Te suplicamos, Señor Dios nuestro, que ilumines nuestras mentes con la luz de tu verdad y enciendas nuestros corazones con el fuego de tu amor. Haz que permanezcamos firmes en la fe, constantes en la esperanza y fervientes en la caridad.
Aparta de nosotros todo lo que nos aleja de Ti; fortalece nuestra debilidad, corrige nuestros errores y conduce nuestros pasos por el camino de tus mandamientos.
Concédenos que, así como hemos conocido el misterio de tu Hijo por la fe, podamos manifestarlo con una vida santa y agradable a tus ojos. Haz que la oración nos una a Ti, que el ayuno purifique nuestro corazón y que la misericordia nos haga semejantes a tu bondad.
Danos perseverancia en el bien, paciencia en las pruebas, humildad en la prosperidad y fortaleza en la adversidad, para que, después de servirte fielmente en esta vida, merezcamos alcanzar la herencia eterna que has preparado para quienes te aman.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por los siglos de los siglos. Amén.”
(San Pedro Crisólogo)
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