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El 23 de abril de 1955 fue declarado por la UNESCO, una entidad laica, Día Internacional del Libro.

No todos los libros son buenos, existen libros de ocultismo, brujería, de magia negra y otros tremas de nueva era que matan el alma, libros  heréticos, anticlericales, lascivos y, por lo tanto, dañinos para cristianos, si bien leer es fundamental, también puede ser peligroso, porque algunos libros inspiran el culto a la muerte eterna, la obcecación con el pecado, el error intrínsecamente malo. Aunque no son solamente libros, hoy tendríamos que añadir películas y hasta música perniciosa cuyo contenido es definitivamente perverso. 

Como ejemplo existen textos antiguos en sumerio con hechizos de resucitación, que llevan a la adoración de los muertos. También maldiciones egipcias en libros llenos de encantamientos, que liberan demonios y producen obsesiones o infestaciones que perturban el alma con fijaciones como matar. Incluso existen versiones satánicas que usan el santo nombre de la Biblia…

Con la promesa de ganar inmensos poderes mágicos, -en contra de la libertad del prójimo- muchos han vendido su alma al diablo y encarcelado sus ilusiones.

El almanaque de Volver al futuro II, es un ejemplo de lo que, conocer ciertas “cosas”, puede producir, este libro daba 50 años de resultados de fútbol, béisbol, boxeo, carreras de caballo etc quien lo poseía se convirtió en un tirano terrible para el mundo.

Libros diabólicos que provocan la muerte
Libro encuadernado con piel humana

En 1559 el papa Paulo IV promulgó oficialmente, a petición del Concilio de Trento, un listado de libros intrínsecamente malos para el alma, conocido como índice.

400 años después en 1966 se levanta el Index Librorum Prohibitorum. Al mismo tiempo se declara que ya no tiene la fuerza del Derecho Canónico para forzar con penas, como la excomunión, la prohibición. Cuando mas se necesita es abolido.

“La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, después de tratar la cuestión con el Santo Padre, declara que el índice conserva su vigor moral, en cuanto que orienta la conciencia de los fieles, para que, por exigencias del mismo derecho natural, tengan precaución ante los escritos que puedan poner en peligro la fe y las buenas costumbres; sin embargo, deja de tener la fuerza de ley eclesiástica”.

https://es.wikipedia.org/wiki/Index_librorum_prohibitorum

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Primera edición Española de un Indice data de 1551, trece años antes de la promulgación por el papa del Index Librorum Prohibitorum

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El indice de La Inquisición representó un obstáculo importante para el ejercicio del libre examen propuesto por los protestantes ya que mucho más que la ciencia y la literatura, el humanismo hereje, fue el blanco de las sospechas de los inquisidores, toda vez que es un ataque directo contra los sacramentos,  “el espíritu crítico conduce a la herejía” porque los pecados sin confesión son la muerte del alma, por ello fue una gran herramienta “para  prevenir a los fieles en contra de lecturas peligrosas”

“Los libros científicos a los que los españoles tenían acceso no fueron incluidos en el Índice”, “los que realmente querían obtener los libros que habían sido prohibidos pero que revestían un interés especial –por ser de ocultismo,  astrología o medicina- tenían que hacer frente a pocos obstáculos: traían los libros en persona, o bien a través de canales comerciales, o pedían a amigos en el extranjero que se los enviaran, los libreros alegaban ignorancia cuando se encontraban en sus locales libros prohibido.

Muchas veces el índice explicaba la herejía o el error que algún libro contenía, de modo que la gente lo corrigiera o en una futura edición se subsanara el error y así era expirado del índice, “podían circular si los pasajes relevantes citados en el Índice [expurgatorio] eran eliminados”.

Entre los libros se encontraban:

https://forocatolico.wordpress.com/2015/12/31/cuales-libros-prohibe-el-index-librorum-prohibitorum-y-con-que-castigos/

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El Index sanciona todas las publicaciones de libros, artículos, revelaciones privadas, imágenes religiosas blasfemas, y otros temas religiosos. Todo lo anterior está contenido en el Código de Derecho Canónico – CIC 1917 – específicamente en los cánones del 1384 al 1400

«La Iglesia tiene derecho a exigir que los fieles no publiquen libros que ella no haya previamente examinado y a prohibir con justa causa los que hayan sido publicados por cualquier persona.

Lo que bajo este título se prescribe respecto de los libros se aplicará a las publicaciones diarias y periódicas y a cualesquiera otros escritos que se editen, si no consta lo contrario» (cn.1384). Vamos a examinar por separado ambas leyes eclesiásticas:

A) La previa censura

432. 1. Noción. La previa censura consiste en el examen de los escritos que han de publicarse y en su aprobación o reprobación.

No puede ser más razonable que la Iglesia recabe para sí este derecho, que ejercitan también con frecuencia los Estados civiles con fines políticos. La salvaguarda de la fe y de la moral cristiana es asunto gravísimo que justifica plenamente esta sabia medida de la Iglesia.

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433. 2. Extensión y sujeto de la leyLa previa censura afecta a toda obra relacionada de algún modo con la fe y las costumbres, ya tenga por autor a un eclesiástico o a un seglar. El Código de Derecho Canónico establece concretamente lo siguiente:

Canon 1385. «§ 1. Sin la previa censura eclesiástica no se publicarán, ni aun por los seglares:

1º. Los libros de las Sagradas Escrituras o sus anotaciones y comentarios.

2.° Los libros que se refieren a las divinas Escrituras, a la sagrada teología, a la historia eclesiástica, al derecho canónico, a la teodicea, a la ética o a otras disciplinas religiosas o morales por el estilo; los libros y folletos de oraciones, de devoción o de doctrina y formación religiosa, de moral, de ascética, de mística y otros a ese tenor, aunque parezcan conducentes al fomento de la piedad; y, en general, cualquier escrito donde se trate algún tema que tenga relación peculiar con la religión o con la honestidad de costumbres.

3º. Las imágenes sagradas que de cualquier modo se hayan de imprimir, ya se publiquen acompañadas de alguna oración, ya sin ella.

§ 2. La licencia para publicar los libros o imágenes a que se refiere el § 1, puede otorgarla, bien el ordinario local propio del autor, bien el del lugar donde se publican los libros o las imágenes, bien el del lugar donde se imprimen; pero de tal suerte que, si alguno de esos ordinarios negare la licencia, no puede el autor pedirla a otro sin comunicarle la negativa del anterior.

§ 3. Los religiosos están, además, obligados a obtener de antemano la licencia de su superior mayor».

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Canon 1386. «§ 1. Se prohíbe a los clérigos seculares sin el beneplácito de sus ordinarios, y a los religiosos sin la licencia de su superior mayor y del ordinario local, publicar libros, aun los que traten de materias profanas, y escribir en diarios, en hojas o en revistas, o encargarse de su dirección.

§ 2. Pero en los diarios, hojas o revistas que suelen impugnar la religión católica o las buenas costumbres, ni siquiera los seglares católicos escribirán nada, a menos que lo aconseje una causa justa y razonable, aprobada por el ordinario del lugar».

Resultado de imagen para Viridiana (Dir. Luis Buñuel, 1967)

Algunas películas como Viridiana de Luis Buñuel, de 1967, entrarían perfectamente en el Indice si aun estuviera vigente, de hecho el vaticano la declaró como Blasfema.

Canon 1392. «§ 1. La aprobación del texto original de una obra no vale para sus traducciones a otra lengua ni para nuevas ediciones; por lo cual, tanto las traducciones como las nuevas ediciones de una obra aprobada deben ir corroboradas con nueva aprobación.

§ 2. Las tiradas aparte de los artículos de revistas no se consideran nuevas ediciones, ni por lo mismo necesitan nueva aprobación».

434• Autor de la licencia. Es distinto según los casos.

Y así se requiere licencia:

a) DE LA SANTA SEDE, para publicar la colección auténtica de preces y obras indulgenciadas por la Sede Apostólica (cn.1388 § 2).

b) DE LA SAGRADA CONGREGACIÓN DE RITOS, para publicar lo que pertenezca a las causas de beatificación o canonización de los siervos de Dios (cn.1387). Y de los prefectos respectivos, para reeditar los decretos de las Congregaciones romanas (cn.1389).

c) DEL ORDINARIO LOCAL, para publicar libros, sumarios, etc., donde se contengan concesiones de indulgencias (cn.1388 § 1), y, en general, todos los demás libros o folletos señalados en el canon 1385, que hemos copiado en el número anterior.

435. 4 Concesión y publicación de la licencia. El ordinario competente concederá la licencia para la publicación, previo el informe favorable de los censores deputados para ello (cn.1393)Y dicha licencia deberá imprimirse al principio o fin del libro, de la hoja o de la imagen, consignando el nombre de quien la concede y el lugar y fecha de la concesión (cn.1394)•

Nótese, sin embargo, que, si un libro que debiera llevar censura eclesiástica aparece sin ella, no por eso ha de considerarse como libro prohibido, a no ser que por otro concepto lo prohiba el derecho mismo o algún decreto particular. La edición sin censura es ilícita, pero la lectura del libro puede ser lícita si nada contiene contra la fe y la moral.

B) La prohibición de libros

La Iglesia tiene el sacratísimo deber de velar por la pureza de la fe y las buenas costumbres. Ello lleva consigo el derecho y el deber de prohibir la publicación o lectura de libros que atenten contra ellas.

436. 1. Autor. El derecho y el deber de prohibir libros por justa causa corresponde al Romano Pontífice, para la Iglesia universal; a los ordinarios locales o superiores generales de Órdenes clericales exentas, para sus respectivos súbditos; y, en casos urgentes, a los superiores mayores con su Consejo (cn 1395). Es obligación de todos los fieles denunciar a los obispos o al Papa los libros que estimen perniciosos (cn.1397).

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437. 2 Objeto. El canon 1399 declara que están prohibidos por el derecho mismo:

1º. Las ediciones en lengua original o versiones de la Sagrada Escritura hechas por acatólicos. Se permiten tan sólo a los que se dedican a estudios teológicos o bíblicos (no lingüísticos: S. C. del Indice, a.1898), con tal que estén editados fiel e íntegramente y no se impugnen en introducciones o notas los dogmas católicos (en.1400).

2.° Los libros que defienden la herejía o el cisma o atacan los fundamentos de la religión (v.gr., con burlas, caricaturas, etc.).

3º. Los libros, diarios, hojas, etc., que atacan de propósito la religión o las buenas costumbres.

4º. Los libros de cualquier acatólico que tratan ex profeso de religión, a no ser que conste por testimonio fidedigno que no contienen nada contrario a la fe católica.

5º. Las ediciones de la Biblia publicadas sin previa censura, con sus anotaciones y comentarios. Los libros y folletos que refieren nuevas apariciones, revelaciones, visiones, profecías, milagros, o que introducen nuevas devociones (aun bajo el pretexto de que son privadas), si se han publicado sin observar las prescripciones de los cánones.

6.° Los libros que impugnan o se mofan de algún dogma católico, los que defienden errores condenados por la Sede Apostólica, los que desprestigian el culto divino, los que intentan destruir la disciplina eclesiástica y los que de intento injurian a la jerarquía eclesiástica o al estado clerical o religioso.

7º. Los libros que enseñan o recomiendan cualquier género de superstición, sortilegios, adivinación, magia, evocación de espíritus y otras cosas por el estilo.

8.° Los libros que declaran lícitos el duelo, o el suicidio, o el divorcio, y los que, tratando de las sectas masónicas o de otras sociedades análogas, pretenden probar que, lejos de ser perniciosas, resultan útiles para la Iglesia y la sociedad civil.

9º. Los libros que tratan, relatan o enseñan ex profeso materias lascivas u obscenas.

10. Las ediciones de los libros litúrgicos aprobados por la Sede Apostólica en los que se haya cambiado alguna cosa, de tal suerte que no concuerden con las ediciones auténticas aprobadas por la Santa Sede.

11. Los libros donde se divulguen indulgencias apócrifas o prohibidas o revocadas por la Santa Sede.

12. Las imágenes de cualquier modo impresas de Nuestro Señor Jesucristo, de la Virgen, ángeles, santos y siervos de Dios opuestas al sentido y a los decretos de la Iglesia.

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438. 3. Sujeto. La prohibición de libros:

  1. No obliga, con las cautelas necesarias, a los cardenales, obispos y demás ordinarios (cn.1401).
  1. Obliga a los otros fieles. A todos, en todo lugar y en cualquier idioma, si la prohibición es pontificia; sólo a los súbditos y en el propio territorio, si es otro el que los prohibe (cn.1395-1396).

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439. 4. Alcance de la prohibición. He aquí lo que establece el Código de Derecho Canónico:

«La prohibición de los libros implica que, sin la debida licencia, no se les puede editar, ni leer, ni conservar, ni vender, ni traducir a otra lengua, ni en forma alguna comunicar a otros.

Un libro de cualquier manera prohibido no se le puede volver a publicar, a menos que, hechas las correcciones, otorgue la licencia el que lo había prohibido o su superior o sucesor» (cn.1398).

4405. Gravedad. La prohibición obliga, de suyo, gravemente. Admite, sin embargo, parvedad de materia. Y así :

  1. Es pecado grave retener en su poder más de un mes un libro prohibido por la Iglesia, o leer en él lo que ha motivado su prohibición (aunque sea muy breve) o unas cuantas páginas de lo demás.
  2. Sería leve la lectura de unas cuantas líneas, los títulos de los capítulos, etc.

441. 6. Penas eclesiásticas. La Iglesia castiga con la pena de excomunión a los que editan, defienden, leen o retienen libros prohibidos. He aquí las palabras mismas del Código:

«Incurren ipso facto en excomunión reservada de un modo especial a la Sede Apostólica, una vez que la obra es del dominio público, los editores de libros de apóstatas, herejes o cismáticos, en los que se defiende la apostasía, la herejía o el cisma, y asimismo los que defienden dichos libros u otros prohibidos nominalmente por letras apostólicas o los que a sabiendas y sin la licencia necesaria los leen o los retienen en su poder.

Los autores y los editores que, sin la debida licencia, hacen imprimir libros de las Sagradas Escrituras o sus anotaciones o comentarios, incurren ipso facto en excomunión no reservada» (cn.2318).

442. 7. Licencia eclesiástica. La licencia necesaria para leer o retener libros prohibidos pueden concederla:

  • El Romano Pontífice, por sí o por los Congregaciones romanas, a todos los fieles del mundo y para toda clase de libros (excepto los prohibidos por derecho natural, como los obscenos).
  • Los ordinarios (del lugar o de religiosos), a sus súbditos respectivos, únicamente para cada libro en particular y sólo en casos urgentes (cn.1402).

La licencia legítima excusa de pecado al que la usa. Pero tiene que someterse, sin embargo, a ciertas condiciones. He aquí las que señala taxativamente el Código :

«Los que hayan obtenido facultad apostólica para leer y retener libros prohibidos, no por eso pueden leer y conservar los libros prohibidos por sus ordinarios si en el indulto apostólico no se les autoriza expresamente para leer y conservar libros por cualquiera que estén condenados.

Además, tienen obligación grave de guardar con tal solicitud dichos libros, que no caigan en manos de otros» (cn.14o3).

«Los libreros no venderán, prestarán ni conservarán en su poder libros que traten ex profeso de materias obscenas; no tendrán a la venta los demás libros prohibidos, si no han conseguido la debida licencia de la Sede Apostólica; y no los venderán a nadie si no tienen motivos fundados para suponer que el comprador los pide legítimamente» (cn.14o4).

«Por el hecho de haber obtenido licencia, cualquiera que sea el que la otorgó, en manera alguna queda nadie exento de la prohibición del derecho natural que veda leer aquellos libros que le ocasionan peligro espiritual próximo» (cn.14o5).

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La Santa Iglesia tiene derecho de exigir que los fieles no publiquen libros que ella no hay previamente examinado, y a prohibir con justa causa todo lo que haya sido publicado sin su autorización por cualquier persona.

Todos los escritos antes de su publicación deben ser aprobados por el obispo de la diócesis dentro de la cual se publica la obra. Este obispo tendrá nombrado un censor de oficio, clérigo dedicado a examinar el contenido de lo que se piensa publicar, para determinar si no contiene errores contra la fe y costumbres. Una vez aprobada la obra se incluirá en las primeras páginas el Nihil Obstat con la firma del censor y aprobación del obispo. También se expresa con la frase Con las debidas licencias o Imprimatur – puede imprimirse- Si la obra presentada para ser examinada contiene algún error.

Respecto a la Congregación del Índice, sin embargo, Pío X, al reorganizar la Curia Romana con la Constitución “Sapienti consilio” (29 Junio, 1908), decretó lo siguiente:

“En adelante será tarea de la Sagrada Congregación no sólo examinar cuidadosamente los libros que se denuncian ante ella, prohibirlo si es necesario, y conceder permiso para leer libros prohibidos, sino también supervisar ex officio libros que se están publicando, y dictar sentencia sobre los que merezcan ser prohibidos. Otra tarea es recordar a los obispos de su sagrado deber de combatir las publicaciones de escritos perniciosos y dar información sobre ellos a la Sede Apostólica, de acuerdo con la Constitución Officiorum ad munerum de 25 de enero de 1897 (Acta S. Sedis, XLI, 432).

En la reorganización de las Congregaciones Romanas, Pío X no cambió la constitución o métodos de la Congregación del Índice, sino que confirmó de nuevo la Bula de León XIII “Officiorum”, junto con la de Benedicto XIV “Sollicitae provida”, sancionada allí.

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Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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