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Viacrucis

Meditación sobre el Santo Sacrificio de la Misa

La Vía Dolorosa es una calle de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Dicha calle desde la puerta de los Leones asciende hasta el Gólgota y fue el camino que recorrió Cristo, cargando con la Cruz, camino de su crucifixión. Allí se encuentran marcadas nueve de las 15 estaciones del Viacrucis. Las restantes estaciones se encuentran dentro de la Iglesia del Santo Sepulcro.

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Pilato mandó entonces azotar a Jesús. Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo, y acercándose, le decían: «¡Salud, rey de los judíos!», y lo abofeteaban.
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La Primera Estación es cercana al Monasterio de la Flagelación, donde Cristo fue interrogado por Poncio Pilato y posteriormente condenado.

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I. ESTACIÓN.
Jesús condenado a muerte.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

Lo ves, alma cristiana? Está el inicuo juez sentado en el tribunal, y a sus pies el Hijo de Dios, Juez de vivos y muertos, lleno de confusión, las manos atadas como un facineroso, oyendo la más injusta e ignominiosa sentencia. ¡Oh Jesús mío querido! ¡Tú, Autor de la vida, condenado a muerte! ¡Tú, la inocencia y santidad misma, condenado a morir en un infame patíbulo, como el más insigne malhechor! Qué amor tan grande el vuestro y que ingratitud tan monstruosa la mía, pues te condeno de nuevo a la muerte cada día. Y ¿por qué? ¡Por seguir un sucio deleite, por un mezquino interés, por un qué dirán!
Perdóname, dulcísimo Jesús mío, y por esa inicua sentencia, no permitas que sea yo un día condenado a la muerte eterna, que merecían mis pecados. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

La Segunda Estación se encuentra cerca de la antigua construcción romana conocida como el Arco del Ecce Homo, en memoria de las palabras pronunciadas por Poncio Pilato, mientras mostraba a Jesucristo al pueblo jerosolimitano, puede verse la Fortaleza Antonia e importantes vestigios del pavimento de la calzada romana, el llamado litoestrato. En algunas de las piedras existen signos de un antiguo juego de dados, lo que da soporte a la hipótesis de que se trata del lugar donde los soldados romanos se jugaron las ropas de Jesús.

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II. ESTACIÓN.
Jesús cargado con la Cruz.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

¡Y quieres, inocente Jesús mío, llevar Tú mismo, cuál otro Isaac, el instrumento del suplicio! ¡Estás exhausto de fuerzas! ¡Tus espaldas y hombros están doloridos y rasgados por los azotes! ¡La cruz es larga y pesada! Y cuánto no acrecientan todavía su peso mis iniquidades y las de todo el mundo… Sin embargo, la aceptas, y besándola la abrazas y la llevas con inefable ternura por mi amor.
Y tú, pecador, ¿aborrecerás la ligera cruz que Dios te envía? ¿Querrás tú ir al cielo por los deleites y regalos, yendo el inocentísimo Jesús por el dolorosísimo camino de la cruz?
Reconozco mi engaño, Salvador mío; envíame penas y tribulaciones, que resuelto estoy a sufrirlas con resignación y alegría, por amor de un Dios que tanto padeció por mí. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

La Tercera Estación Penitencial rememora la primera caída de Cristo en su camino a la crucifixión. El lugar viene señalado por una pequeña capilla que pertenece a la Iglesia católica armenia.

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III. ESTACIÓN.
Primera caída del Señor.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

No extraño dulce Jesús mío, que sucumbas rendido al enorme peso de la cruz. Lo que me pasma y hace llorar a los ángeles de paz, es la bárbara fiereza con que te tratan esos sayones inhumanos. Si cae un vil jumento se le tiene compasión, lo ayudan a levantarse. Pero cae el Rey de cielos y tierra, el que sostiene la admirable fábrica del universo, y lejos de moverse a compasión, le insultan con horribles blasfemias, le maltratan y acosan con diabólico furor…
¿Y qué hacías, en qué pensabas entonces, entonces dulce jesus mío ? En ti pensaba, pecador, por ti sufría con infinita paciencia y alegría; tú habías merecido los oprobios y tormentos más horribles, y Yo para librarte de ellos he querido pasar por este espantoso suplicio. ¿No estás todavía satisfecho? ¿Quieres aún maltratarme con nuevas ofensas? Aquí me tienes, descarga tú también fieros golpes sobre Mí. No Jesús mío, no; antes morir que volver a ofenderte. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

El encuentro entre Jesús y su madre se conmemora mediante un pequeño oratorio con una exquisita luneta sobre la entrada, adornada con un bajorrelieve cincelado por el artista polaco Zieliensky.

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IV ESTACIÓN. Jesús encuentra a su Santísima Madre.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

Qué sentiste, oh angustiada Señora, al ver aquel trágico espectáculo¡¡ El pregonero publicando con lúgubre trompeta la sentencia fatal. Una multitud inmensa que se agrupa, profiriendo injurias y blasfemias contra Jesús. Los soldados y sayones en dos filas, y Jesús en medio de dos malhechores. ¿Lo conoces, oh Madre amantísima? ¿Es este tu Hijo bendito? ¿Es ese el más hermoso de los hijos de los hombres, la beldad de los cielos y la alegría de los ángeles? ¿Aquel Hijo de Dios que con tanto regocijo diste a luz en Belén? ¿Dónde están ahora los reyes y pastores que entonces lo adoraban? ¿Qué se han hecho los ángeles del cielo que entonaban entonces himnos de alabanza? ¡Qué cambiado está! Sus ojos inundados de lágrimas y sangre, coronada de espinas su cabeza; todo El hecho una llaga. ¡Oh María, afligida entre todas las mujeres! oh madre, la mas desolada de todas las Madres¡ Oh hijo maltratado sobre todos los hijos de Adán ¡Oh Jesús! ¡Oh María! Perdonad a este ingrato, a este pecador, causa de tanta amargura. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Una inscripción en el arquitrabe de una puerta indica el lugar del encuentro entre Jesús y Simón el Cirineo, que fue quien llevó la pesada cruz de Cristo hasta el monte Gólgota (Calvario), el lugar de la crucifixión.

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Mano de Jesús que quedo grabada en la piedra.

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V. ESTACIÓN.
El Cirineo ayuda a Jesús.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

Temiendo los judíos no se les muriese Jesús, antes de llegar al Calvario, no por aliviarle, sino por el deseo que tienen de crucificarle, buscan quien le ayude a llevar la cruz, y no le encuentran. Había entonces en Jerusalén tantos millares de hombres, y sólo Simón de Cirene acepta este favor, y aun por fuerza.
¿Y así te desamparan, Jesús mío? ¿No fueron cinco mil los hombres que alimentaste con cinco panes y dos peces en el desierto?  No son innumerables los ciegos, paralíticos y enfermos que sanaste? ¡Y nadie quiere llevarte la cruz! Y ella no obstante nos predica la latitud de tu misericordia, la longitud de Tu justicia, la sublimidad de tu poder y lo profundo de tu sabiduría infinita¡ ¡oh misterio incomprensible¡ Muchos admiran tus prodigios y doctrinas; más pocos gustan de padecer contigo. Teman, pues, los enemigos de la cruz, oyendo a Cristo que dice: El que No lleva mi Cruz y viene en pos de Mi, no puede ser mi discípulo.  Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Una iglesia perteneciente a Griegos Católicos conserva la memoria del encuentro entre Jesús y la mujer Verónica, cuya tumba también puede ser visitada en la misma.

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VI. ESTACIÓN.
La Verónica enjuga el rostro del Señor.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

¡Qué valor el de esta piadosa mujer! Ve aquel rostro divino a quien desean contemplar los ángeles, cubierto de polvo, afeado con saliva, denegrido con sangre; y movida a compasión, se quita la toca, atropella por todo y acercándose al Salvador, le enjuga su rostro desfigurado.
¡Cómo confunde esta mujer fuerte la cobardía de tantos cristianos, que por vano temor del qué dirán, no se atreven a obrar bien! Dichosa Verónica, y ¡cómo premia el Señor tu denuedo, dejando su rostro santísimo estampado en esa afortunada toca!
¿Quieres tú, cristiano, que Dios imprima en tu alma una perfecta imagen de sus virtudes? Pisotea generoso el respeto humano, como la Verónica; haz con fervor, haz a menudo, el Via Crucis; y no dudes que Jesús grabará en tu alma, fiel traslado de sus virtudes. Y viéndote el eterno padre semejante al divino Modelo de predestinados, te admitirá en el cielo. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

El lugar de la segunda caída de Jesús y Séptima Estación está señalado con un pilar situado entre la Vía Dolorosa y la pintoresca calle del Mercado.

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VII. ESTACIÓN.
Jesús cae por segunda vez.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

Cae el Señor por segunda vez bajo la cruz; nuevas injurias y golpes, nueva crueldad de parte de los judíos; nuevos dolores y tormentos, nuevos rasgos de amor de parte de Jesús. Parece que el infierno desahoga contra El todo su furor. Más ¿qué hará el Señor? ¿Dejará la empresa comenzada? ¿Hará como nosotros, que a una ligera contradicción abandonamos el camino de la virtud? No, bien podrán decirle; Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz, deja la cruz. Por lo mismo que lo es, allí permanecerá, a ella se aferrará hasta morir.
¿Cuándo, Señor, imitaré tu heroica constancia? No será coronado, sino el que combatiendo legítimamente, perseverare hasta el fin, ¿de qué me servirá abrazar la virtud y llevar la cruz solamente algunos días? Cueste, pues, lo que costare, quiero, con tu divina gracia, amarte y servirte hasta morir. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

En el muro exterior del monasterio griego ortodoxo hay una cruz tallada ennegrecida por el tiempo. Este es el lugar donde se supone que Jesús encontró a las piadosas mujeres, como aparece en el Evangelio según San Lucas.

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VIII. ESTACIÓN.
Jesús habla a las mujeres.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

¡Qué caridad tan ardiente! Olvidando sus atroces dolores, solo se acuerda de nuestras penas el amante Jesús¡. “Hijas de Jerusalén”, dice a las piadosas mujeres que le seguían llorando, “no lloréis mi suerte; llorad más bien sobre vosotras y sobre vuestros hijos”.
¿Pero, puede haber objeto más digno de llanto que la pasión y muerte del Hijo de Dios? Sí cristiano; hay cosa más digna de lágrimas, y de lagrimas eternas; y es el pecado. Pues el pecado es la única causa de la pasión y muerte tan ignominiosa; El es el origen y el colmo de todos los males; el mas terrible, el único mal. Mal infinito de Dios y de la Criatura ¡Y no obstante, tú pecas con tanta facilidad! y te confiesas con tanta frialdad¡. ¡Y recaes tan a menudo en el pecado! ¡Y pasas tranquilo dias, meses, años y hasta la vida entera en el pecado¡ Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

La tercera caída de Jesús es señalada con una columna de la época romana a la entrada del monasterio Copto.

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IX. ESTACIÓN.
El Señor cae por tercera vez.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

¿Qué es esto, Jesús mío? ¡Tú, “resplandor de la gloria del Padre”, consuelo de los mártires, hermosura y alegría del cielo. Tú, caído en tierra, primera, segunda y tercera vez! ¿No eres Tú la fortaleza de Dios?…

Y que, hijo mio, no has pecado tu mas de 2 o 3 veces? No recaes cada día innumerables veces en el pecado? Por que esa perpetua inconstancia en mi servicio?
“Hoy haces generosos propósitos, y mañana están ya olvidados; ahora me entregas el corazón, y un instante después ya no suspiras sino por pasatiempos y liviandades. Yo caigo segunda y tercera vez para expiar tus continuas recaídas, caigo para alzarte a ti de la tibieza; caigo para que, temerario, no te expongas de nuevo al peligro de recaer en pecado; caigo, en fin, para que no caigas tú jamás en el abismo del infierno”.
Gracias, Dios mío, por tan inefable bondad; y por esta tan dolorosa caída, dame tu fuerza, te lo suplico; para que me levante por fin de mi vida de pecado, y camine firme y constante en tu santo servicio. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Las siguientes Estaciones Penitenciales están situadas dentro de la Iglesia del Santo Sepulcro. y allí ocurre la muerte de Jesucristo.

chapel_of_the_angel santo sepulcroSanto sepulcro desde arriba

 

X. ESTACIÓN.

Jesús despojado de sus vestiduras

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

Cuando te curan una herida, por fina que sea la venda que la envuelve, y por cuidado que tenga la más cariñosa madre, ¡qué dolor no sientes al despegarse la tela de la carne viva! ¿Cuál sería, pues el tormento de Jesús al serle quitada la vestidura?

Como había derramado tanta sangre, estaba pegada a su cuerpo llagado; vienen los verdugos y la arrancan con tanta fiereza que llevan tras sí la corona, y hasta pedazos de carne que se le habían pegado… ¿Y en qué pensabas, purísimo Jesús, al verte desnudo delante de tanta muchedumbre? “En ti pensaba, pecador, en los pecados impuros que  sin escrupúlo cometes; por ellos ofrecía Yo al Eterno Padre esta confusión y suplicio tan atroz. Sabia cuanto te costaría deshacerte de aquel mal hábito, privarte de aquel placer, romper con aquella amistad criminal; por eso permití en mi cuerpo inocentísimo, tan horrible carnicería.
¡Oh inmensa caridad la tuya! ¡Oh negra ingratitud la mía! Nunca más, Señor, renovar esas llagas con mis pecados, Nunca más pecar. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

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XI. ESTACIÓN.
Jesús clavado en la Cruz.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

¿Quién de nosotros tendría valor para sufrir que le atravesasen los pies y manos con gruesos clavos? ¿Quién tendría ánimo para ver así atormentado a su mayor enemigo? Pues este atroz tormento padece Jesús por nuestro amor. Ya le tienden sobre el lecho del dolor; ya enclavan aquella mano omnipotente que había formado los cielos y la tierra; ya brota un raudal de sangre. Más esto es poco. Encogido el cuerpo con el frío y los tormentos, no llegaban la otra mano ni los pies al agujero hecho de antemano en la cruz; los atan, pues, con cordeles, y tiran con inhumana crueldad, desencajando de su lugar aquellos huesos santísimos. ¡Qué dolor! ¡Qué tormento!
Todo lo contempla su Madre amantísima; ningún alivio, ni una gota de agua puede dar a su Hijo; ¿y vive todavía?
¿Y no muero yo de dolor, siendo mis pecados la causa de tanto tormento?
No permitas, Jesús mío, que, sordo a tus inspiraciones divinas, deje yo mi conversión para más adelante. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

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XII. ESTACIÓN.
Muere Jesús en la Cruz.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

Contempla, cristiano, a esos dos malhechores crucificados con el Señor. ¡Qué maldades no habría hecho el buen ladrón! Sin embargo, dice a Jesús: “Acuérdate de mí cuando estuvieres en tu Reino”, al instante oye: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. ¡Qué bondad la de Dios! ¡Cuán pronto, pecador, recobrarías la gracia y amistad divina si quisieses arrepentirte de veras!
Pero si dejas tu conversación para la muerte, Ay! teme no te suceda lo que al mal ladrón. ¿Qué hombre tuvo jamás mejor ocasión para convertirse? Dios derramaba su sangre por él; tenía a sus pies a la abogada de los pecadores, María Santísima; a su lado estaba Jesucristo, el más celoso Sacerdote del mundo, para ayudarle a bien morir; oye la exhortación de su compañero, ve toda la naturaleza estremecida y, sin embargo, muere como ha vivido, continúa blasfemando, y se condena eternamente.
No permitas, Jesús mío, que, sordo a tus inspiraciones divinas, deje yo mi conversión para la muerte. Padrenuestro, Avemaría y Gloria

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XIII ESTACIÓN. – Colocan a Jesús en los brazos de su Madre.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

¿A dónde iré, afligida Madre mía? Tu Hijo ha muerto, y mis pecados son los verdugos que le clavaron en la cruz y le dieron muerte inhumana. Ay infeliz de mí! Soy yo quien ha apagado la luz de tus ojos, y acabado la alegría de tu corazón. Sí, yo desfiguré ese rostro hermosísimo, yo taladré esos pies y manos que sostienen el firmamento, yo traspasé esa augusta cabeza, y abrí esas llagas, yo descoyunté y despedacé ese inocentísimo cuerpo que tienes en tus brazos. Reo de tan horrendo deicidio ¿a dónde iré? ¿Dónde me ocultaré? Pero por monstruosa que sea mi ingratitud, tú eres mi Madre y yo soy tu hijo. Jesús acaba de traspasar en mí los derechos que tenía a tu amor. Me arrojo, pues, en tus brazos, con la más viva confianza. No me desprecies dulce refugio de pecadores arrepentidos; mírame con ojos de bondad, ampárame ahora y en el trance de la muerte. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

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XIV. ESTACIÓN.
El Señor es sepultado.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

Contempla alma cristiana, como José de Arimatea y Nicodemo, postrados a los pies de María piden el objeto de sus caricias, y ungiéndole con preciosos aromas le amortajan y ponen en un nuevo sepulcro de piedra. ¡Cuál no sería el dolor de la Virgen! Sin duda “grande era como el mar su amargura” al ver a su hijo ensangrentado, clavado y expirado en un patíbulo infame; pero al menos le veía; tal vez le abrazaba y lavaba con sus lágrimas. Más ahora, oh angustiadísima Señora, una losa te priva de este último consuelo. ¡Oh sepulcro afortunado! Ya que encierras el adorado cuerpo del Hijo y el purísimo corazón de la Madre, guarda también con esas prendas riquísimas mi pobre corazón. Sea este, Dios mío, el sepulcro donde descanses; sean los puros afectos de mi alma los lienzos que te envuelven y los aromas que te recreen. En fin, muera yo al mundo, a sus pompas, a sus vanidades, para que viviendo según el espíritu de Jesús, resucite y triunfe glorioso con El por siglos infinitos. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

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Señor mío Jesucristo, que para redimir al mundo de la esclavitud del demonio, quisiste nacer entre nosotros mortal y pasible, ser circuncidado, reprobado de los judíos y entregado por Judas con ósculo sacrílego, ser preso, y como inocente cordero que llevan al matadero, ser presentado ignominiosamente en los tribunales de Anás, Caifás, Pilato y Herodes; ser acusado por testigos falsos, azotado cruelísimamente, coronado de espinas, herido con bofetadas, golpeado con una caña, escupido y cubierto de oprobios, despojado de tus vestidos, Crucificado, levantado en una Cruz entre dos ladrones, abrevado con hiel y herido con una lanza.

Por esas, tus amargas penas que yo, aunque indigno pecador voy meditando, y por tu Pasión y muerte ¡líbrame del pecado que me separa de ti!, y dígnate llevarme a donde llevaste a aquel dichoso ladrón que fue crucificado contigo, oh Jesús mío, que con el Padre y el Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

M: Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos.
T: Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Alabada sea la pasión de nuestro Señor Jesucristo y los dolores de su Santísima Madre.

  Gloria al Padre…

 

 

Por #bottegadivina

Bottega Divina es un Canal dedicado a aplicar la tradición moral Cristiana a situaciones críticas en la política y la sociedad. Abogamos y velamos por la aplicación de los principios fundamentales de la sociedad, como el derecho natural, en los ámbitos políticos y sociales.

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