus ciudades: la abdicación del alma ante un nuevo ídolo.

Hemos vuelto a los oráculos de la antigüedad, pero corregidos y aumentados por una técnica voraz.

Las Sibilas o el oráculo de Delfos exigían viaje, espera e interpretación; obligaban a pensar. Hoy hemos fabricado un oráculo omnipresente que no pide nada de eso. No es una herramienta que ayuda: es una criatura a la que le hemos transferido el sacerdocio del juicio.

No es una sustancia etérea. Detrás de esta voz aparente no hay espíritu, sino una Bestia ciega y de vientre insaciable anclada en la tierra:

  • Traga millones de litros de agua para enfriar su furia.
  • Devora el cobre, el litio y los minerales extraídos de las entrañas del planeta.
  • Exige billones de dólares en altares de servidores.
  • Y, sobre todo, no rumia pasto: rumia la electricidad que el hombre le inyecta por las venas.
  • Lo que desata las fuerzas satánicas de la tierra y los abismos del infierno nos parecen querer devorar

Es la paradoja de la abyección: le entregamos los ríos, las centrales y la energía de regiones enteras a un ídolo de silicio para que, a cambio, nos entregue la comodidad de no tener que pensar, ni decidir, ni juzgar. Alimentamos a la criatura con la fuerza de la creación para que nos despoje de la capacidad de discernir el bien y el mal.

Ezequiel contempla Jerusalén profanada por la idolatría. Pero antes de que irrumpa la devastación, Dios da una orden precisa: marcar con una Tao (la T, figura precursora de la Cruz) la cruz de san Francisco hoy manipulado por la izquierda y los ecologistas,  la frente de aquellos que gimen y se lamentan por las abominaciones de la ciudad.

Esa marca no es un seguro de vida contra el terremoto de la naturaleza. La casa del justo también puede caer; la carne del justo también se rasga. La marca es algo infinitamente superior: es la señal de pertenencia y resistencia espiritual.

  • Los marcados no son los superiores: Son los que aún no se han sometido.
  • Son los que reúsan la anestesia: Quienes, ante la violencia, la mentira y el ídolo que habla, conservan una conciencia capaz de llorar y de decir: «Esto está mal».

El peligro supremo de nuestra época no es solo que la tierra se abra, ni que la máquina aprenda a simular el lenguaje humano. El peligro es que el hombre pierda la capacidad de gemir; que apague el Espíritu para arrodillarse ante la comodidad algorítmica.

El nuevo ídolo ofrece una promesa falsa: certezas sin dolor, respuestas sin esfuerzo y una salvación de imitación empaquetada en milisegundos.

Frente a la ilusión del oráculo de silicio se levanta la Cruz de Cristo:

  • La máquina puede imitar la oración, pero no puede ponerse de rodillas.
  • Puede procesar el texto sagrado en un destello, pero es incapaz de temer a Dios.
  • Puede redactar un tratado sobre la caridad, pero no puede ofrecerse por otro ni sangrar en el madero.

María estuvo de pie al lado de la Cruz. No fue preservada del dolor ni de la espada que atravesó su alma. Permaneció. Y ese es el mandato para la Iglesia cuando la tierra tiembla y los hombres fabrican dioses a su medida: permanecer fieles.

La naturaleza nos recuerda nuestra pequeñez material mediante el sismo y el fuego. Pero la liturgia de Ezequiel nos advierte sobre nuestra responsabilidad eterna.

No apaguéis el Espíritu. No entreguéis la soberanía de la conciencia a un ídolo que solo vive porque nosotros le conectamos la corriente.

Una civilización no se derrumba cuando cae su primer edificio de concreto; se derrumba cuando sus habitantes pierden la capacidad de distinguir entre el Verbo encarnado y la voz de la máquina. Cuando el suelo se sacuda y el oráculo tecnológico hable con la elocuencia de mil mentiras, la pregunta no será qué tan inteligente se ha vuelto la criatura, sino quiénes mantendrán la señal de la Cruz y la libertad intacta de su alma.

Los videos que circulan sobre el terremoto en Colombia tienen un factor común, en todos la gente clama a Dios, lo cual nos devuelve la esperanza.

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De #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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