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500 Años Patria Milagro

Hay una imagen que resume una paradoja histórica de más de quinientos años: el rey Felipe VI de España presente en la investidura presidencial colombiana, mientras la nueva administración recupera categorías católicas profundamente arraigadas en la civilización que construyó la iglesia católica o civilización occidental, que España transmitió a América y que la propia Europa ha ido desplazando progresivamente hacia la esfera privada.

El monarca español asistió a los actos de transmisión de mando después de reunirse con el mandatario en Cali, subrayando la relación histórica y diplomática entre ambas naciones. Pero el contraste trasciende el protocolo internacional: entra directamente en el terreno de la sociología política, la historia religiosa y la identidad hispanoamericana.

I. No comenzó con la posesión: la “Patria Milagro”

La dimensión religiosa del nuevo gobierno no nació el día de la investidura.

Desde la campaña apareció el concepto de “Patria Milagro” y, posteriormente, una auténtica pedagogía religiosa de la nación: peregrinaciones, oración, santuarios, consagración y referencias explícitas a la Providencia.

El recorrido por lugares de devoción católica convirtió la campaña política en algo más que una sucesión de mítines: la nación empezó a ser presentada también como una realidad que debía ser encomendada a Dios.

En los actos previos al mandato, durante el retiro espiritual del gabinete en Puerto Colombia, cada ministro recibió una Biblia acompañada por el mapa de Colombia y la imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

La referencia no es menor. Colombia había vinculado históricamente esta devoción a la consagración nacional realizada en 1902, después de la Guerra de los Mil Días.

Después llegó el discurso presidencial.

El lenguaje trascendió definitivamente el registro secular:

“El primer campo de batalla de un gobernante es su propio corazón.”

Y:

“El que está de rodillas delante de Dios jamás será vencido.”

Aparecieron además Jesucristo, verdad, justicia, humildad, sabiduría, bien común y patria.

La ceremonia evocó a Salomón, el rey bíblico que pidió sabiduría para gobernar. La imagen de la Virgen de Fátima acompañó el acto.

Y el cierre fue inequívoco:

“¡Viva Cristo Rey!”

No estamos, por tanto, ante un simple catálogo de referencias devocionales. Aparece una determinada concepción moral de la autoridad: toda autoridad precede de Dios, el gobernante debe responder ante una verdad que lo precede, la política debe orientarse al bien común y la patria aparece como una responsabilidad que trasciende el interés individual. El derecho natural o divino impera.

La política moderna suele hablar de instituciones, indicadores, eficiencia, derechos, procedimientos y administración.

Este discurso introduce otra gramática:

conciencia, verdad, pecado y mal, sabiduría, humildad, oración, Dios, patria y bien común.

El poder no comienza en el Palacio de Nariño.

Comienza en el corazón del gobernante.

Es una concepción muy antigua de la autoridad política: antes de preguntarse qué puede hacer el Estado, hay que preguntarse qué hombre está ejerciendo el poder.

Ese es precisamente el punto en el que la expresión “teología política” adquiere sentido como categoría de análisis.

Frente a esta recuperación del lenguaje religioso se encontraba el representante de una España cuya relación con el catolicismo ha experimentado una transformación profunda.

La Corona conserva las formas institucionales vinculadas a la tradición histórica española, pero la sociedad española contemporánea está mucho más secularizada que aquella España que durante siglos se definió públicamente por su identidad católica.

El contraste resulta particularmente significativo:

el rey de la nación que transmitió la matriz religiosa a gran parte de Hispanoamérica contempla en Colombia el regreso de un vocabulario político que en la propia España ocupa hoy un espacio mucho más reducido.

dos sociedades procedentes de una misma matriz religiosa e  histórica han tomado caminos diferentes   

La coincidencia adquiere todavía mayor fuerza por la fecha.

La transmisión de mando coincidió con el 151.º aniversario del asesinato de Gabriel García Moreno, ocurrido el 6 de agosto de 1875.

García Moreno había convertido la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en uno de los elementos centrales de su proyecto político y de la identidad nacional ecuatoriana.

La referencia encuentra además un eco colombiano.

En 1902, después de la Guerra de los Mil Días, Colombia realizó su propia consagración al Sagrado Corazón, vinculada posteriormente al Templo del Voto Nacional de Bogotá.

Y en la ceremonia estaba Daniel Noboa, presidente del Ecuador. Entre otros jefes de estado.

La coincidencia resulta extraordinaria:

Ecuador. Colombia. Sagrado Corazón. García Moreno. 6 de agosto.

La coincidencia histórica basta para hacer significativo el paralelismo.

Una silla de cuero, vinculada a la tradición presidencial y al poder republicano, no es solamente un mueble cuando se convierte en el lugar físico desde el cual se ejerce la autoridad.

La silla presidencial representa la continuidad del Estado: hombres diferentes ocupan durante generaciones el mismo lugar simbólico. La silla de Caycedo, católico practicante. Desde donde la religión vuelve a presentarse no solamente como una creencia privada, sino como una fuente de lenguaje para pensar la autoridad, la patria, la justicia y el bien común, es el retorno de la trascendencia al vocabulario del poder.

El encuentro permite observar dos trayectorias divergentes:

España: heredera de la Monarquía Hispánica, matriz histórica de la cristianización de América, hoy profundamente secularizada. Cayendo en una especie de abjuración, observa a

Colombia: una república constitucionalmente laica que, después de décadas de progresiva secularización del lenguaje político, vuelve a escuchar desde el poder referencias explícitas a Dios, Jesucristo, el Sagrado Corazón, la Virgen, la verdad, el bien común y Cristo Rey.

Aquí aparece la paradoja de los cinco siglos. Y la esperanza.

¡Viva Cristo Rey!

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De #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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