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Leyes Injustas

Nuestro Señor Jesucristo vino a someterse a la ley para redimir a todos los que están bajo la ley.

Jesucristo amó la ley del Padre y quiso someterse voluntariamente a la ley para santificar la ley, para que nosotros también pudiéramos ser santificados mediante la ley de Dios y si queremos ser santos, también debemos amar la ley, para amarla, debemos saber qué es la ley, cuál es la naturaleza y cuáles son las consecuencias de la ley.

La definición escolástica de la ley, es una ordenanza de la razón. Cuando decimos ordenanza, estamos hablando de un mandato autorizado. Cuando decimos razón, queremos decir que el legislador debe usar su razón para comprender la naturaleza humana, para comprender el bien común, para comprender el fin de la sociedad, por lo que es un acto razonable.

No solo un acto de fuerza ciego. Debe hacerlo razonablemente y darlo razonablemente. Por tanto, para que toda ley sea una ley justa, debe ser por el bien común, no por los intereses personales de quienes están haciendo las leyes.

El propósito de la sociedad civil es el bien común. Es decir, paz y prosperidad. Por paz entendemos la vida virtuosa. Todas las leyes para ser leyes justas deben promover la virtud, la prudencia, la justicia, la templanza y la fortaleza. Asimismo, las leyes deben apoyar la prosperidad, para permitir y alentar el surgimiento o el sostenimiento de una clase media fuerte y saludable, porque, como incluso Aristóteles sabía, la sociedad no puede existir sin una clase media saludable y próspera, el fin de la ley es el bien común de la sociedad, de allí que a cada uno da diferentes talentos.

Si todos estos elementos se cumplen, tenemos una ley justa y debemos amar esta ley, y esta ley se convierte en una señal de camino hacia la felicidad natural y la felicidad sobrenatural. Y pensamos en las Escrituras. “Ha amado la justicia y aborrecido la iniquidad”.

Debemos amar la justicia pero igualmente odiar la iniquidad, es decir, odiar las leyes injustas. Veamos la jerarquía de leyes.

En primer lugar, tenemos lo que se llama la ley eterna, la sabiduría de Dios, que dirige todas las cosas a su perfección, inmutable, eterna.

Luego tenemos lo que se llama la ley natural, que se define como la participación racional del hombre en la ley eterna, todo efecto debe tener una causa proporcionada. Toda facultad debe tener un fin determinado, un propósito determinado. Hay ciertos principios que entendemos, y de ellos podemos entender qué actividades debemos hacer para ser felices y santos, qué actividades debemos evitar para ser infelices felices y malditos. Y, de hecho, el hombre que reflexiona sobre su naturaleza puede llegar a comprender nueve de los Diez Mandamientos, que no son más que la ley natural hecha explícita por Dios debido a nuestra ceguera del pecado original. Así que incluso un hombre sin revelación debería poder reflexionar sobre su dependencia y darse cuenta de que debe adorar a Dios. No debe blasfemar. Y debe cumplir los mandamientos.

Luego llegamos a la ley positiva, llamada asi, porque se postula; es propuesta por legisladores. Por ejemplo los impuestos.

También tenemos lo que se llama ley eclesiástica positiva, es decir, la Iglesia, al reflexionar sobre su naturaleza y su misión. Y aquí, vemos que la Iglesia es capaz de proponer cosas como leyes que no son leyes, porque contradicen la revelación divina, porque contradicen las leyes infalibles y se meten en las leyes injustas del mundo, como inocularse fetos humanos y etc.

Estamos acostumbrados a desobedecer leyes injustas. Sabemos que como decía San Pedro a los judíos, es mejor obedecer a Dios que a los hombres. Entonces vemos que hay momentos en los que debemos desobedecer leyes injustas incluso dadas por las más altas autoridades de la Iglesia.

Volvamos al derecho civil positivo, cuando la autoridad civil promueve leyes justas, viene de Dios, y somos santificados al obedecerla.

Pero sabemos, que las autoridades civiles proponen muchas leyes injustas, leyes que no son para el bien común. Y hay tres tipos de leyes injustas. La primera es cuando el contenido de la “ley” es injusto. El aborto. Esa es una ley injusta y tenemos el deber de desobedecerla.

No podemos pecar, no podemos ofender a Dios, para agradar al estado. Entonces si esas leyes son claramente injustas, necesariamente debemos desobedecerlas. Pero hay otros tipos de leyes injustas que requieren más discernimiento. Tenemos leyes que son injustas porque son para el beneficio personal y no para el bien común, una ley puede ser injusta si la promulga alguien que no tiene poder para hacer la ley.

Un legislador civil tratando de hacer cumplir leyes dentro, de la Iglesia Católica que es una sociedad independiente y perfecta fundada por nuestro Señor Jesucristo con Su propia jerarquía y Sus propias leyes. La iglesia no está sujeta a la autoridad del tal legislador civil, en su dominio de adoración, liturgia, fe y moral.

Tenemos a alguien que hace una ley para su beneficio personal o que hace una ley fuera de su jurisdicción. ¿Y cuál será nuestra reacción frente a leyes tan injustas? Por ejemplo el cierre de los templos?

La virtud de la obediencia da paso a la virtud de la prudencia. Y la definición de prudencia es la “razón correcta de las cosas que se deben hacer”.

Habrá ocasiones en las que tendremos que estar dispuestos a sufrir por desobedecer leyes tan injustas, reconociendo, que estas leyes injustas son parte de otras leyes injustas que están por venir.

Entonces, si hay una ley injusta, y por alguna razón nos vemos obligados a obedecerla, debemos resistir internamente, no sea que, comencemos a participar, a creer en la mentira. Debemos tener cuidado con eso. No debemos participar y creer en mentiras, porque una vez que lo hagamos, estas mentiras nos destruirán. Nos convertiremos en esclavos de estas mentiras.

Debemos mirar todo a la luz de la eternidad, porque esa es la única perspectiva verdadera.

Nadie sale vivo de la vida. Debemos considerar todas las cosas en relación con nuestra muerte para asegurarnos de que, al morir, tengamos vida eterna, es por eso que los santos, hubo momentos en los que se escondían de la persecución y otros momentos en los que la aceptaban, pregúntenos cuánto odiamos el pecado ahora. Si no odiamos el pecado, nunca tendremos la sabiduría, nunca tendremos la prudencia y nunca tendremos el valor de hacer lo que debemos hacer cuando sea el momento de hacerlo. Debemos aprender a odiar el pecado.

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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