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Paradigma Muerte

Muerte, “El Señor creó al hombre de la tierra y de nuevo le hará volver a ella. Le señaló un número preciso de días y tiempo fijo” (Eclesiastico 17,1-2) es impensable que Dios haya “creado” la muerte; lo mismo que el Cosmos, -esto es, el orden y la belleza del mundo, es una victoria sobre el caos precedente- así la vida es el triunfo sobre la muerte.

“Por el pecado entro la muerte al mundo” Rom 5,12 si todos morimos, esto significa que también todos pecamos. La muerte, como fenómeno universal, es el signo de una situación universal de pecado.

En la Biblia la muerte está a veces personificada como una fuerza ciega y cruel.

“No tuvo piedad de naciones malditas, que se dejaron llevar por sus propios pecados. No escapará el pecador con su rapiña”, Sir 16:10, 14

De modo que la muerte es también separación de Dios; es dolor, violencia radical, sufrimiento,  en el contexto de la humanidad sometida al dominio del pecado.

En el juicio final, designado como “la hora de su visita” (3,7), “los malvados recibirán el castigo” (3,10) de la ruina total y definitiva. ¡Ellos morirán de verdad! Por eso El Mesias dice en Mat 10:28  “No temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehena”.

La verdadera Vida empieza el día de la muerte, El alma es lo que da vida al cuerpo. Y el alma es inmortal: no muere, morir consiste en que el alma se separa del cuerpo.

La diferencia entre el justo y el impío se comprende a partir de lo que acontece en la muerte.

“La justicia es inmortal” (Sabiduria 1,15), o sea, es la condición necesaria para que el hombre alcance su destino final de vivir “con él en el amor” (3,9). En efecto, “las almas o las personas” justas están en las manos de Dios” (3,1) y “su esperanza está rebosante de inmortalidad” (3,4). Así pues, solamente el justo puede recibir de Dios el don de una inmortalidad bienaventurada. “Los impíos juzgados según sus obras, fueron arrojados al lago de fuego – este lago de fuego es la muerte segunda – Apo 20:14  El Mismísimo infierno.

EL PERSONAJE

Jorge Loring, sacerdote jesuita, falleció el dia de Navidad de 2013, A las 3 de la tarde, Hora de la Divina Misericordia, con 92 años de edad, y 59 años de sacerdocio, mientras rezaba el Santo Rosario, con las palabras “Ave María Purísima”, entregó su alma a su Hacedor y Salvador. En su libro, Para Salvarte, el Padre Loring nos dice: “Vive siempre como quien ha de morir (…) Por eso tiene tanta importancia el morir en gracia de Dios. Y como es la vida, así será la muerte: vida mala, muerte mala; vida buena, muerte buena. Aunque a veces se dan conversiones a última hora, éstas son pocas; y no siempre ofrecen garantías. Lo normal es que cada cual muera conforme ha vivido”.

 

 

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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